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Los riesgos de la descentralización

Poco se recuerda el alto impacto social que tuvo la migración masiva propiciada por el auge petrolero en Villahermosa y Coatzacoalcos, durante los años setentas y ochentas.

Ante el inminente proceso de descentralización de dependencias del Gobierno Federal hacia provincia, anunciado por el gobernó del presidente López Obrador, conviene recordar experiencias similares y su alto impacto.

El descubrimiento de yacimientos petrolíferos en esa zona comprendida entre los estados de Veracruz y Tabasco, generó en PEMEX la necesidad de mover gran cantidad de técnicos y expertos en perforación, de ciudades como Poza Rica y Ciudad Madero, además de otras regiones, hacia Coatzacoalcos y Villahermosa.

Esta movilización masiva de familias completas requirió de vivienda, lo cual encareció las rentas de bienes raíces disponibles y el valor de compra/venta.

Muchos comercios locales aprovecharon la demanda de productos y servicios para incrementar los precios, pues los trabajadores de PEMEX requerían de muchos bienes y servicios. Restaurantes, tiendas de ropa, farmacias y múltiples negocios se vieron favorecidos.

Sin embargo, aunque de inicio hubo un beneficio para la planta comercial local, para la gran mayoría de la población, que vivía de la economía local, el efecto fue desastroso pues se encareció todo de forma vertiginosa con un descenso en su capacidad de compra y calidad de vida, pues, aunque sus patrones aumentaron sus ganancias, eso no se reflejó en sus propios salarios. Los empleados y trabajadores siguieron ganando lo mismo, pero todo ahora era más caro.

Los recién llegados venían con buenos salarios y trabajo fijo, pues eran trabajadores calificados que llenaban las plazas laborales que se abrían localmente en PEMEX. Solo puestos básicos, de salario bajo y además insuficientes en número, podían generar oportunidades para que las aprovechara la gente oriunda de la región.

Llegaron las industrias que daban servicios e insumos a PEMEX, pero también requerían de gente capacitada técnicamente y solo los puestos básicos y de bajo salario estaban disponibles para la gente local. Mientras tanto, seguía la migración hacia ese polo de desarrollo petrolero.

Además, después llegaron empresas comerciales de otras regiones a competir con los negocios locales, más modestos y poco competitivos.

También, además de familias, llegaron trabajadores de PEMEX solteros, así como aquellos que no quisieron llevar familia, lo cual impactó el crecimiento de los llamados “giros negros”, o sea cabarets y prostíbulos, impactando los valores y costumbres locales.

En aquellas épocas no había tanto control de las estadísticas sociales, lo cual también tiene que ver con la lejanía con la capital del país. Además, hubo un alto costo en el equilibrio ecológico.

Este desarrollo económico impactó al “tejido social” local. Se agravaron las desigualdades socioeconómicas.

No es descabellado relacionar aquel impacto negativo social que provocó la migración desordenada que propició PEMEX en esa zona, con el alto nivel de delincuencia que hoy tiene toda esa región, así como de violencia. Que poco se hable de ella en la capital del país, porque hay otras zonas que acaparan la atención de los medios de comunicación, no significa que no sea alarmante.

Esta experiencia de entre treinta y cuarenta años atrás, nos debe servir para hacer reflexionar al nuevo gobierno, de que una descentralización gubernamental no planificada y de corto plazo, no sólo tendrá un alto costo económico para el mismo gobierno federal, además, de posibles conflictos con quienes hoy laboran en todas las dependencias que serán movilizadas, sino un altísimo costo social y de seguridad para las ciudades y regiones que darán hospitalidad a esta migración.

Se requerirá construir vivienda de interés social en altísima cantidad y vivienda media. Escuelas y hospitales, parques recreativos y además, blindar y prever el impacto social.

La descentralización parece ser muy necesaria, pero es urgente realizarla de forma planificada y ordenada y eso puede llevar como mínimo tres años, además de una fuerte inversión para generar infraestructura.

¿Usted cómo lo ve?

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