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Meade, el candidato priísta que no es priísta

Se recreó la ceremonia del “tapado”; la oxigenación del sistema mediante la promesa de que el que sigue es el bueno; la despresurización de nuestra falsa democracia con la pantomima de la “designación” del candidato por las fuerzas vivas del partidazo. De inmediato la cargada de los sectores campesino, obrero y popular atendió el llamado del dedo elector, y corrieron para ser los primeros en comenzar la adulación sin fin del nuevo abanderado en la carrera presidencial. Todo (o casi todo) se llevó a la vieja usanza, conforme a las formas del viejo y desgastado ritual; pero en esta ocasión una parte de la práctica priísta no atendió a las antiguas formas: el ungido no es priísta. José Antonio Meade Kuribreña, ex secretario de Hacienda y Crédito Público, dejó su cargo para asumir “nuevos proyectos”.

¿Qué tan mal se mira la caballada tricolor que la apuesta es por un blanquiazul que ni siquiera atina a decir el nombre correcto del partido que lo postula a la presidencia de la República? Pero eso sí, se inaugura con el cinismo que seguro compartirá una parte de la sociedad: “México le debe mucho al PRI”. Primer joyita del precandidato.

Seguro estoy que quien hubiese sido el elegido por el inquilino de Los Pinos sería, a decires del PRI y su militancia, el “mejor de los perfiles”, el “indicado”.

Meade no es más que un fiel matraquero económico de este sexenio. Creador del gasolinazo, y de una política económica que ha continuado sumiendo en la pobreza a millones de mexicanos, incapaz de generar las condiciones necesarias para que la población acceda al bienestar. Toda su incapacidad para atender la pobreza en nuestro país la demostró con creces desde la Secretaria de Desarrollo Social, donde por cierto fue uno de los artífices para que el INEGI cambiara su metodología para medir la pobreza. Meade, sin duda es el garante del continuismo del prianismo. Colocador de la alfombra roja al gran capital y al poder financiero. Navegante audaz en los gobiernos priistas y panistas; no olvidemos, incluso, que  siendo secretario de Felipe Calderón votó por Peña Nieto. Canciller que pasó sin pena ni gloria por la Secretaría de Relaciones Exteriores. Conocedor de los entretelones de las tarjetas Monex, y de los recursos provenientes de Odebrecht para financiar la campaña peñista en 2012.

No tengo duda, Meade es el candidato del poder. El candidato que garantiza la misma fórmula que por décadas nos ha colocado al borde del despeñadero. Por ello, no deja de llamar la atención los halagos lanzados al ungido tricolor por una parte de la sociedad, que demuestra una vez más, que no tiene memoria histórica, política y social.