Monitor Nacional
La teatralidad de la captura de “El Chapo”
Divisadero | Eduardo Gonzalez
13 de enero de 2016 - 7:35 pm
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Enrique Peña Nieto asegura que la acción del fin de semana pasada es un éxito de su administración

La recaptura de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera el pasado viernes en la ciudad de Los Mochis, Sinaloa contiene los elementos suficientes para ser considerada una buena pieza teatral que abarca al menos la tragedia, la comedia, el drama, y la farsa. La puesta en escena de la detención y los montajes destinados al consumo de la población tiene como fin generar un consenso sobre la importancia y el “triunfo” por el hallazgo del “capo más peligroso de México”.
En el antiguo teatro griego, la tragedia era una obra de asunto terrible y desenlace funesto; la comedia, era lo contrapuesto a la tragedia y su desenlace siempre era placentero y optimista, los enredos situacionales son característicos de este género teatral; por su parte, el drama representaba cuestiones serias y profundas; y la farsa, tenía como destino hacer reír a la concurrencia, sin que necesariamente las situaciones presentadas tuvieran que ser convincentes o cercanas a la realidad.
La recaptura de “El Chapo” va más allá de esto: consiguió amalgamar en un solo evento las principales características del teatro helénico. Lo cual convierte a la obra: “la madrugada en Los Mochis” en una de las “obras maestras” de la teatralidad peñista de este sexenio.
Más allá del circo para consumo mediático, la puesta en la prisión de “máxima seguridad” de Guzmán Loera, como casi siempre ocurre cuando caen en desgracia los grandes capos, mantiene intacta el amplio entramado de corruptelas que permiten el accionar de los delincuentes, y cuando estos sean llevados a prisión, no solo reciban tratos preferenciales, sino que obtengan su libertad amparados en la corrupción e impunidad de muchos “servidores públicos”. Para muestra podemos mencionar que tras la “fuga” del año pasado no terminan por acreditar responsabilidades de las autoridades del penal en Almoloya.
Por otra parte, la realidad nos ha demostrado que con los capos tras las rejas o fuera de ellas la violencia e inseguridad en México no experimentan cambios sustantivos; por el contrario en algunas regiones del país se incrementan actividades como el secuestro y la extorsión que son utilizadas por el crimen organizado para obtener mayores recursos.
Asimismo, no se puede hablar de “éxito” en la lucha contra el narcotráfico cuando el trasiego de drogas en nuestro país y más allá de las fronteras nacionales es asunto de todos los días. Nadie cree que al poner al Chapo Guzmán en prisión la venta de drogas disminuirá, mucho menos la violencia. Seguramente pasará todo lo contrario por las luchas encarnizadas entre varias células del crimen organizado por el control de las plazas para vender droga.
Casi al final de la obra de teatro aparece la “extradición”, una posible salida que de llevarse a cabo dejaría muy comprometidos a varios personajes de la política mexicana en las amplias declaraciones colaborativas que el narcotraficante pudiese hacer frente a las autoridades estadunidenses, por ello, la “extradición” no se ve muy cercana.
Así las cosas, la recaptura del narcotraficante “más buscado en México” se significa como una tragedia, porque el narcotráfico y la violencia que genera son asuntos terribles que han oscurecido el devenir nacional; es una comedia porque su desenlace parece placentero y optimista para todos sus participantes, las piezas se mueven en el escenario al ritmo de una dirección gatopardesca que se oculta tras una cascada de enredos y cabos sueltos; por su parte, el drama lo representa la ínfima calidad del “gobierno” mexicano que cada día hace lo necesario para continuar hundiendo este país; y la farsa, se materializa en las risotadas que se escuchan de propios y extraños cuando el “presidente” de México, Enrique Peña Nieto asegura que la acción del fin de semana pasada es un éxito de su administración.

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