Monitor Nacional
Los silencios del Papa
Opinión | Eduardo Gonzalez
17 de febrero de 2016 - 8:20 pm
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Los discursos que sí se dieron nos mostraron nuevamente que en la Iglesia Católica hay de iguales a iguales

Las palabras dicen mucho. Los silencios mucho más. La primera visita del Papa Francisco a México dejó profundos silencios que sofocaron sus discursos. La palabrería vertida por el jefe del Estado Vaticano estuvo repleta de lugares comunes: violencia, corrupción, impunidad, injusticia, falta de sensibilidad en el ejercicio gubernamental, narcotráfico, pobreza, cultura de la muerte; sin embargo, faltó ponerles nombre y apellido. En política “forma es fondo”, y la forma discursiva debió hacer referencia al pozo de la tragedia mexicana de manera clara y retumbante. Eso no ocurrió. Las alusiones generales terminaron por extraviarse. La visita por agotarse.

Tres penosos silencios. Son hartas las ofensas que cargamos como sociedad. Ofensas vertidas por los tenedores del poder sin adjetivos. Ofensas que Francisco no puede resolver, eso es una cosa; pero otra, es guardar silencio ante los abusos del poder y sus consecuencias. La herida producida por los estudiantes normalistas de Ayotzinapa desaparecidos a consecuencia del maridaje entre algunos gobernantes y el crimen organizado, reclamaba un lugar en los alegatos papales. Escuchar a los desvalidos padres y madres de los normalistas era un acto mínimo de sensibilidad. No sucedió. La visita a Ecatepec ofrecía un marco insuperable para hablar de los feminicidios, un lugar en donde en los últimos cinco años se han sucedido mil 800 asesinatos de mujeres. En vez de reclamar por la vulnerabilidad que envuelve a las mujeres de Ecatepec, el pontífice permitió envolverse en los apapachos de la clase gobernante. Qué mejor lugar para condenar la pederastia cometida por algunos sacerdotes de la Iglesia en México que Michoacán, la tierra que vio nacer a Marcial Maciel. Personaje indefendible. Condenable. Del abuso sexual a menores a manos de sacerdotes tampoco dijo nada el obispo de Roma. No tuvo tiempo de reunirse con organizaciones que dan la batalla para combatir la trata de personas, para humanizar la migración por el violento territorio mexicano que se ha convertido en el foso de los centroamericanos; incluso, no hubo referencia “que desde 2013 a la fecha, 11 sacerdotes católicos han sido asesinados por el crimen organizado”, en nuestras tierras.

Frente a los lamentables silencios, las prácticas y los discursos que sí se dieron nos mostraron nuevamente que en la Iglesia Católica hay de iguales a iguales, a pesar del papado de Francisco. El Papa sí recibió en privado en la Nunciatura apostólica a directivos de las televisoras; se acercó a la elite política que regentea el poder en México; se reunión con miembros del Consejo Coordinador Empresarial. Para todos ellos el “regaño” en público, el espaldarazo en privado. Para rematar lo azucarado de los discursos papales, su vocero, Federico Lombardi se quejó porque los medios informativos presionaron a Francisco para que abordara el caso Ayotzinapa. No exigirlo hubiese sido complaciente con la jerarquía.

Discursos edulcorados. Profundos silencios. Visita políticamente correcta y astutamente utilizada para la foto y la propaganda simplona con miras al 2018. Tras los telones palaciegos del poder, la Curia romana aceptó las condiciones de la vista por así convenir también a sus intereses. No tocar ni con el pétalo de un sermón al “gobierno” de Enrique Peña Nieto; ni los errores cometidos por algunos sacerdotes y solapados por la jerarquía eclesiástica local; ni mucho menos “golpear” a las cúpulas del poder económico en México.

Lo que la visita del Papa Francisco dejó fueron ofensivos silencios que dieron la espalda a los más desprotegidos y cubrieron la retaguardia de los poderosos.

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