“Nace una estrella”, la película que podría darle su primer Oscar a Lady Gaga y Cooper.

Nace una Estrella

La mancuerna entre Gaga y Cooper en Nace una estrella, marca su debut dentro del séptimo arte, con un remake que lo tiene todo para ganar y sobre todo, para recordar.

Si el color de los ojos determinará nuestro destino, entonces en los profundos ojos azules de Bradley Cooper encontraríamos la respuesta de su firme paso por Hollywood, un caudal de agua abriéndose paso entre las rocas, no por su persistencia, sino por su consistencia.

El actor nacido en Filadelfia y actual pareja de la modelo Irina Shayk, pasó de ser una de las conquistas de Carrie Bradshaw en la serie Sex and the City, para finalmente saltar a la fama en 2009 con la película ¿Qué pasó ayer? que tuvo dos entregas más. Su participación en otros proyectos lo ayudó a consolidarse como un verdadero actor echándose a la bolsa el reconocimiento de la crítica por sus interpretaciones en películas cómo: Los juegos del destino (2012), Escándalo Americano (2013) y Francotirador (2015), que le valieron nominaciones al Óscar por tres años consecutivos.

Este año, marca su debut como director con la cinta A Star is Born, una nueva y fresca versión que incluye a la talentosa Stefani Germanotta, mejor conocida como Lady Gaga, uniéndose a la lista de otras polémicas artistas que en su momento tomaron su papel: Janet Gaynor en 1937, seguido de Judy Garland en 1954, y por último a Barbra Streisand en 1976. Aunque el proyecto se encontraba en manos de Clint Eastwood, y tenía contemplada a Beyoncé, finalmente fue retomado por Cooper, quien se incluyó también en el rol principal dando vida al cantante Jackson Maine.

La premisa es la misma de las anteriores, la chica que desea fervientemente convertirse en cantante, y cómo se ve envuelta en una historia de amor con su descubridor. Lo que diferencia este drama romántico de pop y rock and roll de 136 minutos, es el corazón que le imprimen Gaga y Cooper, qué más allá de la evidente química, se siente honesto, sin pretensiones ni exageraciones, pero sí con mucha pasión.

La escena que confirma lo anterior es cuando Jackson —que ya es un cantante consagrado y reconocido— le reprocha a Ally que cantantes hay muchas, pero pocas son las que tienen algo que decir con su música. Y es que cuando la pasión entre dos personas coincide más allá del plano del aquí y el ahora, con otro ingrediente más efervescente, que algunas veces sirve para apagar la soledad, dar fuerza, y valor para sentirse un poco vivos; no debe de extrañar que la musa de esta historia, sea la música, un personaje aparte, con el peso necesario que reciben las estrellas. Así Cooper permite que el espectador disfrute de los musicales, y los digiera poco a poco, pues sus letras tienen mucho que decir, y de paso sorprendernos gratamente con lo entonado de su voz.

Sin embargo, los problemas en el paraíso comienzan cuando la carrera de Ally despega, y un Jackson alcohólico, lucha en silencio en contra de sus demonios internos, activando el descenso en picada de todo lo que había logrado construir, fisurando la historia de amor.

Todos los elementos que Bradley Cooper eligió para su ópera prima, encajan perfectamente en este rompecabezas, desde la grabación de los musicales en festivales como Coachella y Glastonbury con público real, hasta la elección de Sam Elliott como su hermano mayor, dando cátedra de actuación. Quizá lo único reprochable, es que Ally gradualmente se convierta en Lady Gaga.

La historia de Nace una estrella es magia pura, sus canciones, una caricia para el alma. Jackson y Ally demuestran una vez más, que los momentos son efímeros, y que para brillar, hay que ser vistos como somos en realidad. Oscarisable o no, el cuento de hadas será atemporal por lo íntimo, prolijo y honesto de su mensaje.

 

Wilmer Ogaz.