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La ruta del Pacífico: Guadalajara y los migrantes

En agosto de 2013 el gobernador del estado de Jalisco, Aristóteles Sandoval Díaz, hizo un llamado a la ciudadanía mexicana para invitarlos a realizar denuncias sobre los migrantes centroamericanos que vieran en las calles, para ser deportados de regreso a sus países de origen. “Estamos revisando que personal o gente, hondureños o gente sobre todo de Centroamérica, que está en las esquinas. Necesitamos que se denuncie para inmediatamente, con todas las condiciones y con todos sus derechos, regresarlos a su país. Esto en atención a que en algunas zonas hemos detectado, por ejemplo, quienes asaltan a casas, que son de otra nacionalidad, sobre todo algunos centroamericanos o sudamericanos”. Este llamado invitando a denunciar a los migrantes contrastaba con una de sus propuestas durante la campaña electoral, donde se comprometió a ayudar a los migrantes jaliscienses en Estados Unidos.

Sus palabras dejaron mucho que pensar, y luego de varias críticas de la sociedad tapatía, Sandoval Díaz se vio obligado a disculparse. Al día siguiente de la invitación a realizar las denuncias, el gobernador escribió una respuesta por medio de su cuenta de Twitter: “Lamento que mis palabras no hayan sido acertadas. En Jalisco no existe política ni intención alguna de perjudicar a los migrantes”. Aunque se haya despertado una reacción de indignación entre los ciudadanos por las palabras tan fuertes del político, estas reflejan una realidad social muy presente en ciertos sectores de la sociedad jalisciense, en donde se rechaza a cualquier individuo parte del flujo migratorio que proviene de la frontera sur. Estereotipos para los migrantes extranjeros, falacias que terminan en discriminación y se presentan en diferentes formas, sobretodo en ciudades claves para el movimiento migratorio, como lo es el caso de Guadalajara. Aquí sufren de cuatro tratos principales que cambian el comportamiento de la sociedad hacia ellos. El primero es la criminalización, que hace que se les acuse de ser criminales, ladrones o personas violentas, cuando en realidad los migrantes serán las últimas personas que quieran causar problemas, pues solo arriesgaría su posición y si los llegaran a detener sería una deportación casi inmediata. El segundo es la victimización, se les ve con lástima por la condición en la que están, convirtiéndose en “los pobrecitos”. Otro es la discriminación que sufren por su estado de migrantes, por no ser ciudadanos se les dice que no tienen derechos y sufren diversas violaciones por esto mismo. Y finalmente, el no reconocimiento, que puede parecer ridículo, pero es una realidad que golpea fuertemente a los migrantes. Se vuelven invisibles a ojos de los ciudadanos, aquellos que no los discriminan simplemente deciden ignorarlos, hacer como que no existen y el problema parece desaparecer para ellos. Pero viviendo en una ciudad con tanto movimiento migratorio, es imposible que este fenómeno sea ignorado por siempre.

La capital del estado de Jalisco se ha convertido en los últimos años en una ciudad transitada continuamente por migrantes al igual que los municipios a su alrededor, conocidos como la Zona Metropolitana de Guadalajara. Se debe a que la ciudad forma parte de una de las tres principales rutas migratorias de México, iniciando al cruzar la frontera en Chiapas y que luego se divide en las tres rutas mencionadas: La del Golfo –que los lleva por los estados con la costa del Golfo de México hasta llegar al estado de Tamaulipas–, la del Centro –que cruza, como su nombre lo dice, el centro del país y tiene dos destinos principales en la frontera norte: Ciudad Juárez y Nuevo Laredo– y finalmente la del Pacífico –conocida como la más larga, que cruza los estados pegados al océano Pacífico y llega hasta Sonora y Baja California–. Esta última ruta, a pesar de ser la de mayor extensión, ha tenido un aumento considerable desde el 2010 por la violencia a la que se enfrentan los migrantes en los otros dos caminos.

La organización sin fines de lucro FM4 Paso Libre, un refugio para los migrantes ubicado en Guadalajara y una valiosa fuente de información para entender el fenómeno migratorio por sus profundas investigaciones, dio a conocer, en uno de sus reportes, datos sobre el aumento de personas que ha atendido en su comedor. De 2010 a 2011 pasó de atender a 804 migrantes a atender 3,126. Más tarde, de 2011 a 2012 el flujo subió a 4,609 personas y de 2012 a diciembre del 2013 el número se mantuvo con 4,164 migrantes atendidos. Aunque no se le puede llamar a la ruta del Pacífico como la “más segura”, por los casos de abusos y robos que sufren los migrantes al transitar por esta, si se le compara con las otras dos que son controladas por el crimen organizado puede llegar a conocerse como la menos insegura. Un 54% de las personas que llegaron a FM4 en el 2014 contaban que eligieron ese camino por motivos de seguridad, sabiendo que a pesar de enfrentar diversos peligros, corrían una mejor suerte atravesando el país por esa ruta que por las otras.

Diego Ramos, activista de FM4, habló en una entrevista con Animal Político sobre los riesgos a los que se enfrentan los migrantes en esta zona. “En esta ruta del Pacífico el principal factor de agresión es el robo, con un 62% de los casos. Un 16.8% reportó lesiones por agresión física, un 6.6% denunció extorsión, un 4.9% secuestro, y un 1.1% violación sexual”. Los principales agresores no son bandas criminales o cárteles de droga como en las rutas del Centro y del Golfo, sino figuras oficiales y delincuentes locales que se aprovechan de ellos a través de robos y extorsión. Esta violencia, sumada a los malos tratos de la población civil, solo complican más el viaje para los migrantes.

No obstante, no todo es malo para ellos, pues en la capital tapatía los migrantes encuentran refugio temporal o vivienda para aquellos que deciden permanecer en México. Pero es minoría aquellos que desean quedarse, para los que continúan el viaje Guadalajara les resulta una gran oportunidad para obtener el dinero que necesitan para cruzar la frontera, sea por medio de empleos que logran conseguir o incluso por charolear, pidiendo dinero en las esquinas y calles muy transitadas. Sin embargo, por la misma discriminación que sufren por los ciudadanos, es muy complicado que consigan un empleo, lo cual detiene su viaje porque no obtienen el dinero que necesitan y se quedan más tiempo, causando lo contrario que la población tapatía quiere. Creyendo erróneamente que si los emplean se van a quedar, consiguen que, al no darles trabajo y fuente de dinero, se vean obligados a permanecer más tiempo del que hubieran querido.

Es así como Guadalajara se vuelve una “trampa para los trampa”, como les llaman a los migrantes que usan el tren para moverse por México. Aunque muchos de ellos encuentran refugio y oportunidades en la ciudad, sufren de violencia y rechazo social que no les permite salir una vez que llegan. Es importante para la sociedad tapatía tomar consciencia de que cada acción que hagan hacia los migrantes, incluso el “no hacer nada” o ignorarlos, tiene repercusiones grandes y forma parte de la problemática a la que se enfrentan. El peor enemigo de un migrante en Guadalajara no es el crimen organizado, es la dureza y frialdad de la población que tiene aún mucho que aprender sobre otro fenómeno que se debe trabajar en todo el país.