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Las tres R’s del PRI

88 años no han servido para consolidar una democracia en México. Casi 70 años con el PRI y el último sexenio presidencial, nos pasan la cuenta de ello.

El 4 de marzo de 1929, por primera vez se estrenaba un nuevo partido político fundado por el ex presidente Plutarco Elías Calles. Con él, se trataba de dejar una etapa de batallas y caudillismo en México, rescatando los valores de la Revolución y sus consecuentes revoluciones para poder consolidar la llamada era de las instituciones, con el Partido Nacional Revolucionario (PNR) a la cabeza. Desde su fundación hasta el año 2000, año en el que sorprendentemente se rompe lo que después se consideraría una dictadura monopartidista, pasa el poder presidencial a manos del partido bicolor de Acción Nacional.

Si bien la diferencia no saltó a la vista durante esos doce años de Foxismo y Calderonismo, para el pueblo mexicano representó un cambio drástico de las políticas coercitivas y de la treta política, estrategia especializada del que se consolida como Partido Institucional Revolucionario en 1946. El año 2000 fue crucial dentro de la vida de dicho partido, pues como se había mencionado, se da esta ruptura del poder hegemónico, y con ello, en un pensamiento idílico, se creyó que habían quedado atrás las prácticas oscuras y corruptas de los que conformaron la tradicional clase política priista.

Para sorpresa de muchos, el 2012 constituyó uno de los retrocesos históricos para la vida política en México, ya que nuevamente el PRI se había hecho con el poder presidencial, a mano de un joven Enrique Peña Nieto, a través de inmensas producciones propagandísticas, el bien sabido caso de compra de votos a través de despensas y el malestar general de la población nacido a partir de la llamada “guerra contra el narco⬝ que efectuó Calderón en el sexenio pasado y que causó revuelo por la cantidad de muertes y la permanencia de la violencia en la vida cotidiana del mexicano.

Peña Nieto sube al poder con una promesa, dándole la esperanza a los mexicanos de que deja atrás a sus compatriotas priistas, culpables en gran medida de sucesos históricos importantes como Tlatelolco en 1968, la Guerra Sucia entre las décadas de 1970 y 1980: período caracterizado por la represión de movimientos sociales y de detenciones arbitrarias por parte de las fuerzas policíacas, donde por primera vez se empezó a escuchar de los procesos de tortura como método de obtención de información; hasta el desplomo del peso en el conocido “error de diciembre⬝ durante el mandato Zedillista de 1994.

El 2012 arranca con todo y el “todo⬝ comprende un discurso de cambio, de respeto a las instituciones que le han dado forma al país y para esto, Peña Nieto hace hincapié en el famoso “nuevo PRI⬝. El nuevo PRI daría paso a una nueva era dentro de la escena política mexicana, que se conformaría por personalidades que pusieran en alto el nombre del partido, que fueran capaces, que consolidaran las nuevas generaciones priistas y que le dan voz al proceso de “renovación⬝ del partido.

A 5 años de esta declaración, el objetivo del “Nuevo PRI⬝, queda nuevamente opacado por las decisiones pobres que han acrecentado el atraso social y económico del país, las acciones corruptas de sus militantes (gobernadores, senadores, diputados y un largo etcétera), los pésimos resultados en materia de salud, educación, seguridad y política exterior. Los 4 nombres de la famosa entrevista de Tercer Grado el 23 de mayo de 2012, Beto Borge de Quintana Roo, Javier Duarte de Veracruz, César Duarte de Chihuahua y Alejandro Moreno Cárdenas de Campeche, saltan ahora a la luz del foco público más por sus escándalos de lavado de dinero, malversación de fondos, enriquecimiento ilícito, adquisición de bienes inmuebles millonarios a través del territorio nacional y en el extranjero, y no por su destreza en el puesto que ejercieron.

El PRI nuevamente se pone en marcha para planear la estrategia rumbo a la presidencia de 2018. Con una descarada declaración de Peña Nieto durante la ceremonia de celebración de los 88 años de vida del PRI, donde afirma que la oposición no es capaz de entender la serie de cambios que hemos visto dentro del partido, por lo que no son capaces de tomar la batuta en el próximo año. Aunque pareciera que Peña Nieto hace uso de sus últimas patadas de ahogado, ante la ola de inconformismo social y su histórica baja popularidad.

Más recientemente, la estrategia abrazó al primo del presidente Peña Nieto, Alfredo del Mazo Maza, quien se convirtió en días recientes en el único candidato por parte del PRI a la gubernatura del Estado de México. Un estado que juega un papel fundamental para las elecciones del 2018. Pero como la coja corre y lo de atrás la alcanza, a del Mazo también lo alcanza la mala fama, una por parte de su primo y la otra, la que se ha creado solo. Oriundo del famoso Grupo Atlacomulco, grupo de donde han salido personajes como Isidro Fabela, la familia del Mazo (su abuelo y padre), el mismo Enrique Peña Nieto y Arturo Montiel. Alfredo del Mazo, en muchas ocasiones se ha visto codeándose con políticos como Javier Duarte, quien hoy en día está prófugo de la ley o Eruviel Ávila, actual gobernador del Estado de México, contra quien perdió la candidatura en 2011.

Alfredo del Mazo es uno de los ejemplos más recientes de que el PRI sigue siendo el mismo desde su fundación. En su paso por instituciones públicas como Pemex y Banobras, ahora diputado federal que en su tiempo defendió el gasolinazo alegando la estabilidad económica del país, ahora necesitará de mucho más que el respaldo de su dinástica herencia para poder conseguir la gubernatura que se disputa este junio.

Los ejemplos expuestos avalan la analogía que dan título a este artículo. El PRI, apelando a su lado ecológico, hace uso de las tres R’s. Re-usan a las mismas personalidades que han hecho mella en el foco público por sus escándalos y actos corruptos; reciclan instituciones para adaptarlas y darles una nueva forma que rescate el discurso del “nuevo⬝ PRI; y la reducción de la importancia a problemas que atacan al país, pero ignorando de igual manera la reducción de presupuestos, salarios y privilegios para sus militantes.