Monitor Nacional
Lecciones Chinas: del sueño de la Mariposa a la suerte del campesino
Simposios Migrantes | Andrea Martinez
8 de julio de 2015 - 12:19 pm
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El relato de la mariposa, va más allá de la no-acción o la falta de importancia de la moralidad

Érase una vez, yo, Zhuangzi, soñé que era una mariposa, revoloteando por doquier, siendo completamente una mariposa. Yo era sólo consciente de mi felicidad como mariposa, no sabiendo que era Zhuangzi. Al despertar, ahí estaba yo, realmente yo de nuevo. Ahora no sé si yo soy el hombre soñando ser mariposa o si soy una mariposa, soñando ser un hombre. Entre hombre y mariposa hay necesariamente una diferencia. La transición es llamada la transformación de las cosas.

Esta anécdota China contada por el filósofo y maestro Zhuangzi representa una de las bases de su pensamiento. El Taoísmo, el Budismo y el Confucianismo fueron las primeras fuentes de la filosofía Oriental y su influencia se mantiene en la actualidad. La cultura China, dirigida hacia el colectivismo y la importancia de los roles sociales se preocupa en formar sociedades homogéneas y ordenadas. El domingo pasado, la revista española El País publicó un artículo sobre la creciente popularidad de las cirugías plásticas en Corea del Sur, señalando como una de las causas el deseo intrínseco en éstas culturas de “ser como los demás” y de no sobresalir demasiado. Aunque la modernidad y la economía le han dado ahora un papel protagónico al Asia Oriental, aún mantiene muchas de los pilares de su pensamiento.

El Confucianismo y el Taoísmo surgieron paralelamente, entre 500 y 400 BCE, y aunque comparten conceptos y principios, Confucio se dedicó mayormente a instruir a líderes políticos sobre estrategias para mantener un orden y balance entre los pueblos. Por otro lado, el Taoísmo representado principalmente por Zhuangzi y Laozi, aunque también preocupado por la gobernabilidad, tuvo un carácter más cósmico. Por ejemplo, el concepto del Tao es central en ambas filosofías. El Tao se traduce como el Camino, la Forma, el Orden y se refiere al camino o la manera que tiene la naturaleza de mantener un balance. Tanto Confucianismo como Taoísmo buscan enseñar a sus discípulos el respeto y el seguimiento del Tao. Parte del Tao son los opuestos como el día y la noche, la muerte y la vida, la salud y la enfermedad. Ningún momento del Tao es malo o bueno, sino que es simplemente el curso que sigue la naturaleza.

El Confucianismo se dedica más a las formas sociales, por ejemplo, como respetar a los ancianos, como actuar con propiedad, el comportamiento de un ser ejemplar que motiva el balance en la sociedad. Es decir, para Confucio la clave para mantener una sociedad en orden era la cultivación y la educación de su población. El Taoísmo, sin embargo, buscaba también una explicación del cosmos, siempre basado en el balance del Tao y de sus momentos. Laozi, el principal representante de esta escuela, sugiere que el gobernante adopte una actitud Wu Wei, es decir: de no acción, no interferencia. A nosotros occidentales, nos parecerá descabellado que un gobernante “no actúe”, pero Laozi lo explica de esta manera: si la sociedad está en orden, el gobernante no tiene por qué actuar (citando el Daodejing: “Amando la quietud, la gente se corrige”). Asimismo, los juicios morales dejan de tener relevancia en la práctica Taoísta. Una anécdota que ejemplifica la actitud Taoísta hacia los juicios morales, relata la suerte de un campesino, cuyo rebaño de caballos se escapa. Su vecino lo intenta consolar pero el campesino responde “ ni malo, ni bueno, sólo el tiempo lo sabrá”. Días después, el rebaño regresa con el doble de caballos y el vecino intenta felicitar al campesino, pero éste responde “ni malo, ni bueno, sólo el tiempo lo sabrá”. El hijo del campesino se vuelve un gran jinete, pero se accidenta al caer del caballo y se queda inválido. A la visita del vecino, el campesino responde de igual manera. Cuando llegan a reclutar jóvenes para la guerra, el hijo del campesino no puede ir debido a su discapacidad y por lo tanto se salva de tales horrores. La perspectiva del campesino es la misma. La lección de esta historia es que el Tao sigue su curso independientemente del juicio que hagamos sobre nuestras vidas, y que somos demasiado pequeños para entender las consecuencias de cada evento.

Zhuangzi, el relator de la historia de la mariposa, es aún más ambiguo con respecto a los juicios morales. Dice: ¿se puede decir que un pez actúa mal? ¿se puede decir que el león es malo al alimentarse de la cebra? El pez y el león actúan de acuerdo al Tao, y fluyen como el agua. Nosotros debemos hacer lo mismo. El relato de la mariposa, va más allá de la no-acción o la falta de importancia de la moralidad. Describe al Ser como un no-Ser. Mariposa y Zhuangzi son y no son, y su certeza de serlo es irrelevante. La transición del sueño de uno hacia la realidad del otro es el cambio natural de las cosas, es como el flujo del agua y del Tao, y es lo único que importa. Nosotros no somos individuos constantes, no estamos hechos de esencias, de alma, de certezas. Somos eso solamente:  una transición constante.

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