Monitor Nacional
Mujeres en las cárceles latinoamericanas
Latinoamérica | Redacción
16 de noviembre de 2016 - 1:31 pm
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La prisión es para la mujer un espacio de discriminación y de opresión, claramente reflejado en el trato recibido y en las señalizaciones más férreas de la sociedad

Existen varias características que tienen en común las regiones de América Latina, desafortunadamente la mayoría son negativas como son: la corrupción, la impunidad, las violaciones a los derechos humanos y la pobreza entre otros.

América Latina se encuentra entre los lugares más violentos del país, casi emparejada con los niveles de violencia ocurridos en África, más de dos tercios de los secuestros ocurridos en el mundo se dan en América Latina

La situación se complica cuando vives dentro de una cárcel latinoamericana, la revista británica The Economist las ha descrito como “un viaje al infierno” debido a las pésimas condiciones en las que se vive y el nivel de peligrosidad que estas alcanzan, América Latina cuenta con cuatro de las cárceles más pobladas del mundo, los niveles de sobrepoblación son los siguientes.

Haití cuenta con 416% de sobrepoblación en sus cárceles

El Salvador cuenta con 320%

Venezuela cuenta con 270%

Bolivia cuenta con 276%

Lo más preocupante de todo esto, es que el 46% de los reclusos ni siquiera tienen condena, muchos de ellos han sido olvidados por el sistema de justicia y esperan el día de un juicio para poder salir, muchos son detenidos sin tener certeza si realmente fueron culpables del crimen que se les imputa, son sometidos a tácticas de ablandamiento y sumisión con el fin de obtener declaraciones que a las autoridades les convienen entre estas tácticas se destacan, tortura física y psicológica, abusos sexuales, trabajos forzados, encierro aislado sin luz y poca ventilación, imposición de hábitos y normas de conducta etc.

El sistema de impartición de justicia es facciosa, no se imparte de manera equitativa, existe el maridaje entre delincuentes y autoridades, compra de testigos, fabricación de pruebas, lo más triste de la situación latinoamericana es que, quien está dentro de las prisiones es porque no tiene los recursos necesarios para estar afuera (no siempre se trata de dinero), la situación es aún peor cuando se trata de mujeres, la situación es dramática, existe una dura señalización hacia las mujeres delincuentes que hacia los hombres, esto debido al rompimiento del rol clásico que les otorga la sociedad de madres de familia y esposas abnegadas, las mujeres se vuelven muchas veces invisibles incluso para sus propias familias, a quienes dejan de visitarlas en los reclusorios.

En América Latina existe un déficit en políticas y leyes adecuadas a las necesidades de las reclusas, por ejemplo el acceso a artículos de higiene femenina, las facilidades a mujeres embarazadas o en etapa de lactancia, no se cuenta con la infraestructura necesaria para las mujeres quienes dan a luz o tienen a sus hijos con ellas, no existe la atención médica especializada que respete las diferencias físicas y biológicas entre hombres y mujeres, las leyes con las que se imparte justicia están hechas en un modelo androcéntrico, es decir, basado en las necesidades de los hombres, sin contemplar las de las mujeres, no cuentan con programas de ayuda penitenciaria que ayuden a recuperar su libertad y les sea posible reinsertarse en la vida laboral y social, muchas de estas mujeres al salir son señaladas e imposibilitadas de llevar a cabo una vida “normal”.

El problema se puede ver claramente en la ausencia de investigaciones enfocadas en las motivaciones que conllevan a las mujeres a delinquir, las investigaciones existentes se han hecho bajo la mirada del delincuente varón, a partir de esto no es difícil entender el discurso que se maneja en torno al delincuente, las normas jurídicas y la impartición de las penas.

Es importante contar con una política criminal basada en un enfoque de género, que permita a las mujeres poder satisfacer sus necesidades de una manera más sencilla, esta ausencia de política criminal favorece a que las necesidades de los hombres se vean privilegiadas por encima de las necesidades de las mujeres, esto conlleva a que diversas actividades a las que tienen derecho les sean restringidas como talleres de trabajo y capacitación, que no cuenten con los recursos y personal capacitado que pueda cubrir lo mínimo necesario, además de esto, se olvidan de algo que es sumamente importantísimo, olvidamos tomar en cuenta que los sexos tienen género, por lo tanto diferentes roles y valoraciones que afectan de distinta manera.

La prisión es para la mujer un espacio de discriminación y de opresión, claramente reflejado en el trato recibido y en las señalizaciones más férreas de la sociedad hacia las mujeres que hacia los hombres, las características en las prisiones de América Latina presentan muchas similitudes; largas condenas, gran número de detenidas sin condena, mal estados en las instalaciones, falta de atención médica, escasas actividades educativas y laborales.

Uno de los sucesos más traumatizantes para las mujeres reclusas es la pérdida de sus hijos, la preocupación por ellos es algo que las acompaña a lo largo de su condena, causando en algunos casos trastornos y obsesión, estas mujeres a menudo sufren el abandono de sus parejas o compañeros, en las cárceles para mujeres es posible observar que la mayoría de las visitas recibidas son de mujeres, muy pocos hombres, algo que llama la atención ya que en las cárceles masculinas las visitas no son mayoritariamente hombres, sino mujeres, lo que nos permite darnos cuenta el abandono al que son sometidas estas mujeres.

El sistema penitenciario pretende devolver a la mujer a la sociedad como los roles de la sociedad lo marcan “una verdadera mujer” es por eso que recurren a las técnicas tradicionales de socialización; los trabajos y la formación que se les otorgan en la cárcel son aprender a coser, cocinar, planchar, limpiar, confeccionar etcétera, esto muestra una clara despreocupación para otorgarles las herramientas necesarias para poder enfrentarse al “mundo real” cuando salgan de la cárcel, pues pocas de estas actividades enseñadas, les permitirán subsistir de manera independiente.

A pesar de todas las dificultades con las que se enfrentan, se debe reconocer que en últimas fechas se ha presentado un mayor interés en el caso de la mujer delincuente y en el tratamiento que se recibe dentro de la cárcel, esta inquietud ha surgido debido al considerable aumento de las mujeres involucradas en delitos, lo que ha incrementado el hacinamiento y deteriorado las condiciones de reclusión.

Ana Claudia Valenzuela Loeza

Estudiante del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Mty (ITESM.) Campus Gdl.

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