Muerto el rey, viva el rey

En nuestro país hemos visto con creciente rapidez cómo se ha desatado un fenómeno político en el que los dirigentes partidistas, funcionarios públicos, líderes sociales, gobernadores y todo aquél que tenga un poco de poder puede llegar a tener todo el poder, puede llegar a tomar todas las decisiones, puede llegar a ser la columna vertebral, el corazón, la mente, las manos y los pies de una organización o de un gobierno y sin embargo llegado el momento de la sucesión resulta este mismo rey, uno que todo lo hizo mal, que sólo se preocupó por el, que nunca tomó decisiones adecuadas, se le acusa de todo y todos buscan decir o explicar de la mejor manera porqué es que todo lo hizo mal. Algunos ejemplos de estos casos son: Vicente Fox, Felipe Calderón, Gustavo Madero, Marcelo Ebrard, los chuchos, el saliente gobernador de Nuevo León, Padrés, el saliente gobernador de Sonora, y otros gobernadores que están siendo investigados en México o en Estados Unidos.

Lo trágico es que todos ellos en algún punto fueron seguidos y alabados por todas sus decisiones, aplaudidos por toda su corte y celebrados en todas sus ideas. Tal vez el ejemplo más claro que tengamos en estos días sea el del presidente o más bien ex presidente del PAN, Gustavo Madero, que mientras tuvo el poder pudo hacerlo todo, enfrentarse con el expresidente de la República (Felipe Calderón), renunciar temporalmente a la presidencia, auto nombrarse diputado plurinominal, acordar la dirigencia de la bancada de su partido en San Lázaro, regresar a la presidencia de su partido, nombrar a sus sucesor y encaminarse a la elección presidencial de 2018. Sin embargo, muerto el rey, viva el rey. Su sucesor, su excolaborador, suex sirviente como lo fue Ricardo Anaya, ahora convertido en el nuevo presidente de Acción Nacional, relegó a Madero a un puesto sin importancia o peso político y le entregó la coordinación de la bancada a otra persona.

Sin embargo este fenómeno lo podemos rastrear hasta Cuauhtémoc Cárdenas que fue relegado en el PRD o al ex gobernador ex priísta de Nuevo León, quién otro ex priista como lo es el bronco (con 25 años de carrera en el PRI), lo está acusando públicamente desde su “independencia⬝ de malversación de fondos públicos, corrupción, defraudación y un sin fin de cargos.

Lo que quiero señalar es que las sucesiones en el sistema político mexicano ya no son como hace 30 o 40 años lo llegaron a ser, actualmente el sucesor forja su buen nombre y prestigio con la cabeza de su antecesor a los pies. No importa si eres azul, tricolor, amarillo, o “independiente⬝, el momento de la sucesión sin duda, es el momento de mayor peligro y riesgo para todo político de nuestro país. La traición, el señalamiento público y el deslinde son la moneda de cambio normal en estos días de política revuelta que vivimos en nuestro país.

Todo aquél político de hoy en adelante no debería estar pensando en cómo subir un puesto más, sino más bien cómo no acabar muerto políticamente al momento de su sucesión.