Monitor Nacional
La prisión más transparente: Regulando el cuerpo femenino
Portada | Andrea Martinez
3 de febrero de 2016 - 9:39 am
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El sistema patriarcal que continua rigiendo a la sociedad ha hecho cuerpos dóciles de las mujeres, estableciendo normas, parámetros y estándares y convirtiendo al cuerpo de mujer en el objeto de deseo del sujeto masculino

Ciudad de México.- No hace mucho tiempo que un hombre relativamente desconocido me hizo comentarios sobre lo que debería y no debería ponerme. Lo que dijo no sólo me sorprendió sino que una parte de mí se sintió avergonzada y ofendida.  Yo no había pedido su opinión y sin embargo el sentía tener derecho a expresarla. Algo en su discurso revelaba una violencia familiar. La misma de los hombres que chiflan a las mujeres en la calle, que nos acosan y nos hacen sentir inseguras, insultadas, descubiertas. Una amiga cercana me cuenta que su novio y otros amigos le hacen observaciones similares. Ella tiene pechos grandes que elije no presumir demasiado y lo que escucha de los varones es, “¿por qué no enseñas más tu cuerpo? “  o “Tienes unos senos preciosos, deberías mostrarlos más.”  Meditando al respecto me parece que hay dos conclusiones: algo en algunos hombres parece indicarles que es apropiado que hagan ese tipo de comentarios y que tienen derecho a hacerlos. Y dos, según ellos, las mujeres aparentemente debemos tener su opinión en cuenta cuando se trata de nuestro cuerpo.

En su libro Disciplina y Castigo, Michel Foucault argumenta que la era moderna dispone de mecanismos de control y regulación de cuerpos.  Por medio de tales mecanismos se ejerce poder , creando lo que el llama “cuerpos dóciles”, disciplinados. Aunque su enfoque central es el sistema penitenciario,  su análisis aplica para distintos aspectos de la sociedad moderna. Los mecanismos llevados a cabo alguna vez por instituciones gubernamentales son internalizados, junto con el sistema y sus jerarquías. El sistema patriarcal que continua rigiendo a la sociedad ha hecho cuerpos dóciles de las mujeres, estableciendo normas, parámetros y estándares y convirtiendo al cuerpo de mujer en el objeto de deseo del sujeto masculino. Ha perpetrado su sexualidad como principal valor. Cuando el novio de mi amiga cree tener el derecho de decirle que debe vestirse más reveladoramente está reproduciendo los ejes del sistema. Según él, el que ella tenga un cuerpo con mayor potencial de ser sexualizado por la mirada masculina es algo que no debe ocultarse; puede usar su cuerpo para reafirmar su valor como objeto sexual.

El problema no es sólo el control del cuerpo de las mujeres. Al fin y al cabo, para muestra ahí está la historia: el invento de corséts, brassieres, tacones, fajas, etc, etc etc, todos para marcar, presumir, reafirmar la sexualidad del cuerpo femenino. Las mujeres somos capaces de sufrir y soportar las incomodidades que todos estos artefactos nos imponen con tal de lucir “atractivas”.  Esto requiere también energía mental. Las mujeres son la mayoría de las víctimas de los trastornos alimenticios. Y desgaste económico. El 91% de cirugías plásticas en los Estados Unidos son en mujeres. Los ganadores: aumento del tamaño de los senos, liposucción , cirugía de nariz y de párpado. Los primeros tres están directamente relacionados con el intento de mantener o alcanzar ciertos estándares de belleza. El último mayormente incluye a la población femenina asiática cuya forma de los ojos no refleja los estándares del mundo occidental.

La disciplina del cuerpo de las mujeres es un éxito. Nos esforzamos constantemente para mantenernos jóvenes, delgadas, y sexys. Invertimos nuestra energía, tiempo, y dinero en alcanzar un estándar impuesto por un sistema al que le interesa nuestra docilidad y limitación. Nuestro cuerpo debe representar sexualidad o maternidad. Su biología y sus procesos particulares aún son motivo de vergüenza o confusión. A muchas mujeres aún les causa pena sacar un tampón o una toalla en lugares públicos. En un tragicómico video de BuzzFeed se le pregunta a un grupo de voluntarios americanos sobre la anatomía femenina. Sólo uno de los participantes logra identificar el clítoris. En el programa Celebrity Big Brother, los compañeros agreden a una de sus compañeras porque su ropa interior tiene trazos de secreción vaginal (igual de grave es que al bullying se le considere entretenimiento). La lista continúa. Mientras tanto, las mujeres son presa de un discurso que dice que sus cuerpos pueden ser mejorados y alterados para servir a los estereotipos sociales y a las necesidades de los hombres. Si el valor de la mujer se mide en gran medida por su valor sexual, sólo aquellas que se conforman a los estándares tienen lugar en el discurso. Lesbianas, butch, machorras, andróginas, etc., se mantienen en los márgenes, fuera de la vista y sin representación en el sistema.  En el mejor de los casos funcionan como falos simbólicos. Ya que su sexualización no es posible, adquieren el estatus de “un wey más”. Es decir, las opciones son dos: o le veo los senos y las piernas o escucho lo que dice aunque de sexy no tiene nada.

Los canales de respuesta son complejos. Nuestro cuerpo ha sido relegado a objeto de deseo y las normas que lo regulan también sistematizan nuestro comportamiento. Para que las mujeres retomen su subjetividad dentro de esta sociedad debemos en principio creer que la tenemos. Como objeto de la mirada masculina, sometida a ciertos cánones de comportamiento, las mujeres creemos que tenemos menos poder de lo que en realidad tenemos. Creemos que nuestra relación amorosa depende de las decisiones del chico, esperamos que nos llame para entonces ofrecer una respuesta. En vez de actuar, muchas veces sólo respondemos, reaccionamos a una acción primaria. El punto de la subjetividad es el dejar de esperar que el otro nos reafirme y nos defina. Necesitamos educar generaciones de mujeres que vean su libertad y su potencial más allá de su valor sexual para así generar cuerpos empoderados y mentes rebeldes.

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