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Los imperdibles de Amado Nervo

Ciudad de México.- A 148 años de su nacimiento, el escritor y poeta Amado Nervo es uno de los mayores exponentes de la literatura mexicana. Incursionó desde muy temprana edad en el mundo de la poesía y a lo largo de su vida se vio inspirado por el contexto que lo rodeaba, del que tomó elementos para plasmarlos en sus obras.

Con novelas como El Diablo Desinteresado y El Donador de Almas, perteneció al movimiento modernista. Entre su poesía destacan títulos como Perlas Negras, Serenidad, Los Jardines Interiores y Elevación. De suma importancia es su ensayo Juana de Asbaje sobre la biografía de Sor Juana Inés de la Cruz, musa de quien fue gran admirador.

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Durante su estancia en Europa como corresponsal de El Imparcial, Amado entabló relación con Valencia Lugones, Oscar Wilde y Rubén Dario. Al regreso a México como artista consagrado, impartió clases en la Escuela Nacional Preparatoria, enfrentó los tiempos de la Revolución y finalmente murió en 1919 a la temprana edad de 48 años, acompañado en sus últimas horas por su amigo y escritor uruguayo, Juan Zorrilla de San Martín.

A continuación enlistamos algunos de sus mejores poemas:

05. Bon Soir…

(Fragmento)

¡Buenas noches, mi amor, y hasta mañana! 
Hasta mañana, sí, cuando amanezca, 
y yo, después de cuarenta años 
de incoherente soñar, abra y estriegue 
los ojos del espíritu, 
como quien ha dormido mucho, mucho, 
y vaya lentamente despertando, 
y, en una progresiva lucidez, 
ate los cabos del ayer de mi alma 
( antes de que la carne la ligara ) 
y del hoy prodigioso 
en que habré de encontrarme, en este plano 
en que ya nada es ilusión y todo 
es verdad…

04. Perlas V

¿Ves el sol, apagando su luz pura 
en las ondas del piélago ambarino? 
Así hundió sus fulgores mi ventura 
para no renacer en mi camino. 

Mira la luna: desgarrando el velo 
de las tinieblas, a brillar empieza. 
Así se levantó sobre mi cielo 
el astro funeral de la tristeza. 

¿Ves el faro en la peña carcomida 
que el mar inquieto con su espuma alfombra? 
Así radia la fe sobre mi vida, 
solitaria, purísima, escondida: 
¡como el rostro de un ángel en la sombra!

03. El fantasma y yo

Mi alma es una princesa en su torre metida, 
con cinco ventanitas para mirar la vida. 
Es una triste diosa que el cuerpo aprisionó. 
y tu alma, que desde antes de morirte volaba, 
es un ala magnífica, libre de toda traba… 
Tú no eres el fantasma: ¡el fantasma soy yo! 

¡Qué entiendo de las cosas! Las cosas se me ofrecen, 
no como son de suyo, sino como aparecen 
a los cinco sentidos con que Dios limitó 
mi sensorio grosero, mi percepción menguada. 
Tú lo sabes hoy todo…, ¡yo, en cambio, no sé nada! 
Tú no eres el fantasma: ¡el fantasma soy yo!

02. Y el Buda de basalto sonreía

Aquella tarde, en la alameda, loca 
de amor, la dulce idolatrada mía 
me ofreció la eglantina de su boca. 

Y el Buda de basalto sonreía… 

Otro vino después, y sus hechizos 
me robó; dile cita, y en la umbría 
nos trocamos epístolas y rizos. 

Y el Buda de basalto sonreía… 

Hoy hace un año del amor perdido. 
Al sitio vuelvo y, como estoy rendido 
tras largo caminar, trepo a lo alto 
del zócalo en que el símbolo reposa. 
Derrotado y sangriento muere el día, 
y en los brazos del Buda de basalto 
me sorprende la luna misteriosa.

01. Madrigal

Por tus ojos verdes yo me perdería, 
sirena de aquellas que Ulises, sagaz, 
amaba y temía. 
Por tus ojos verdes yo me perdería. 

Por tus ojos verdes en lo que, fugaz, 
brillar suele, a veces, la melancolía; 
por tus ojos verdes tan llenos de paz, 
misteriosos como la esperanza mía; 
por tus ojos verdes, conjuro eficaz, 
yo me salvaría.