Monitor Nacional
La muerte de un revolucionario
Opinión | Manuel Saavedra
29 de noviembre de 2016 - 10:53 am
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En cuanto a la relación con los Estados Unidos, es probable que este evento no tenga mayor impacto

El pasado 25 de Noviembre, Fidel Castro falleció a sus 90 años. Este evento sin duda ha sacudido al mundo de una manera u otra. El expresidente de Cuba era visto por muchas personas alrededor del mundo como una figura de estatus casi mítico. Ya fuera que uno lo odiara o respetara, era difícil siquiera imaginar un mundo donde el ya no estuviera. Después de transformar a Cuba en el primer país comunista del continente americano (justo en frente de los Estados Unidos), de cambiar todo el entorno político de América Latina, de acercar a la humanidad a una guerra nuclear durante la crisis de los misiles de Cuba y de sobrevivir a múltiples atentados contra su vida casi parecía que viviría para siempre.

Durante mucho tiempo, parecía que la única persona que estaba realmente consciente su mortalidad era el propio Castro, quien orquestó su salida de la presidencia a la perfección. Tras sufrir una grave herida intestinal en 2006 y aprovechando su etapa de recuperación, Fidel colocó a su hermano Raúl Castro como presidente provisional y a lo largo de dos años, la población cubana se fue adaptando al cambio de gobernante hasta que dos años después (tras ganar nuevamente las elecciones presidenciales en su país) anunció que no aceptaría otro ciclo como presidente. Para los Estados Unidos, esto solo fue una maniobra para prolongar lo que ellos consideraban una dictadura totalitaria. Esta maniobra, ya fuera intencional o no, evitó una posible lucha interna por el poder como la que se vivió en Venezuela después de la muerte de Hugo Chávez.

Ahora solo queda preguntarnos lo siguiente: ¿Qué sigue en un mundo sin Fidel Castro? La respuesta a dicha incógnita no es sencilla, dada que esta puede variar dependiendo de a quien se le pregunte y/o desde qué perspectiva se aborde. Desde el punto de vista cubano, es probable que el gobierno se encuentre con descontento surgido por una baja en la moral nacional tras este suceso. A pesar de las dificultades que el país caribeño ha enfrentado desde el establecimiento del embargo por parte de los Estados Unidos, Fidel gozó, durante una buena parte de su mandato, con el apoyo de su pueblo. Este apoyo continuó incluso después de que su hermano tomara posesión ya me muchos pensaban que, si bien él ya no era presidente, seguramente se le seguiría consultando para la toma de decisiones importantes, dándole así una legitimidad no oficial al gobierno de Raúl Castro, quien tendrá que aprovechar la simpatía de la parte de Cuba que daba apoyo a su hermano antes de que ésta comience a vociferar descontento y se le sumen las voces de la oposición. Si este renuncia a su cargo en 2018, como dijo que lo haría, esta transición podría sumir a Cuba en el caos si no se maneja con cuidado.

En cuanto a la relación con los Estados Unidos, es probable que este evento no tenga mayor impacto. Aún si Fidel jamás se opuso abiertamente a la mejora de relaciones con su vecino del norte, siempre dejó en claro que no se encontraba contento con la Casa Blanca y que esta debía hacer más para reconocer los cambios positivos que habían surgido de su revolución. Lo que realmente amenaza las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos en este momento es la mayoría republicana en el senado estadounidense (la mayoría de los cuales se niegan a levantar el embargo a Cuba) y el presidente electo Donald J. Trump (quien mencionó en julio pasado que la forma en la que Obama había cambiado las relaciones con Cuba había sido un error).

Seguramente habrá quienes llorarán la pérdida de quien, por mucho tiempo, vieron como un gran líder que plantó cara a una de las naciones más poderosas del mundo apostando por un modelo político prácticamente demonizado por esta y negándose a cambiar aun cuando las circunstancias se encontraban en su contra. También habrá quienes festejarán la muerte del hombre a quien consideraban un tirano que encarceló y reprimió a todo aquel que se le opusiera, ya fuera oponentes políticos o periodistas. Al final del día lo único que no podrá provocar la muerte de Fidel Castro es indiferencia. Junto con la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos y el triunfo del Brexit, este fallecimiento sin duda será considerado uno de los eventos que marcarán el 2016 como un antes y un después en la historia de la política internacional.

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