Monitor Nacional
Mexicana: a partir de la próxima semana trabajas gratis
Simposios Migrantes | Andrea Martinez
28 de octubre de 2015 - 1:21 pm
Trabajo-MN
La objetivación del cuerpo de la mujer, la sexualización de su persona, reduciéndola a un deseo y no a una libertad posible, es una de las características más tristes de nuestra sociedad

El próximo 4 de noviembre marca el día a partir del cuál, como resultado de la diferencia salarial entre mujeres y hombres, las mujeres británicas trabajan gratis. Para las Americanas es a partir del 1º de noviembre. Similar al Reino Unido, en México la brecha salarial está entre el 15 y el 20%. Los mexicanos estamos muy lejos de tener igualdad de género y el sexismo sigue afectando a nuestro país de manera vergonzosa. Recientemente, la revista ELLE por parte de su campaña #MoreWomen, realizó un video usando Photoshop en el cual “borraba” a los hombres en rangos de poder y la vida pública dejando sólo a las mujeres.  El resultado es desolador. Congresos, senados, comités y gobiernos casi vacíos, con una o dos mujeres presentes.

En México, una de treinta y dos gobernadores es mujer y sólo tres forman parte del gabinete del Peña Nieto. La primera mujer mexicana registrada para un MBA (maestría en administración de negocios) en el extranjero fue en 1988, con poco más de una egresada por año hasta fechas recientes. El porcentaje de mujeres admitidas a MBAs en el mundo es un promedio de 20%. Lo que estos datos indican es que las mujeres no se visualizan dentro de los ámbitos de poder y liderazgo. Simone de Beauvoir lo dijo hace casi setenta (sí, casi setenta) años: la igualdad de género es sólo simbólica si no existe igualdad para las mujeres en el sentido económico. Pero lo que detiene a la mujer contemporánea no son las leyes, sino las formas y costumbres. Según el documental MissRepresentation, la misma cantidad de niñas y niños norteamericanos de edades menores a los 10 años quiere ser presidente, pero la cifra cambia alrededor de los 15, donde muchos más niños que niñas aspiran a ese sueño. ¿Qué está detrás de ésta tendencia?

Simone de Beauvoir, una de las madres del feminismo de segunda ola, propuso ciertas teorías que desafortunadamente aún aplican en nuestros días. “Una mujer no nace, se hace”, dijo Beauvoir en una de las frases más canónicas del siglo XX. A las mujeres se les indica que la feminidad radica en gran parte en su apariencia. Los cumplidos hacia las niñas tienden a girar alrededor de su atuendo, su belleza, lo que se traduce en una industria cosmética que tiene a las mujeres como sus principales consumidores, preocupadas por el ir y venir de su peso y su belleza. ¿Cuantas mujeres dicen “yo no sé de política, no me interesa”? y sin embargo son aquellas leyes y reformas que afectan su vida diaria. La sociedad les ha dicho a las mujeres que deben depender de su porte y apariencia, no de sus posibilidades de afectar su entorno público y político.

Según Beauvoir lo que se fomenta en las niñas es la inmanencia y la facticidad, es decir, lo inescapable de su cuerpo y de su condición. Las mujeres menstrúan, son emocionales, sus hormonas las ponen histéricas. Este doble estándar reduce a la mujer a una visión inferior de ella misma. El hombre posee objetividad y racionalidad, la mujer tiene Síndrome Pre-menstrual, y por lo tanto, se puede dudar de la neutralidad sus decisiones.  Hombres y mujeres son afectados por los cambios en su cuerpo, por estrógenos, testosterona, oxitocina, endorfinas, etc., pero en la mujer es visto como un signo de debilidad. Ejemplos sobran. Los jabones íntimos para mujeres se han popularizado recientemente. Hay un póster enorme en mi gimnasio que dice “Hagamos algo…” anunciando una marca que “minimiza” el olor de los genitales femeninos. Supongo que la idea es que debemos hacer algo para evitarlo. ¿Por qué? Cuerpos de ambos mujeres y hombres tienen un olor particular como resultado de las diferentes hormonas que secretan, entonces ¿por qué sólo las mujeres deben ocultar su aroma? ¿Por qué no hay jabones íntimos para los hombres? El ideal de belleza y perfección que se le ha impuesto a la mujer es inalcanzable para la mayoría. Cada vez se buscan más maneras de encajonarla en un cuerpo de Barbie, sin fallas ni defectos. Los hombres buscan mujeres que se adapten a ese modelo y reflejen el estereotipo de la mujer pasiva y siempre sexy, mientras que las mujeres esperan que los hombres sigan siendo sus proveedores principales, marcando el paso de la vida familiar y económica (como aquella mujer en un centro comercial le pregunta al marido cuántos pantalones se puede llevar). Este modelo cuadrado de la realidad no beneficia ni a hombres ni a mujeres, los mantiene en polos opuestos, como enemigos y no como elementos necesarios uno del otro.

La objetivación del cuerpo de la mujer, la sexualización de su persona, reduciéndola a un deseo y no a una libertad posible, es una de las características más tristes de nuestra sociedad. Los silbidos y comentarios que las mujeres mexicanas diariamente enfrentamos en las calles resultan violentamente invasivos. No muy lejos del acoso verbal en las calles, está el juicio de las mujeres en el poder. Los tabloides y noticieros se enfocan en su vestuario, en su maquillaje y la posibilidad de que tenga o no cirugía estética. La manera en que mujeres como Hillary Clinton, Condolezza Rice y Sarah Palin han sido juzgadas por los medios es una falta de respeto a su trabajo en el ámbito político público. Alguna vez escuché como una chica le presumía a su novio cómo los hombres le silbaban en la calle. En ella se conjuntaban todos los factores de la opresión de género que ella, sin protestar, había absorbido y aceptado como suyos. Para que mujeres como ella dejen de verse a través del espejo que representa la mirada masculina, debemos propiciar una sociedad en donde las mujeres con poder no sean una excepción, sino el 50% de gabinetes, congresos, senados, empresas, etc. Debemos inculcar en nuestra(o)s [email protected], [email protected], [email protected] y [email protected] que el valor de una mujer no se mide en su cintura ni en sus facciones, sino en sus proyectos y triunfos como ser humano. Debemos de partir de una visión donde ambos hombres y mujeres  son seres emocionales y racionales, ninguno es reducible a un estereotipo, ninguno tiene menor capacidad de tener un impacto social.  Para mejorar nuestra sociedad pero también la relación entre mujeres y hombres, debemos entendernos como igualmente libres, trascendentes y posibles. Las mujeres deben aspirar al poder, verse en él para que nuestros políticos realmente representen la realidad social y no sea una mitad de ella que trabaje sin salario los últimos dos meses del año.  Esto es igualdad social, y esto ha sido la meta principal del feminismo desde hace un siglo.

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