Monitor Nacional
México viste de morado
México lindo y kafkiano | Alan Díaz Díaz
7 de marzo de 2017 - 12:43 pm
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Sólo dándonos cuenta de este ciclo macabro en el que nos vemos atrapados tendremos oportunidad de romperlo, sin vernos obligados a ser sacrificados en el proceso

Sea usted religioso o no, no podrá negar la gran influencia que el folclor religioso tiene en nuestra vida diaria, considerando, sobre todo, que vivimos en un país profundamente católico. Esto es especialmente relevante, más allá de las ocasiones en donde el estado laico parece más ficción que realidad, porque nos da cierto bagaje de referencias dentro del mundo de la literatura, fiestas y tradiciones al cual todos nos podemos referir.

Teniendo esto en cuenta usted probablemente habrá notado la semana pasada hemos entrado nuevamente, como lo indica el calendario litúrgico, en el tiempo de cuaresma. Para los católicos este es una época de suma importancia pues representa una espera; es un tiempo de preparación hacia un evento doloroso, hacia lo que para ellos significa el sacrificio final; y como tal, implica que aquellos que esperan también sacrifiquen cosas, involucra prácticas de arrepentimiento y de penitencia tales como el ayuno y la abstinencia.

Creo podemos trazar un paralelo entre esta época cuaresmal y los tiempos que nos toca atravesar como país…sólo que hay una pequeña diferencia: México se adelantó por años a la cuaresma. ¿Acaso no estamos en una época de privaciones, donde somos constantemente alentados a hacer “sacrificios” (que en realidad quiere decir debemos tolerar, “aunque sea por esta vez”, cualquier plan que se le ocurra a nuestros brillantes gobernantes) a nombre del bien nacional?

La verdad es que estamos en una cuaresma económica, política y social. Nos damos cuenta de esto cada vez que vemos todas las abstinencias y carencias con las que México vive: Carencia de oportunidades, no digamos para todos, sino aunque sea para un sector importante de la población, que se refleja en los más de 50 millones de ciudadanos que tenemos viviendo en condiciones de pobreza extrema. Carencia de educación de calidad, o en muchos casos de educación en sí, que promete minar cada vez más nuestras oportunidades como país de ofrecerles un futuro a los más jóvenes, y con ello, a nosotros, saboteando el progreso y la competitividad de México a largo plazo. Carencia de transparencia en prácticamente todos los órganos de gobierno, y de sentido de rendición de cuentas en nuestros gobernantes.

Nuestras privaciones en temas tan básicos son evidentes cada vez que se añaden números por montón a la creciente (y cada vez más ominosamente obesa) cifra de muertos y desaparecidos. Cada vez que vemos lacerada nuestra libertad de expresión en la forma de la muerte de un reportero más. Cada vez que descubrimos un nuevo nexo en la ya tan compleja red de compadrazgos y negocios turbios entre mafias y partidos o gobiernos, que van borrando la línea entre las asociaciones criminales y las instituciones políticas. Cuando observamos una falta inclusive de representación de parte de nuestros gobernantes ante los agresores y abusadores externos. Cada vez que nos damos cuenta que, precisamente, estas privaciones en temas de supervivencia básicos son tan severas que orillan a miles y millones de mexicanos a arriesgar todo lo que tienen por ir a los Estados Unidos a buscar lo que aquí no les pudimos ofrecer, abriendo una herida tan grande en el norte del país, que nos tiñe, y hasta empapa, de color rojo, con el riesgo de desangrarnos.

Ante esto, la tentación de hacer la analogía al pasaje bíblico de la pasión es tan grande, que las similitudes son hasta risibles. ¿Qué han hecho, ante tan crudo panorama, aquellos que no sólo idealmente deberían evitar estas situaciones, sino que además son muchas veces responsables de ellas? Lavarse las manos y pedir aguantemos un poco más, porque esto es sólo una etapa, es una situación pasajera; no queda más que, como dijo nuestro actual pasante en Relaciones Exteriores Luis Videgaray (ya saben, en sus tiempos cuando estaba aprendiendo otros temas), “ajustarse el cinturón”. Porque tiempos mejores vendrán. Un examen rápido a la historia de las últimas décadas destruye cualquier pronóstico optimista similar a éste. Tiempos mejores no han venido para el país de la eterna crisis…ni lo prometen.

Resulta tentador, por supuesto, en esta fiesta de analogías cuaresmales, apelar, como en otras ocasiones, a la idea de que debe venir un tiempo para la salvación, y que se manifestará en forma de una persona, un mesías político si se puede decir. Quizás aquí está el peligro más grande de todos en lo que respecta a cuándo es prudente mezclar nociones religiosas con nociones políticas (al menos en el caso mexicano). A final de cuentas México no sólo no es ajeno a la idea de salvadores individuales, sino que sigue estando muy encariñado con el concepto, pese a que la experiencia, como buena maestra de vida que es, nos ha enseñado una y otra vez, de forma muy cruel, que estamos equivocados al esperar tal evento. En 2018, será de sumo peligro nuevamente el coquetear con la idea de un mesías que traerá una especie de Armagedón a la clase política y sus injusticias.

Aunque suene raro, considero el enemigo a vencer es ese sentido de gran esperanza que gente promedio, como usted o como yo, experimentamos día a día; es momento de acabar con los sueños de días mejores que sirvan como paliativos para el dolor de una población, momento de acabar con la noción de que sólo vivimos una especie de rito de paso hacia un futuro mejor. No pasará. Ciertamente no pasará sólo deseándolo.

¿Es mejor vivir en la desesperanza? No, no lo creo. Considero más bien que el ser pasivo no representa una opción. Tal vez debemos de considerar que no existe una razón para que vivamos en una serie interminable de sacrificios, no hay un motivo para resignarnos a ser una nación de Sísifos. Puede ser que no sea normal que la vida de un ciudadano se viva en medio de carencias. Tal vez sería pertinente que el otro lado de la balanza política empiece a apretarse su cinturón en serio. Al final del día esa reflexión sólo la puede hacer usted.

Como sea, la reflexión es importante e inevitable en este proceso. Sólo dándonos cuenta de este ciclo macabro en el que nos vemos atrapados tendremos oportunidad de romperlo, sin vernos obligados a ser sacrificados en el proceso.

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