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La tormenta invernal

En mi opinión, la tormenta del dólar ha sido bien manejada, cabe aclarar que mientras escribo esta columna aún no se dan a conocer las nuevas acciones que anunció el Secretario de Hacienda para mitigar los impactos correspondientes, considero que este tema ya se ha abordado desde varios ángulos.

El verdadero fondo de un tipo de cambio como el actual es que los salarios en los Estados Unidos serán mas atractivos para los mexicanos, al grado que Garcilaso está a punto de emigrar para iniciar su taller de soldadura y compostura tanto de mofles como de tumba-burros, y Caro quiere iniciar la sucursal de su negocio (recuerden que ella vende bolsos para dama en la cajuela su auto, afuera del colegio), dice que ahora será on-line.

Suena a broma, sin embargo, de manera comparativa los salarios en los Estados Unidos (presionados por el tipo de cambio) incentivan a muchos jóvenes mexicanos ’y no tan jóvenes’ a buscar oportunidades fuera de México. Se conjuntan dos factores: el primero es la devaluación que ha tenido la relación peso-dólar, y por otra parte está la falta de oportunidades para una gran cantidad de jóvenes no sólo en México, sino en la región de América Latina en donde se estima (cifra que no tiene nada de estimable) que hay 20 millones de jóvenes entre 15 y 24 años que no estudian y que no trabajan.

En otros temas ’con un impacto similar’, el autor de esta columna (su seguro servidor, pues) se encuentra realizando una investigación genealógica, entre los reencuentros y desencuentros el principal hallazgo es que más del 50% de los nietos de mi bisabuelo cruzaron la frontera norte de México y se convirtieron en ciudadanos en los estados fronterizos, principalmente en California y Texas. Al analizar las economías de estos estados de la Unión Americana nos podemos dar cuenta que son estados boyantes y que sus economías marchan bien, me pregunto qué hubiera sucedido si mis familiares no hubieran emigrado, sin duda sus lugares de origen estarían transformados en algo diferente a lo que hoy son: ranchos olvidados con una generación perdida. Mientras converso con algunos de ellos por la investigación que ahora me ocupa, observo que tienen un común denominador:

La primera generación vive añorando México y lucha con la nostalgia permanentemente.
La segunda generación ya no se siente mexicana, y no quiere saber nada sobre este país, es más, algunos ya no hablan español.
La tercera generación, a partir de pláticas con sus abuelos intenta volver a conectar con un pasado olvidado para descubrir sus raíces.

El tema tiene varias aristas, la que aquí tratamos es la económica y la capacidad de emprender que estos mexicanos tienen cuando están fuera de sus hogares, así como el impacto económico en sus comunidades, ellos están generando valor porque no encontraron, o no tuvieron, o no buscaron las coyunturas en sus localidades de origen.

Se me ocurre ’porque consejos no doy, más bien estoy para recibirlos’, que con el acceso que se tiene actualmente a las redes sociales, se pueden utilizar como puntos de encuentro para compartir las experiencias emprendedoras que estos migrantes han tenido para aplicarlas a su lugar de origen, de tal forma que el crecimiento (por medio de estas recomendaciones) apoye también el desarrollo de la localidad en cuestión; esto asumiendo que los que emigraron hace varias generaciones estén interesados, pues me estalla en los oídos la frase de uno de mis familiares cuando le pregunté: «¿Tienes pensado regresar a México?», me miró con cierto aire de ternura por mi pregunta y respondió: «Primo, una vez que estás en este país ya no piensas nunca en regresar».

Nos leemos en «Emprende Seguro» la próxima semana, si ya te entró el pánico por el precio del dólar, por favor ’sólo por favor’, no vayas a comprar a estos precios porque cuando disminuya la burbuja tendrás doble pánico: haber comprado caro algo que ya bajó de precio.