Una presencia invisible en nuestro continente: los fantasmas indígenas

Latinoamérica, sí. Otra vez la historia trágica de un pueblo que tiene vive de paradojas. Esta vez no es sobre economía ni sobre recursos naturales; esta vez quiero hablar de los fantasmas invisibles que hay en nuestro continente: la población rural, la población indígena. La paradoja indígena está relacionada a que la población urbana de América Latina ha tenido una costumbre de presumirle al mundo su origen étnico, su pasado prehispánico y los colores de sus culturas indígenas; es una práctica que a donde vamos presumimos nuestra comida, nuestra lengua, nuestros bordados, incluso algunos hacemos alarde de las creencias espirituales con las que la mayoría de la población latinoamericana nos identificamos. Pero no solo somos nosotros como individuos, también las grandes compañías han realizado importantes campañas publicitarias a costa de exaltar nuestro pasado indígena. En nuestro día a día, a pesar de estar “orgullosos” del vestigio cultual prehispánico en la realidad latina solemos ignorarlos y ser indiferentes ante ellos; actuamos tal como si su presencia fuera invisible.

Históricamente el pueblo indígena del subcontinente ha sido invisibilizado por las prácticas de gobiernos tanto democráticos como dictatoriales. En la mayoría de los Estados los grupos minoritarios y vulnerables son recordados por momentos, tal como si fueran una moda que está marcada por las necesidades del mismo mercado. Tradicionalmente en tiempos electorales se suele recordar la “importancia” de estos grupos. Irónicamente el derecho al sufragio es el derecho al que más tiene acceso los grupos indígenas; es de risa pensar que se prioriza el voto sobre la educación, el desarrollo rural, la salud, así como la educación. Según el reporte Latinoamericano indígena que fue publicado por el Banco Mundial, se estima que dentro de América Latina “existen” poco más de 42 millones de indígenas, teniendo la mayor concentración de ellos en países como Bolivia, Perú y México. Los datos son verdaderamente alarmantes pues se estima que a pesar de que 70 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza en las últimas dos décadas, los primeros pobladores del continente se quedaron fuera de esta ecuación y en pleno siglo XXI casi el 50% de ellos siguen en pobreza o pobreza extrema.

La juventud rural

Normalmente el discurso que se da hacia nosotros los jóvenes se centra en decir que seremos quienes tomarán las decisiones en el futuro, que nosotros lideraremos el mundo y que por eso debemos estar preparados para ello, sin embargo, este discurso está muy lejos de la realidad de miles de jóvenes indígenas que viven en una realidad remota en la cual al futuro no lo ven como una oportunidad sino como un destino hacia repetir el mismo esquema de sus padres (pobreza y marginación). A pesar de las ventajas que nos da la tecnología, entre ellas el acceso a información sobre nuestras realidades, falta mucho por conocer de los jóvenes que viven en comunidades rurales aisladas de los centros urbanos, pues más que datos estadísticos concretos tenemos muchos estereotipos de los jóvenes rurales. Las nulas o más bien contadas oportunidades que se le brindan a este sector de la juventud están diseñadas desde, por y para las juventudes urbanas, no hay posibilidad que estas puedan entender las realidades que se viven en el campo. En materia de educación, cómo poder brindar educación a los niños y jóvenes indígenas, si la escuela está a 5 kilómetros, pero antes de recorrer esos 5 hay que recorrer otros dos para recolectar el agua necesaria que necesita la familia para pasar el día. La difícil vida que enfrenta este sector población se refleja en el reporte latinoamericano del Banco Mundial pues en él se menciona que nacer de padres indígenas en América Latina aumenta marcadamente la probabilidad de crecer en un hogar pobre, esto es simplemente la crónica de una realidad anunciada y que siguen viviendo millones de jóvenes que no pueden salir de este ciclo de pobreza y marginación. El reconocimiento como diferentes no basta y no es suficiente si la marginación sigue vigente.

La mujer indígena

Si el tema indígena ya es complicado, el factor de ser mujer lo vuelve un ancla más, la cual detiene por completo el acceso a oportunidades y empoderamiento por la condición del sexo. Hoy la lucha por el acceso a una educación inclusiva, al empoderamiento femenino y al cumplimiento de derecho fundamentales está más viva que nunca. Numerosas han sido las mujeres indígenas que han alzado la voz, entre ellas se encuentra la activista Otilia Lux de Coti. La suerte favoreció a Otilia, pues a pesar de ser una mujer indígena maya quiché nacida en 1949 en la República de Guatemala, pudo superarse y titularse en Administración de la Educación. Hoy su trabajo como activista es reconocido en todo América Latina, pues premios como el Bartolomé de las Casas (obtenido en 2006) avalan su trabajo en pro de los derechos hacia los grupos indígenas. México es afortunado de recibir a esta activista política, Otilia visitará la Ciudad de Guadalajara, Jalisco los días 9 y 10 de octubre en el marco del IX Congreso de Relaciones Internacionales del ITESM. Sin duda es una oportunidad inmejorable para dialogar con ella y fomentar los derechos indígenas.

Gildardo Holguin

Twitter: @gildardo_LSA