Monitor Nacional
Las relaciones entre intelectuales siguen siendo relaciones
Portada | Francisco Jimenez
15 de abril de 2016 - 8:48 pm
columna
Hubiera sido interesante ver qué pudieron haber hecho todas estas grandes mentes si su interés en el tema no se hubiera convertido en egocentrismo

Al escuchar nombres como Sigmund Freud, Franz Liszt, Albert Einstein, surgen dos vertientes; o uno recuerda lo que estos personajes dejaron a la humanidad, o uno se pregunta de quién se está hablando, pero independientemente de conocer a las figuras intelectuales o no, tal vez ignoramos que siguen siendo seres humanos.

En clase, oímos el caso de una historiadora que se encontró una gran cantidad de documentos legales de una familia del siglo XIX, esta familia denunciaba a cualquier persona que tuviera diferencias ideológicas con ellos, dejando así un registro de movimientos legales de aquella época. Ahora bien, dependiendo del punto de vista se puede categorizar a estos documentos como históricos, que representan la forma en que se vivía en esa época; o bien, podemos verlo como un chisme del siglo XIX ya que básicamente lo que pasaba es que el heredero de la familia embarazó a una mujer para después no ser visto como responsable.

Un pensamiento similar puede surgir al analizar las grandes mentes de los siglos pasados. Se repitió en distintas ocasiones que dos intelectuales llegaron a convertirse en los mejores amigos para después acabar odiándose con una furia, pero en estos casos las diferencias ideológicas también pueden ser vistas como el dominio del ego y las emociones sobre el interés de colaborar para crear más conocimiento.

Un ejemplo es Franz Liszt y Frédéric Chopin. Todo comenzó bien entre estos dos genios de la música clásica, pero empezaron a tener peleas ya que lo social radicaba sobre la composición de música. Liszt llegó a meter a una de sus amantes (Marie Pleyel) al apartamento de Chopin, ambos tenían un interés por la famosa pianista. Podemos ver que lo que comenzó como una amistad que compartía a la música, acabó siendo una relación de amigos-enemigos. Pudimos haber gozado de composiciones hermosas si estos dos hombres hubieran podido controlar sus diferencias más a fondo.

Como este caso, hay muchos: Nietzsche y Wagner, Sartre y Camus, Freud y Jung (para nombrar a algunos), aunque cada caso tiene sus detalles; hubiera sido interesante ver qué pudieron haber hecho todas estas grandes mentes si su interés en el tema no se hubiera convertido en egocentrismo. He aquí dónde vemos que las relaciones entre los más grandes intelectuales, siguen siendo relaciones.

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