Monitor Nacional
Marchistas pidiendo ciudadanía a la mitad
Divisadero | Eduardo Gonzalez
15 de septiembre de 2016 - 10:10 am
Gente_calle
En México, no hemos conseguido construir una ciudadanía que garantice los derechos humanos para el conjunto de los habitantes

Siempre he pensado que a una parte de la sociedad le gusta que le violenten sus derechos humanos; agradece que no se los respeten a otras personas; y en muchas ocasiones piden o exigen que sus propios derechos sean violentados. Sé que mi afirmación puede sonar muy extrema, pero a la luz de las prácticas y los discursos de muchos ciudadanos, estoy cierto que así es.

Como ciudadanos globales debemos tener la capacidad para entender, aceptar, apreciar, respetar y tolerar las diferencias existentes entre los habitantes del planeta. Sea desde lo local o lo global, como ciudadanos tenemos la responsabilidad de hacer lo necesario para que todos los individuos gocen de todos los derechos. De esa manera, y no de otra, podremos fortalecer el tejido social, construir canales de entendimiento e incluir a todos los grupos sociales en un proyecto ciudadano democrático y respetuoso de los derechos humanos.

En México, la sociedad no hemos conseguido construir una ciudadanía que garantice los derechos humanos para el conjunto de los habitantes. Aunque esto es un problema, me parece que no representa el mayor. El problema más grande es que muchos mexicanos continúen luchando para que millones de personas no tengan acceso a esos derechos.

El resultado de todo ello, es que tenemos una ciudadanía pendiente, con fuertes carencias que es necesario construir. Esto es delicado pero no es lo peor, lo peor es que también tenemos una ciudadanía subejercida, aquella que da cuenta de los derechos que sí tenemos pero no ejercemos. Una ciudadanía pauperizada en casi todos los espacios donde buscamos ejercerla. Una ciudadanía a la mita, donde no todos los ciudadanos cuentan con todos los derechos y las obligaciones. Una ciudadanía fronterizada capaz de construir muros materiales y virtuales para dividir a lo sociedad. Una ciudadanía excluyente donde sus miembros se niegan a incluir a los ciudadanos “diferentes” por considerarlos sus enemigos.

Estas ciudadanías generan en México y el mundo una profunda diferencia entre la ciudadanía “formal” que sólo existe a partir de un mandato de gobierno, y la ciudadanía sustancial que es la esencia del ejercicio cotidiano de la población exento de condiciones que humanicen su existencia.

Las marchas celebradas el sábado pasado en varias ciudades de la República en apoyo a la “familia tradicional”, no tienen nada que ver con falsas discusiones sobre la libertad de expresión que esos grupos marchistas dicen ejercer cuando salen a las calles a manifestar sus posturas. Una cosa es ejercer la libertad de expresión, y muy otra, es salir a las calles a pedir que no les otorguen derechos a otras personas.

Hoy por hoy, el gran reto de nuestra sociedad es acabar con las ciudadanías diferenciadas, lamentablemente lo vivido el sábado pasado abona para profundizar los derechos diferenciados y desgajar aún más el tejido social de nuestro país.

A querer o no, se impone que trabajemos por darle a las personas la libertad de elegir la manera en que quieran vivir, siempre y cuando no dañen a los miembros de la sociedad. El matrimonio igualitario ni remotamente significa un ataque a quienes no lo desean.

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