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Las noches del 11, 12 y 13 de agosto el cielo estará iluminado por las Perseidas

Las noches del 11, 12 y 13 de agosto el cielo estará iluminado por las Perseidas

Ciudad de México.- Las noches del 11, 12 y 13 de agosto el cielo estará iluminado por las Perseidas, también conocida como Lágrimas de San Lorenzo.

Durante este pico de su actividad, se podrán ver entre 60 y 70 meteoros o estrellas fugaces cada hora. Las velocidades de estos meteoros pueden superar los 50 kilómetros por segundo y su tasa de actividad, llegar a los 200 destellos por hora.

Este fenómeno astronómico que sucede cada año entre julio y agosto se produce por el reguero de gases, polvo y escombros que arrojan al espacio los cometas. Algunos de estos son posteriormente atrapados por el campo gravitatorio de La Tierra y caen a gran velocidad a través de la atmósfera formando una lluvia de meteoros.

Según el experto de la NASA, Bill Cook, el mejor momento para apreciarlas será la noche entre el 12 y 13 de agosto entre las 21 y 23 horas, pues la Luna Nueva sucederá la noche anterior lo cual garantiza un cielo con gran oscuridad.

Los amantes de voltear al cielo tendrán un espectáculo doble pues estos días también podrán admirar a Marte, que estará visible hasta las 4 de la mañana, y Saturno, que se asoma hasta aproximadamente las 2 de la madrugada.

Las Lágrimas de San Lorenzo, llamadas así por la proximidad que tienen con el día que se festeja al mártir español (10 de agosto) serán visibles desde todo el hemisferio norte del planeta como Europa, Estados Unidos, México, Centroamérica y una parte de Sudamérica.

Se pueden ver desde cualquier lugar; sin embargo, los expertos recomiendan elegir un lugar alto y lo más oscuro posible, sin luces artificiales y pocos obstáculos como edificios, árboles o montañas. Además, recomiendan que contrario a lo que se podría creer, lo mejor es observarlas sin ningún instrumento óptico como los telescopios para no limitar nuestro campo de visión.

¿Por qué suceden las lluvias de meteoros?

Puerta explica que, si bien popularmente estos eventos se conocen como lluvias de estrellas, en realidad se trata de meteoros, pequeñas partículas que viajan por el espacio y, al hacer contacto con la atmósfera terrestre, se queman, generando los característicos chispazos luminosos.

“Cuando observamos el cielo en noches despejadas podemos observar, sin aviso y durante unos pocos segundos, el veloz tránsito de una ‘estrella fugaz’, un destello en movimiento veloz. En realidad, este evento se llama ‘meteoro’ y se produce por el veloz ingreso desde el espacio exterior de pequeños fragmentos de materiales que se incineran al entrar en contacto con la atmósfera, desintegrándose por completo a grandes alturas.

Estas partículas son los residuos que van dejando a su paso los cometas, que, a medida que describen sus órbitas alrededor del Sol, dejan en el espacio un reguero de gases, polvo y escombros (materiales rocosos) que permanece en una órbita muy similar a la del cometa progenitor.

Cada cometa va formando así un anillo en el que se encuentran distribuidos numerosos fragmentos cometarios. Cuando la Tierra, en su movimiento en torno al Sol, encuentra uno de estos anillos, algunos de los fragmentos rocosos (meteoroides) son atrapados por su campo gravitatorio y caen a gran velocidad a través de la atmósfera, formando una lluvia de meteoros.

La fricción con los gases atmosféricos calcina y vaporiza los meteoros, que aparecen brillantes durante una fracción de segundo, formando lo que popularmente se denomina estrellas fugaces. No se trata, por tanto, de una estrella, sino de una partícula de polvo incandescente.

La altura a la que un meteoro se hace brillante depende de la velocidad de penetración en la atmósfera, pero suele estar en torno a los 100 kilómetros. Sin embargo, el alto brillo y la gran velocidad transversal de algunos meteoros ocasionan un efecto espectacular, causando en el observador la ilusión de que están muy próximos. Los meteoroides de masa menor al kilogramo se calcinan completamente en la atmósfera, pero los mayores y más densos (de consistencia rocosa o metálica) forman meteoritos: restos calcinados que caen sobre el suelo.

En el caso de las perseidas, están asociados a la trayectoria del cometa 109P/Swift-Tuttle, que tiene un periodo de 133 años y pasó cerca del Sol por última vez en 1992. Esta órbita está llena de partículas pequeñas, como granos de arena o menores, que han sido liberadas por el cometa en sus pasos anteriores. Cuando una de estas partículas, que formaron en su día la cola del cometa, entra en la atmósfera terrestre a gran velocidad, la fricción la calienta hasta vaporizarla a gran altura.