Monitor Nacional
La voz del Maestro Chimal en la Biblioteca de México: escribir al pasado
Portada | Eduardo Luciano Tadeo Hernández
28 de julio de 2015 - 2:23 pm
Alberto Chimal-MN
Cuando un escritor habla, juega con la realidad, con su naturaleza

En la capital de la República se dieron cita; un espacio nacido en 1949, inaugurado por el presidente Manuel Ávila Camacho, la Biblioteca de México, y un escritor de mini ficción, Alberto Chimal, originario de Toluca, capital del Estado de México. Cuando el espacio y el hombre coinciden, el mundo existe; se construye, evoluciona, vive.

Cuando un escritor habla, juega con la realidad, con su naturaleza. La letra visita la oralidad, dejando huella en la memoria de los sonidos. El motivo de la realidad espacio-personaje surgió gracias a un taller sobre escritura mínima, impartido por el maestro Chimal en 2014.

En un recinto pequeño, se congregó una multitud, de al menos veinte personas, confirmando lo que advertía Monsiváis sobre cualquier evento en el Distrito Federal: “ningún evento puede fracasar por falta de gente”. En especial, en esta ciudad las personas somos mar picado, multi-color y  multi-temperatura. Siguiendo la lógica del ejercicio del derecho al acceso a la cultura, escritores y curiosos convivimos durante varias semanas, escuchando la cátedra del Maestro y expresando nuestras ideas, algunas más informadas que otras, sobre la escritura breve.

La clase inició con una mención a Robert Walser. Con una voz tímida, postura relajada, aparentemente despreocupado y sin mayores pretensiones al hablar, Chimal explicó que la obre de Walser fue desarrollada en un manicomio en donde personalmente se recluye; jamás existió la intención de ser publicada. Quizá, la brevedad de la vida llevó al autor a considerar indigno convertirse en eterno texto. Hay quienes apenas pueden, en el tiempo vital, comprender el yo. A ello avocan sus esfuerzos.

Viajamos a diversas regiones del mundo. Aunque escritura proveniente de un territorio insular, Japón, el haikú fue otra expresión literaria que el maestro Chimal presentó con gran interés y entusiasmo. Desde su perspectiva “la tradición de la poesía breve japonesa influyó especialmente en la literatura mexicana”. Siendo el más claro ejemplo, las creaciones de José Juan Tablada. Expuso dos razones, atribuidas a Olimpo, para explicar por qué ha sido una constante la escritura del haikú: 1. Las restricciones incentivan el trabajo creativo (hay que cerrar para abrir); 2. La rapidez de la revelación tiene relación con la brevedad.

Siguiendo una metodología teórico-práctica, el Maestro sugirió que sus alumnos intentaremos desarrollar nuestros propios haikús. En lo personal, la oportunidad de escribir hizo palpitar mi órgano vital,  que impulsó sangre plagada de emoción para plasmar, si no el mejor texto breve, algo sincero y divertido:

Verdes enanos

Viven bajo los pies

De los humanos

La observación fue la guía para la inspiración de este amateur. El objeto de mi interés, mientras me encontraba sentado en una piedra, fue el pasto. Observándolo detenidamente, me percate que tenía vida. No se movía, pero imagine que eran enanillos burlándose de nosotros al pisarlos. Seguro sentían cosquillas. Así, entre historias y creaciones personales, navegamos hacia otro tema fascinante: los aforismos.

Advirtió Chimal que con los aforismos “no hay que tomarse los textos como una evocación literal de la realidad”. Es una advertencia lógica, pues aunque no considero que la realidad no existe, si creo que ésta se construye y, por tanto, podría existir más de una realidad. En estos textos breves, naturalmente, importa más la alusión que la extensión. Leímos colectivamente los aforismos de Lichtenberg, aclarando que una característica importante era su actividad contemplativa –la observación-. En continuación de la práctica, un compañero del taller que, en afán ser rigurosamente referencial citaré como el chico tímido e inteligente escribió: “para ver algo nuevo hay que tener mala memoria”.

La memoria es ese acto espiritual de rastreo de la identidad y la posición en el mundo. Julio Torri, con sus cuentos como “El Fin de México” y “Salva Obstáculos”, planteó una versión modificada de la realidad. Su lenguaje es perversamente deconstructivo y, por ello, totalmente creativo y creador. Hay que agradecer a Chimal su inclusión en el curso y también la de Juan José Arreola, pues su Bestiario presenta una bella arbitrariedad. Belleza comparable a la sinceridad de nuestro guía literario. Recuerdo que aquél día el Maestro no se sentía del todo bien, algún problema aquejaba su mente, y con toda sinceridad, reconociéndose como un ser humano vulnerable, externo ese sentir con nosotros, sus alumnos. Si la gente dijera lo que siente con frecuencia –el más profundo sentir-, el mundo sería un lugar más humano.

En el siglo xxi hay más interconexión entre personas, pero no necesariamente humanidad; lo primordial es lo material y técnico. Afortunadamente, en las redes sociales como twitter hay escritores como Aurelio Asiain, quien produce literatura breve, por un lado, y descubre escritores, por otro. Alberto Chimal, también forma parte de esa generación de escritores que considera que en la nube es posible encontrar miel en forma de letras creativas y sonoras. En esta experiencia aprendí que el sonido no sólo se propaga en un salón de biblioteca, su eco llega hasta el mundo virtual.

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