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Mitos y Realidades de DACA: El futuro incierto de los migrantes

Desde su fundación en 2012 el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés). Ha otorgado permisos de estadía y trabajo con duración de dos años y derecho a renovación cuando éste expire. Para poder aplicar a ser miembro del programa se necesitaba cumplir con diferentes requerimientos: haber sido menor de edad al ingresar al país (es decir, 16 años) y no contar con antecedentes penales y haber finalizado la educación secundaria.

A pesar de no ser una amnistía ni mucho menos una vía para conseguir una Green Card, DACA ofrecía la seguridad de poder aplicar a un trabajo y realizar estudios superiores, inclusive, se permitía la solicitud de un Número de Seguro Social, sin el temor a ser deportado debido a el estatus de inmigrante.

Para 2017, los 622 mil mexicanos abarcaban el 79% de las 800 mil personas registradas aproximadamente. Seguidos por el Salvador (30 mil), Guatemala (19 mil) y Honduras (13 mil). La mayoría de ellos se concentra en los estados de California, Texas y Nueva York.

Pero en septiembre de 2017, el presidente regente Donald Trump presentó una orden ejecutiva exigiendo el fin del Deferred Action for Childhood Arrivals de efecto inmediato lo que provocó el disgusto y protesta de 15 estados,  el Distrito de Columbia y el Distrito Eastern del estado de Nueva York que se materializó en una demanda contra el estado que apela a la violación en dos ocasiones la Ley de Procedimiento Administrativo al igual que la Constitución ya que se viola el derecho a la igualdad ante la ley basado en el origen de una persona.

A raíz de esta oposición, se pudo negociar el desplazamiento de la terminación al 5 de marzo de 2018 este cambio permitía que los beneficiarios de DACA no fueran deportados ni sus permisos de trabajo revocados, sin embargo, no se aceptarían nuevas solicitudes. Mientras la fecha se acerca, se esperaba poder llegar a una solución que no involucrara la deportación de los dreamers.

Hace una semana el presidente Trump decidió anunciar su solución a esta incómoda situación que se ha vuelto, una vez más, la de los migrantes: intercambiar el sueño dreamer por recursos económicos que le permitirán llevar a cabo su propuesta más perseverante durante su campaña política: la construcción de un muro fronterizo con México.

Habrá que recordar que la promesa de un muro no es algo nuevo por parte del Presidente. La necesidad de crear una frontera física (ya que abstractas existen muchas) ha sido tajante desde su carrera hacia la presidencia y posteriormente, a sus primeros días como cabeza del Estado, es correcto afirmar que Trump ganó la elección gracias a sus promesas de proteccionismo y separación de su vecino del sur.

En agosto de 2017 Trump amenazó con paralizar su gobierno para construir esta barrera; posteriormente, en la cumbre del G-20 celebrada en julio del año pasado, le reiteró al presidente Enrique Peña Nieto que seríamos los mexicanos quienes pagaremos el muro, junto con la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). A lo que el jefe de Estado mexicano respondió de forma cooperativa afirmando que el tratado es obsoleto en muchos aspectos y cooperará de buena voluntad en su actualización, pues ya lleva 23 años en vigor.

Cuando ocurrió el paro del gobierno a inicios de este año, Trump culpó nuevamente a los demócratas alegando que ellos mantenían una postura de “falsa necesidad para regularizar” a los cerca de 800,000 jóvenes indocumentados que pertenecen a DACA, además de calificarlos esta oposición como “perdedores” emitió un comunicado en el que advirtió que no negociaría con ellos.

Volviendo a la actualidad, ahora que se acerca la fecha de terminación de DACA era imposible no obviar la ventada de oportunidad que tenía el Presidente para volver a solicitar fondos para el muro que dejaría de una buena vez por todas a los “bad hombres” fuera del sueño americano.

Trump anunció que presentaría un plan que incluye un mecanismo para que los dreamers puedan quedarse en los Estados Unidos, pero solo si se asegura una desviación del presupuesto a esta “necesaria” causa que resulta, según el mandatario, comparable a el muro que se irguió en Israel que “solventó un gran problema. Necesitamos el muro, por seguridad”

Lo que nos debe de llevar a la reflexión: ¿Realmente Estados Unidos sería un país más seguro sin la presencia la comunidad latina? Porque a pesar de que el objetivo de las quejas de Trump son los indocumentados, se sabe que su etnocentrismo se extiende más allá de un papel.

En 2015 se registró que solo el 18 por ciento de los crímenes en Estados Unidos fue realizado por una persona de origen latina o hispana. Además, solo el 1.6 por ciento de los 11 millones de inmigrantes entre 18 y 39 años está encarcelado en contraste al 3.3 de los nativos del país. En este año se cometieron 6.5 millones de crímenes, de los cuales 16.6 por ciento fueron realizados por la comunidad latina. Lo anterior según el estudio realizado por el Consejo Americano de Inmigración.

Mientras el debate interminable ocurre en la casa blanca, México ya ha expresado mediante un comunicado que ya ha pensado las medidas que tomará para que los dreamers tengan una transición de regreso al país lo menos agresiva posible:

-Revalidación inmediata además de acceso a la educación del país.

-Creación de una Bolsa especial de trabajo en México, a través de los Consulados.

-Becas para México y otros países.

-Afiliación al Seguro Popular.

-Programa Crédito Joven para Dreamers en Estados Unidos y México.

Aunque a primera vista puede verse como buenas iniciativas para los jóvenes que llegan al país, no resuelve incógnitas tales como las barreras del idioma, la realidad de que llegaran probablemente sin un hogar o familia que los acoja, sin bienes, ni ningún tipo de ingreso, por no hablar de las diferencias entre ambas culturas.

Otro problema que debe destacar es qué ocurrirá con las remesas. A pesar de haber sido electo Trump, las remesas enviadas a México alcanzaron un máximo histórico de 28,771 millones de dólares, representado en un aumento del 6.59% respecto a 2016, de acuerdo con cifras del Banco de México (Banxico). ¿Cómo se solucionará este ingreso al país, una vez que Trump decida hacer la deportación masiva de los dreamers? Ya que este rubro cubre el 2.3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país, es necesario tener una estrategia que, si no soluciona, al menos regule el reto que va a representar el fin o reducción de las remesas para el país.

A pesar de que la fecha se acerca, el Estado mexicano se ha mostrado relativamente calmado y pasivo ante la situación. Aunque la llegada de los dreamers no alcanza al millón de personas, es un escenario que causará nuevos retos y situaciones para los que el país debería estar preparado. Aun existiendo una estrategia para otorgar educación y trabajo para los jóvenes, no se ha profundizado en el tema como es debido lo que deja la interrogante de ¿Realmente México está preparado para recibir a sus soñadores?