La sociedad civil como clave para el cambio

Tenemos la creencia que las movilizaciones sociales no tienen objetivo ni beneficio, que sólo son personas protestando porque no tienen nada mejor que hacer, o peor aún, que no valen la pena porque nada va a cambiar. Nos come el miedo de salir a pedir lo que queremos y lo que como sociedad necesitamos, el miedo a ser reprendidos, el miedo a las tácticas que el gobierno del país tiene para apagar a aquellos que quieran ir en contra de este.

Como si esto no fuera suficiente exigimos que se reprima a aquellos que se atreven a levantarse  y justificamos dicha represión. Lo que pasa en Oaxaca, la CNTE y el gobierno, no muestra más que la realidad de la sociedad mexicana, donde lejos del diálogo, exigimos la represión, donde lejos de buscar las mejoras del país, justificamos la violencia. Y es que independientemente de estar o no de acuerdo con el movimiento que realizan los docentes, en uno de los estados más vulnerables del país, el problema está en la manera en que podemos ignorar un evento como este. Donde a través de las redes sociales vemos más memes que información real sobre lo que pasa en Oaxaca. Y peor aún vemos comentarios que alientan las acciones represivas y violentas que el gobierno tiene en contra de su pueblo.

Se supo que la violencia física es la última instancia que el gobierno utiliza como forma de coerción, y que al hacerlo significa que este no tiene una buena administración del poder. Y es que vivir en un país que día a día escucha promesas de cambios y del camino al desarrollo social, está lejos de alcanzarlo si utiliza la violencia como su arma para atacar a su propio pueblo y reprimirlo. Si utiliza las armas al cuerpo policial que debería de proteger a la sociedad como un mecanismo para no sólo contener sino amedrentar violentamente a sus mismos ciudadanos. Y es que como lo había mencionado anteriormente, podemos o no estar de acuerdo sin embargo este tipo de eventos se han repetido previamente, tal fue el caso de Atenco donde se utilizó la misma mecánica, o en el 68 donde las tácticas se centraban en criminalizar el movimiento para justificar la violencia utilizada.

No podemos esperar avanzar como país si seguimos cerrando los ojos a lo que pasa, si dejamos que el miedo o la desesperanza nos paralice. Y es que no se tienen que hacer de una manera, pero sí desde todos los ámbitos en los que cada uno se desenvuelve y dejando de justificar la violencia, como método para alcanzar la paz.