Monitor Nacional
Lo que se fugó con la fuga
Divisadero | Eduardo Gonzalez
17 de julio de 2015 - 8:17 am
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Febrero de 2014: capturan a Joaquín El Chapo Guzmán Loera en Mazatlán, Sinaloa.

La detención incrementaba los bonos del alicaído “gobierno” de Enrique Peña Nieto, el entusiasmo presidencial hacía que el inquilino de Los Pinos afirmara: “sería imperdonable que El Chapo volviera a escapar. Estamos tomando providencias para que eso no ocurra”. Julio de 2015: el narcotraficante más buscado en Estados Unidos y México, considerado el máximo peligro para la seguridad nacional, escapaba del penal de “máxima seguridad” del Altiplano. Lo imperdonable, se volvió realidad.

¿Cómo se escapó? Solo existen dos respuestas: o lo dejaron escapar o efectivamente burló todos los sistemas de seguridad. Se les fue o lo dejaron ir. Cualquiera que sea lo que sucedió es vergonzoso y pone en entre dicho, el de por sí, Estado fallido mexicano.

Vayamos por partes. Si se fugó, eso demuestra la vulnerabilidad del sistema penitenciario del país. Los sistemas de seguridad dejan mucho que desear y urge replantear la estrategia no solo para detener a los criminales, sino para mantenerlos en prisión. Desde luego, la posibilidad de haberse fugado implica para el prisionero una mayor capacidad para lograr la hazaña. Por lo tanto, pensar que se fue solamente con la ayuda de miembros de su grupo criminal sin que hayan participado “autoridades” de muy diversos niveles y ámbitos de gobierno es difícil de creer. En caso de haber sucedido así son muy malas noticias para los mexicanos.

El segundo escenario es donde eventualmente habrían participado miembros del “gobierno” colocados en diversas áreas de “seguridad”. Resulta difícil de aceptar que la construcción de un túnel de kilómetro y medio de longitud con una profundidad de hasta diecinueve metros en algunos tramos, y que pudo llegar justo debajo de la celda número 20 del penal donde se encontraba el Chapo sin que el criminal hubiese contado con el apoyo de las “autoridades”, es poco creíble. Además recordemos que el narcotraficante dispuso de al menos tres horas para abandonar la prisión, la casa a la que llegó y donde se aseó, así como los terrenos adyacentes al penal, antes de que las “autoridades” dieran aviso de la fuga. Por ello, este segundo escenario me parece más probable. Si lo ayudaron a escapar son pésimas noticias para los mexicanos.

Varias son las fugas que generó el Chapo con su fuga. Comencemos con la candidatura presidencial del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Después del papelazo en la “madre de todas las fugas” no habrá mercadólogo capaz de maquillarle su fachada para volverlo “presentable” en el camino a Los Pinos. La credibilidad del sistema penitenciario se ha desmoronado. De todos es sabido los altísimos niveles de corrupción que campean en las cárceles mexicanas, pero el túnel de mil quinientos metros aniquila cualquier pequeña posibilidad de credibilidad en el sistema de “readaptación social” que alguno de los ciudadanos hubiese albergado aún. Se fugó el mote de “máxima seguridad”, habrá que ir pensando en el nuevo nombre de esos penales. Se fuga la poca credibilidad internacional que se tenía con respecto a la lucha contra el crimen durante este “gobierno” y con ello las millonarias inversiones que no llegarán a tierras nacionales. La palabra de Peña Nieto con todo y su “imperdonable que se vuelva a fugar”. La capacidad para enfrentar con éxito el crimen organizado a pesar del millonario gasto destinado a ello, según la revista Forbes 9.4 por ciento de nuestro PIB. Una fuga que me parece importante mencionar es la idea de que la Policía Federal y el Ejército Mexicano son menos corruptos que las policías estales y municipales. Asimismo, la idea de que con la captura del Chapo este criminal había terminado y el cártel de Sinaloa estaba liquidado.

En este penoso escenario no deja de llamar la atención como para algunos ciudadanos el último responsable de la fuga del Chapo no es Peña Nieto, e insisten que la corrupción solo se da en los niveles medios de la burocracia, por lo tanto se destituye a personajes como Eugenio Ímaz, ex director del Centro Federal de Readaptación Social número Uno; Valentín Cárdenas Lerma; Ramón Pequeño García, ex jefe de Inteligencia de la Policía Federal (PF); Juan Domingo Ignacio Hernández Mora, ex titular del Órgano de Prevención y Readaptación Social; y Celina Oseguera Parra, ex coordinadora de los Centros Federales de Readaptación Social. Pero se deja de lado a la cabeza de todos ellos, es decir, el “presidente Peña Nieto; el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; la procuradora general de la República, Arely Gómez; el titular de la Comisión de Seguridad Nacional, Monte Alejandro Rubido, y el director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen). Esto lo sostengo a partir de que el responsable máximo de la seguridad en México es el jefe del Ejecutivo Federal. Estoy cierto que la corrupción gubernamental alcanza desde el funcionario de menor rango hasta el presidente de la República. Quien se niegue a mirarlo no acepta la realidad.

Sin duda, la telenovela rosa del político casado con la actriz de televisión y apoyado por los poderes fácticos a través de un montaje televisivo, aderezado con la compra de votos a través de Monex y Soriana nos está saliendo carísimo a los 120 millones de mexicanos. Lo que es “imperdonable” es que esta clase política encabezada por Enrique Peña siga “gobernando” el país.

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