Monitor Nacional
La televisión ¿Caja de Pandora?
Por la libre y con amor | Yadira Arzate
17 de marzo de 2017 - 7:18 pm
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Que sirva este espacio para reflexionar si estamos usando la tecnología a nuestro favor, o bien, para hacernos menos pensantes y menos sociables

Recuerdo mi infancia en casa, reunidos todos alrededor del televisor viendo programas familiares: personajes que viajaban al pasado sorteando aventuras ayudados por científicos; familias que vivían en un pueblo y a través de sus vivencias daban ejemplo de cómo vivir con valores, o bien, cómicos que hacían reír con chistes sanos. Esa historia ya no se ha repetido en casa. Los contenidos de la televisión abierta han cambiado, ahora que hago el tan conocido zapping, lo que más encuentro son historias violentas y ofensivas que muestran a una sociedad en decadencia. Tal vez exagero, pero difícilmente me siento con mis hijos a ver canales por televisión.

No es fácil encontrar una programación sana que promueva valores o motive a una reflexión seria. Muchos programas de chistes son en doble sentido y denigran o estereotipan a un personaje que bien podría encontrarse en la calle, en el mundo real; los contenidos hoy en día anulan la capacidad de análisis pues las imágenes que ahí se ofrecen se pueden entender como reales. ¿Lo son?

Giovanni Sartori en su libro “Homo videns” nos hace reflexionar sobre el papel de la televisión en la sociedad moderna. La época multimedia está cambiando la manera de pensar. Las imágenes han desplazado al discurso y cada vez se presenta con más frecuencia la imposibilidad de ejercer nuestra imaginación y capacidad de abstracción para asimilar lo que la televisión ofrece al televidente. La frase central de esta tesis dice: “la televisión produce imágenes y anula conceptos”. Tenemos ante nuestros ojos millones de imágenes que nos muestran un mundo de contenidos. Cuando somos adultos pensantes resulta sencillo discriminar las imágenes reales de las ficticias, las positivas de las negativas, pero, ¿y el resto de la población? Los niños, los que no tienen estudios, los que tienen un pensamiento débil, pueden llevarse una percepción distorsionada de la realidad. Y es justificable para ellos: los ojos no mienten.

¿Pero hasta donde llega su capacidad de diferenciar lo que se debe y lo que no se debe ver? Es sencillo cerciorarte cuando ves por televisión un árbol, un río, una casa. Pero, ¿qué pasa cuando te muestran imágenes sobre la democracia, la libertad, la inteligencia…la felicidad? Estos conceptos difícilmente se pueden traducir a imágenes y el que decide cómo plasmarlos en imágenes, muchas veces, tiene intereses personales para hacerlo.

Estoy segura que ustedes al igual que yo, ven constantemente a niños y familias enteras entretenidas por un televisor, una computadora, o bien, un teléfono inteligente con imágenes de dudosa procedencia. Se ha perdido la costumbre de dialogar experiencias, de leer historias que nos permitan imaginar, escribir un diario o bien, mirar el cielo, observar detenidamente cómo pasa la gente por la calle. Todos vamos con la cabeza inclinada hacia abajo usando nuestro celular. Ya no observamos el mundo, permitimos que las imágenes transmitidas por un aparato electrónico nos lo muestren.

Que sirva este espacio para reflexionar si estamos usando la tecnología a nuestro favor, o bien, para hacernos menos pensantes y menos sociables. Exijamos nuestro derecho a ver por televisión contenidos que nos construyan y no que destruyan a nuestra sociedad. Tal vez, en una de esas oportunidades encontremos en esa “caja de Pandora” a nuestra amiga la esperanza, la esperanza de un mundo mejor.

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