Monitor Nacional
La torpeza del Estado mexicano ¿Francia del siglo XVIII?
Laberinto de luz | Raúl Antonio Alvarez
9 de enero de 2017 - 1:01 pm
Revolucion-francesa
La historia, entonces, parece seguir los mismos patrones una y otra vez, aunque en esta ocasión, tiene México la oportunidad de romper con el círculo vicioso

A finales del siglo XVIII, las políticas extractivas del gobierno absolutista de Luis XVI hicieron explotar la Revolución Francesa. Mantener la guerra en ultramar, el despilfarro por parte del monarca para mantener su estilo de vida a costa de los altos impuestos al tercer estado y las malas cosechas, dieron como consecuencia el violento movimiento del pueblo francés.

Hoy México vive una situación que no es tan alejada del escenario de la Francia de aquella época. A esto, podemos sumarle la falta de personalidad y popularidad que tenía el rey, a pesar de su poder absoluto, como hoy parece ser el caso con el presidente Peña Nieto.

A raíz de la liberación de los precios de la gasolina, el pueblo ha comenzado a levantarse; han brotado manifestaciones por todos lados e incluso han sido ya documentados saqueos en varias tiendas. Las implicaciones de esta decisión parecen haber tenido un impacto mucho más trascendente que el bolsillo del consumidor; el costo de los pasajes del transporte público aumentará en varios estados e incluso hay algunos productos de la canasta que se ven amenazados y que podrían elevar también su precio.

México desde hace algunos años apostó como motor de su economía a dos cosas: la inversión extranjera y al petróleo, a pesar de que bien podría quedar obsoleto dentro de un futuro que se ve cada vez más cercano. Hoy sufre las consecuencias de esa apuesta. Por un lado el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, amenaza a la inversión fuera de sus fronteras y por otro lado, los precios del petróleo en el mercado sumen a México en una crisis de la que ya no se ve una salida en el corto plazo.

Por segundo día consecutivo el Banco de México ha tenido que intervenir para tratar de mantener la estabilidad económica que, de manera natural, es ya imposible de lograr. Todos estos factores sólo están inflando la bomba de tiempo que, eventualmente, estallará. Estas medidas que se están adoptando crearán en un plazo no muy largo inflación e incertidumbre.

La torpeza del gobierno federal se ha visto palpable al no ser capaz de controlar la situación y al no ofrecer algún tipo de incentivos alternativos con la medida tomada sobre el oro negro. Por dar sólo un ejemplo, Francia, precisamente, da un bono a trabajadores por ir al trabajo en bicicleta. En México la medida careció de una planificación de consecuencias por un lado y de una falta de incentivos para ponderar la balanza del otro. Se han hecho apuestas muy fuertes que hoy están colapsando. Eso deja en evidencia, por otra parte, los intereses que la élite podría tener, de una manera muy extractiva y el reciente nombramiento del neófito diplomático, Luis Videgaray, es ejemplo de ello.

Cuando la situación comenzó a llenarse de tensión, Luis XVI tenía que elegir a quién debería de castigar, haciendo pagar impuestos al Primer y Segundo Estado o subir aún más los impuestos al ya deteriorado Tercer Estado.  Ante la incapacidad de tomar la decisión, Luis XVI convocó a los Estados Generales en Versalles en busca de consejos. Era el 5 de mayo de 1789. Hoy, en México Peña Nieto sabe que no puede subir más los impuestos al pueblo, porque estallaría inmediatamente una revuelta verdaderamente violenta y no puede cargar de impuestos a sus amigos y compañeros porque va en contra de su formación y lo que parecía una norma de la política mexicana. Ante ello, hace tan sólo un par de días convocó a una reunión emergente con su gabinete por la situación que se ha suscitado en los últimos días.

La historia, entonces, parece seguir los mismos patrones una y otra vez, aunque en esta ocasión, tiene México la oportunidad de romper con el círculo vicioso y de una buena vez, perfilarse hacia una verdadera estabilidad económica, apostando por hacer crecer la industria, en lugar de esperar inversión de fuera y apostando en tecnologías de innovación y vanguardia en lugar de aquellas que, dentro de poco, serán obsoletas y muy costosas. Peña Nieto tiene una última oportunidad antes de que las cosas lleguen a un punto sin retorno y que todo, hasta su cabeza, esté en juego; ya sea cambiando radicalmente las políticas que hasta ahora ha sostenido con mano de hierro o creando incentivos que sean un desahogo ante tanto hastío y presión a la sociedad.

Luis XVI es considerado el último monarca del Antiguo Régimen francés y a su muerte se dice que se oyó un grito que decía: “Viva la República”. En el juicio emitido al monarca, se le acusaba de conspiración contra la libertad pública y atentar contra la libertad nacional. Es escalofriante lo cerca que estamos de todo este escenario casi cuatro siglos después. El devenir mexicano podría ser comparado con este escenario, que en el mejor de los casos no tendrá que ser tan violento, pero que sea lo suficientemente fuerte para marcar un parteaguas en la historia del país y encauzarnos hacia una bonanza para todos, donde haya límites para el poder.

Recordemos que, de seguir México el camino que tomó la Revolución Francesa, Luis XVI fue ejecutado con la guillotina. Habrá que ver…

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