La violencia en América Latina sigue en aumento

Un problema común que vivimos a diario en toda América Latina es la violencia y la inseguridad. La mayoría de los países en nuestra región sufre de una grave desigualdad, esta, a su vez, implica que la violencia en la región sea incluso mayor. Esto se visibiliza aun más cuando se le compara con regiones como Europa y Norteamérica, en las que las desigualdades y la violencia no destacan tanto como en nuestro subcontinente. Entre 2004 y 2014, la mayoría de los países en latinoamérica mostraron una notable mejoría: se experimentaron tasas de crecimiento de casi el 4%, las tasas de pobreza disminuyeron, los ciudadanos se volvieron más saludables y alcanzaron en promedio un nivel más alto de estudios. A pesar de esto, el crimen aumentó, y seguimos siendo la región considerada como la más violenta del mundo de acuerdo con la Oficina contra las Drogas y el Delito de la ONU.

La violencia y el crimen en la región están llegando a niveles epidémicos. En el 2015, en América Latina y el Caribe (ALC) se concentraban el 33% de los homicidios en el mundo, y la tasa de homicidios era de 24 por cada 100 mil habitantes, una cantidad preocupante. De la misma manera, los robos aumentan constantemente, e incluso 1 de cada 6 robos es violento. Por otro lado, 8 de los 10 países más violentos en el mundo se ubican en el subcontinente latinoamericano.

En la lista de las 50 ciudades más violentas, 42 pertenecen a la región de ALC, y 16 se encuentran en el rango más alto de violencia. De hecho, cada 15 minutos al menos 4 personas son víctimas de homicidio en ALC. No es sorpresa que la cantidad de latinoamericanos que mencionan a la violencia y la inseguridad como una de sus mayores preocupaciones se haya triplicado en los últimos años, pues los efectos de la misma están generalizados y se ven reflejados en todas las sociedades del subcontinente: evitamos estar en espacios públicos para no exponernos, nos retraemos, nos ocultamos, y esto debilita nuestra comunidad.

A pesar de los niveles de ingresos y desigualdad que se encuentran en la región, la inseguridad que experimentamos es inusualmente alta. Una de las explicaciones que existe para esto es que no contamos con sistemas de justicia penal efectivos, pues los homicidios que se resuelven en la región no llegan siquiera al 10%. Esto se relaciona directamente con la desconfianza que tenemos hacia las instituciones. Una encuesta realizada por el Latinobarómetro en 2007 dio resultados alarmantes con respecto al tema. En ALC el 78% de la población considera que el acceso a la justicia no es igual para todos y solamente el 23% de la población en la región se siente protegida contra el crimen. Asimismo, solamente el 12% tiene confianza en la policía, el 33.1% no tenía ninguna confianza en la justicia y el 33% mencionaba que tenía solamente poca. Estos resultados nos demuestran cómo las instituciones no están siendo eficientes, pues la percepción que la mayoría tiene de las mismas refleja que no están realizando el trabajo que les corresponde para hacer que su población se sienta segura.

Es importante también señalar que contamos con un problema grave de sobrepoblación en las prisiones, pues las tasas de encarcelamiento se han acelerado, y tenemos establecimientos de reclusión  que incluso duplican su capacidad de población. De hecho, tenemos las prisiones más abarrotadas del mundo. Esto es un gran problema para el subcontinente, pues no se pueden atender las necesidades de las personas que se encuentran reclusas en nuestras prisiones, y esto implica que se están violentando sus derechos humanos, mismos que se les deben garantizar a todos, incluso a los “delincuentes”.

El crimen y la violencia son actividades que permean todas las esferas de la vida de las personas que habitan ALC. Esto se ve reflejado en cómo las personas cambian sus actitudes para evitar ser víctimas de actividades criminales, las familias ahora gastan parte de sus ingresos en protección, las empresas reducen su inversión por la incertidumbre, y sufren de pérdidas de productividad por lo mismo. Incluso, los gobiernos cambian la distribución de los recursos para atacar el problema.

Brasil es uno de los países que sufre escalas mayores de violencia, pues concentra 39.5% de los homicidios de toda ALC, y en el Cono Sur concentra el 95.1% de los homicidios. En 2004 el costo del crimen en Brasil escaló a representar el 5.1% de su PIB. En esta estimación se toman en cuenta los costos asociados a los sectores público y privado, y los costos sociales, además de los costos del sistema de seguridad pública. Sin embargo, es importante analizar las diferencias entre las distintas subregiones y estados que se encuentran en el país, pues al ser un Estado con una extensión tan grande, existen desigualdades significativas entre las diversas subregiones que se encuentran en el mismo.

El Sureste de Brasil empezó el milenio con una trayectoria decreciente, hasta llegar a ser la subregión más violenta del país en términos de su tasa de homicidio en conjunto con el sur del país. Por otro lado, regiones como el Norte, Nordeste y el Medio Oeste también han mostrado incrementos constantes en sus tasas de homicidio, pero no llegan a los niveles de las regiones del país mencionadas previamente. Algo que se observa es que en los estados en los que se observó un aumento en los homicidios, se observó a la par un incremento en la proporción de jóvenes, drogas y armas. Además de esto, se encontraron siete factores importantes que afectaron las tasas de homicidio en el país entre 2001 y 2007: ingreso, inequidad, porcentaje de hombres jóvenes, número de policías, tasa de encarcelamiento, armas y el consumo ilegal de drogas.

Es importante no ver a la violencia como un fenómeno aislado, al estudiarla es necesario voltear a ver el escenario regional en el que se encuentra la misma, para poder analizar a fondo los factores que propician que se den niveles tan altos de violencia como los que se encuentran en nuestra región, para así poder focalizar los esfuerzos en esas áreas y lograr realmente que exista un cambio en nuestra realidad latinoamericana.