La Santa Muerte : ¿Devoción, religión o satanismo?

En nuestro México maravilloso y lleno de tradiciones tenemos en primer lugar la religión católica, transmitida de familia en familia y considerada parte fundamental en la vida de muchos mexicanos.

Hace un par de años me di a la tarea de investigar con conocidos y algunos grupos en internet el llamado “culto a la muerte”; recibiendo un sin fin de opiniones y no todas muy buenas.

Algo que pude notar y que muchos vemos es que a “La Santa” como la llaman muchos, la venera una clase social en su mayoría lastimada; los cuales no encuentran consuelo en los santos comunes y algunos a quienes pareciera que con ponerlos de cabeza resuelven los males del amor.

Mucha gente cree y no es de dudarse que prostitutas, drogadictos y gente que se dedica a la ilegalidad se acerque a pedirle ayuda a tan sorprendente figura; pero lo que más me sorprende es que la gente considera malo esto. ¿A caso ser prostituta, drogadicto, alcohólico está mal? ¿Ante los ojos y la moral de quién?

La iglesia católica por años señaló a homosexuales, infieles y ladrones sin saber su vida, sin si quiera tener bases científicas o lo suficientemente buenas para acusar a alguien.

Algunos devotos de esta cadavérica e imponente figura le piden favores y le agradecen con manzanas, cigarrillos, mezcal y flores entre otras cosas. Muchos de los fieles de esta creencia anteriormente fueron católicos y sin embargo optaron por tomar un camino diferente al común; dejando en claro que antes que “La Flaca” se encuentra Dios y a él se le respeta.

Considero que todos tenemos derecho a creer en lo que deseemos, ya sea en Dios, en la Guadalupana o en “La Flaca”; si mantenemos la línea de respeto entre nuestra creencia y la de los demás podremos vivir sin temor a lo diferente o a lo desconocido.

Hoy en día cualquiera que en una reunión, comida o simple plática me hace referencia a su religión; prefiero pedirle cambiemos el tema, pues siempre será algo en lo que no todos podamos estar de acuerdo y yo prefiero abstenerme de entrar a la contienda de las creencias.