Monitor Nacional
Migración hacia la muerte
Divisadero | Eduardo Gonzalez
5 de agosto de 2015 - 8:14 pm
Migrantes-MN
A querer o no, las ausencias que recaen sobre los migrantes sin importar su geografía, los convierte en ciudadanos de tiempo parcial

Frente a la violenta obligatoriedad de migrar experimentada por cientos de miles de africanos, los “expulsados” de “sus” comunidades no miran en el horizonte la posibilidad de morir en el intento. No imaginan perder lo único que les queda: la vida. Bajo la premisa de “solo cruzar el mar” y llegar a la Europa primermundista se lanzan a las turbulentas aguas mediterráneas en busca de un sitio donde vivir. Más aún, al tocar tierra recorren sin parar la territorialidad del viejo continente para alcanzar el norte de Francia e intentar la locura: cruzar a Inglaterra a pie a través del eurotúnel desde el puerto francés de Calais. En estos momentos en esa localidad se observan al menos 3 mil migrantes apoltronados en campamentos provisionales esperando el momento adecuado para internarse por debajo de las aguas del Canal de la Mancha.

Los planes pocas veces se cumplen. Las expectativas de una vida “mejor” van naufragando al tiempo que se navega por el Mediterráneo, o se deshacen en las veredas andadas desde Italia y Francia para llegar al norte del continente. ¿Quién se atrevería a migrar con rumbo a la muerte? Seguramente nadie. Los africanos se tropiezan con ella mientras conjugan el verbo “buscar”. No salen a morir, pero lo harán. No se van a sufrir vejaciones, pero las vivirán. No huyen para perder su familia, sino para tener un futuro, aunque al tiempo queden solos y sin un espacio donde estar. No empeñan su palabra de mandar recursos y eventualmente volver o regresar por los parientes para no cumplirla, aunque seguramente eso sucederá.

La dimensión de las frecuentes insuficiencias en el continente africano podemos aprehenderla cuando miramos decenas de norafricanos arribar a las costas de Libia y treparse en cayucos y pateras para alcanzar los inermes peñascos españoles situados frente a las costas marroquíes: isla de Tierra, isla de Mar, islote del Perejil, isla Chafarinas, Tierra de Alhucemas y peñón de Vélez. Todos estos pedazos de tierra han comenzado a mirarse como el trampolín para salir de la pobreza y la desesperanza que caracteriza la geografía al sur del Mediterráneo. Sin llegar a ser (hasta el día de hoy) un camino como el trazado hacia las islas Canarias desde finales de la década pasada, los peñascos españoles comienzan a mirarse como la ruta para acceder a Europa; así como algunas islas italianas como Lampedusa. Es como una suerte de saltar de piedra en piedra para cruzar un río. Día a día las maltrechas embarcaciones cargadas de pobreza y desesperación arriban a las costas europeas.

Se calcula que desde 1990 han perdido la vida 8 mil personas en el Canal de Sicilia, el punto más cercano entre Libia e Italia, y donde los navíos cargueros, la guardia costera y barcos militares europeos han encontrado a la mayor parte de las víctimas (El País, 3 de octubre de 2013). Este año la tragedia se ha profundizado. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) (El País, 4 de agosto de 2015) más de 2 mil personas han muerto en los primeros siete meses del año en su intento por cruzar el Mediterráneo para llegar a Europa, cifra que supera con cuatrocientos individuos a los fallecidos en todo 2014. Por otro lado, la organización informó que 188 mil personas al logrado alcanzar los territorios europeos, lo que coloca genera mayor tensión en diversas comunidades italianas, españolas, griegas y francesas, así como acalorados debates en Bruselas para decidir de qué manera se enfrenta el fenómeno migratorio ocasionado por la pobreza africana, de la cual tiene una profunda responsabilidad Europa y sus históricas políticas de saqueo.

A querer o no, las ausencias que recaen sobre los migrantes sin importar su geografía, los convierte en ciudadanos de tiempo parcial. Ciudadanos a la mitad. Para ellos hay que establecer canales de migración regular y fortalecer la cooperación con los países empobrecidos. En caso de que los gobiernos africanos no garanticen el derecho a no migrar de sus ciudadanos, se impone establecer condiciones adecuadas para permitirles desplazarse a lugares donde puedan encontrar un lugar para vivir. De lo contrario, África y Europa serán cómplices de la crisis humanitaria-migratoria que se presenta en las aguas del Mediterráneo, y los exiliados africanos seguirán migrando hacia la muerte.

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