Monitor Nacional
La tercera (e inesperada) oportunidad de Andrés Manuel
Portada | Santiago I. Soriano
23 de noviembre de 2015 - 7:57 pm
AMLO-MN
Cuando parecía que todo estaba dicho para él, cuando se hablaba de renovar los liderazgos de izquierda, cuando escribir sobre él ya no es ninguna novedad, así, los reflectores vuelven a estar sobre él, su movimiento y, sus posibilidades

Escribir sobre Andrés Manuel López Obrador es, casi siempre, cansino o hasta innecesario, porque pareciera que todo lo que pudiera decirse en torno a su figura y sus acciones, ya está dicho, sin embargo, hoy resulta pertinente plantear algunas preguntas y escenarios que, en 2015, hacen que el tabasqueño sea el único candidato enfilado y con serias posibilidades para suceder en el cargo a Enrique Peña Nieto, de entra todos los actores políticos que comienzas a convertirse en “suspirantes”.

El ascenso de Andrés como dirigente nacional de Morena fue, es cierto, un trámite con tintes de absolutismo y hasta monárquicos; aclamado y vitoreado, sin oponente alguno (como sucedió en el PRD con el Dr. Agustín Basave, sólo que en el sol azteca todo tomó tintes de pantomima, cuando en realidad también fue “cargada”) y con los ojos puestos en las presidenciales de 2018.

“La tercera es la vencida”, dijo López Obrador, con lo que confirmó por enésima ocasión lo que ya casi es una costumbre sexenal: que sí, buscará la presidencia de la república con Morena, que su enemigo a vencer ya no es solamente el PRI, sino Manlio Fabio Beltrones, su homólogo tricolor.

¿Por qué el dirigente izquierdista ahora pone tanta atención en Manlio? Sencillo: entre gitanos no se leen la mano.

AMLO sabe que la contienda electoral de 2018, a reserva de que el panorama de aquí a entonces cambie dramáticamente, será entre el partido en el poder y la izquierda que, pese a fragmentaciones obvias, él sigue representando. Fue el PAN (y Vicente Fox con Calderón) contra Andrés Manuel en 2006. Fue el PRI (y el flamante candidato Enrique Peña) contra Andrés Manuel en 2012.

Sabedor de esto, el morenista recibe el mensaje de Beltrones quien apunta acertadamente que sí, AMLO utiliza los tiempos oficiales para promover su imagen, pero no ilegalmente pues este tipo de exposiciones mediáticas no se encuentran reguladas; ataja el embate y responde para entrar en la dinámica del que, así como no pintaba para la dirigencia priísta, de un momento a otro puede subirse al carro de ser el próximo presidente de México.

Muestra de esto fue cuando el gobernador de Nuevo León, Jaime “El Bronco” Calderón, y Andrés se enfrascaron en una serie de declaraciones; el del municipio neoleonés de García pudo ser el gran rival a vencer, pero su trascendencia poco a poco fue sucumbiendo a ser meramente local.  Hoy, a nivel nacional, la voz de Manlio se escucha más que la de cualquier mandatario estatal.

Por el momento, a poco menos de tres años de que la carrera presidencial comience oficialmente, en todos los escenarios planteados el líder de Morena vence a todos. A Manlio, al “Bronco”, a Margarita Zavala, a Miguel Ángel Mancera… como cuando era jefe de Gobierno en el 2006, apunta fuerte para que su nombre en la boleta se pueda convertir en lo que tanto ha anhelado y, para su suerte, esta vez dicha fuerza no proviene solamente de su popularidad o, para bien o para mal, innegable arrastre, sino también por la situación actual del país y todas las crisis a las que se ha enfrentado el gobierno actual.

Así, sin más, puede que Andrés Manuel vaya a ser presidente en 2018, a la tercera, cuando su discurso es conocido por todos, cuando su imagen ya está desgastada, cuando su condición física ya no da para una campaña maratónica como las de 2006 y 2012, cuando parecía que todo estaba dicho para él, cuando se hablaba de renovar los liderazgos de izquierda, cuando escribir sobre él ya no es ninguna novedad, así, los reflectores vuelven a estar sobre él, su movimiento y, sus posibilidades.

La cuestión principal es: ¿sabrá capitalizarlo? ¿Sabrá jugar, ahora sí, todas sus cartas? ¿Se lo va a permitir el PRI? ¿Manlio… o Aurelio?

DE BOTEPRONTO

Poco a poco hemos comprendido que la salida de Emilio Chuayffet Chemor de la SEP fue más que un cambio por motivos de salud o ineficiencia; en realidad fue el gran cambio de estrategia del presidente para:

  1. Aprovechar al máximo, lo más que sea posible, el que muchos consideran como único acierto de su mandato: la reforma educativa, avanzando a pesar de la disidencia magisterial y,
  2. Decirnos, quizá, que el delfín no dirige su partido ni tampoco es gobernador. La exposición mediática del secretario Nuño es en algunas ocasiones hasta mayor que la del mismo titular de la Segob (quien ya necesitaba un alivio de su figura desde julio, cuando se fugó “El Chapo”)

A veces en esto consiste hacer política. Decidir a tiempo y cambiar lo necesario para proteger los intereses superiores para los que la ejercen.

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