Monitor Nacional
No cambiaría nunca el hecho de ser mujer
Por la libre y con amor | Yadira Arzate
9 de junio de 2017 - 11:01 am
columna-mn
El empoderamiento femenino que se desarrolla en estos tiempos, busca fortalecer la unidad social a partir de una mejor calidad de vida de las mujeres, las familias y las comunidades

Chicas, nunca han jugado a la pregunta: “¿Qué hubieras preferido, ser hombre o mujer?”. A muchas nos ha pasado que desearíamos estar en los zapatos toscos y grandes de un hombre y renunciar a las bellas zapatillas y los cómodos “flats” de colores, cuando estamos menstruando y tenemos que ir a trabajar, o bien, cuando salimos muy noche y nos da miedo caminar por la calle.

A veces creemos que la vida de ellos es mucho más cómoda, la verdad no lo sé, ni me gustaría saberlo. Me gusta mucho mi posición y esto lo digo sin hacer menos al género opuesto. Es simplemente que nunca he sido hombre, y toda mi vida he sentido y pensado como mujer. Tampoco quiero que se malinterprete como una discriminación hacia la comunidad LGBT. Sólo quiero reconocer y valorar a las mujeres por lo que somos, por lo que la naturaleza nos ha otorgado, algo que ellos hasta el día de hoy no pueden tener: la capacidad de albergar una nueva vida, la posibilidad de llorar de manera desinhibida al ver una película de amor, o bien, obtener un beneficio con una sonrisa franca y mirada tierna.

Es fabuloso ver cómo se habla con más frecuencia del papel de la mujer en los diferentes ámbitos de la vida política, social, artística, etc. El empoderamiento femenino que se desarrolla en estos tiempos, busca fortalecer la unidad social a partir de una mejor calidad de vida de las mujeres, las familias y las comunidades.

Diversos organismos internacionales están trabajando para que esto sea una realidad. El respeto a hombres y mujeres de cualquier edad, raza o religión es la base para un desarrollo y crecimiento. Me siento muy contenta de ver que mi generación tiene mejores oportunidades que la de mi madre o mi abuela. Tener espacios para expresar nuestras ideas y desarrollarse en la actividad que uno desea realizar nos libera de prejuicios, fortalece la autoestima al descubrir que somos inteligentes, valientes y trabajadoras, todo esto sin perder nuestra esencia: sensibles, amorosas, alegres.

El ser mujer hoy en día debe portarse con orgullo, sin miedo a ser violentadas, humilladas o denigradas. Todavía hay mucho por hacer, pues tanto en comunidades rurales como urbanas, en niveles económicos altos y bajos se vive el maltrato a la mujer. Y aunque diferentes instituciones trabajan día a día para que esto termine, creo que nosotras tenemos una obligación moral para que este cambio se genere pronto.

Nosotras mismas, como mujeres debemos educar en nuestra familia el respeto y la equidad de género no sólo al lavar los trastes o limpiar la casa. Con tristeza veo niñas cantando junto a sus mamás, canciones que denigran a la mujer. Hoy diversos géneros musicales abarrotan las salas de conciertos, los canales de música en televisión e internet promoviendo la violencia hacia la mujer. Esto es algo que debe terminar. No nos abandonemos, no nos ataquemos entre nosotras. Si queremos que ellos nos respeten, dejemos de decirnos zorras, tontas, inútiles, fáciles. Dejemos de usar productos que nos venden como objetos, es más, dejemos de vendernos como objetos sexuales.

Cambiemos esa imagen, trabajemos desde el hogar para que ninguna mujer desee ser hombre por sentirse en desventaja en esta sociedad. Cuidemos a nuestras madres, hermanas, hijas y amigas. Empecemos a respetarnos nosotras mismas para que no haya nunca más ninguna mujer que sufra por el simple hecho de serlo.

 

TAGS: ,