Monitor Nacional
No Celebremos la Captura de Duarte
México y yo | Regina Sepulveda
25 de abril de 2017 - 2:38 pm
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Para terminar con esta corrupción e impunidad de los gobernadores mexicanos no basta con la captura de uno que otro gobernador.

Como probablemente todos sabemos, el sábado 15 de abril, fue capturado el exgobernador Javier Duarte mientras se hospedaba en un edificio de lujo sobre el lago de Atitlán en Guatemala. A Duarte se le acusa de haber desviado más de 35 mil 421 millones de pesos de dinero público durante su gestión como gobernador del estado de Veracruz, de 2010 a 2016, y es investigado por lavado de dinero y delincuencia organizada. Además, la secretaría de Hacienda lo investiga por haber realizado contratos millonarios con decenas de empresas fantasma. Duarte desapareció el 15 de octubre a bordo de un helicóptero, que le facilitó el gobernador interino Flavino Ríos (hoy bajo arresto domiciliario), y no se supo nada de él hasta su captura el pasado sábado.

Después de casi 6 meses de estar prófugo, por fin fue capturado el exgobernador de Veracruz, pero me pregunto: ¿Es verdaderamente un hallazgo su captura? ¿Es motivo de celebración, y el gobierno mexicano merece ser felicitado por ello? ¿Dicha captura pone fin a los delitos y a los problemas que ocasionó en su estado? ¿Será Duarte llevado a la justicia de manera inmediata? Desgraciadamente, la única respuesta posible para las preguntas anteriores es: No.

La captura de Duarte no me parece un acto heroico por el cual debería exaltarse al gobierno mexicano, empezando por el hecho de que nunca debieron haber permitido su huida. Este tema es verdaderamente preocupante ya que exhibe la protección que recibió Duarte durante años por parte del gobierno federal. Los indicios de corrupción y las denuncias en contra del exgobernador de Veracruz comenzaron a presentarse desde el año 2012 y las autoridades no movieron un dedo para su investigación.

Además, es lógico que Duarte no pudo haber actuado solo al desviar cantidades escandalosas de dinero, hacer compras fraudulentas, crear decenas de empresas fantasma, y muchos más delitos que cometió. Esto nos lleva a la conclusión de que existe una enorme red de servidores, políticos, empresarios, y medios de comunicación que lo ayudaron en su estrategia para realizar el saqueo al estado de Veracruz. Cabe mencionar que dicha red comienza por la persona más cercana a Javier Duarte, su esposa Karime Macías, misma que ha sido alcanzada por la impunidad que gobierna nuestro país y no ha sido detenida, hasta el momento, a pesar de haberse encontrado diarios de Karime donde se detallan negocios ilícitos junto con su famosa libreta donde escribía “sí merezco abundancia”.

Sin lugar a dudas, la captura de Duarte tampoco pone fin a los delitos cometidos, ni repara el daño de estos, ni devuelve la cantidad escandalosa de dinero que robó, de manera descarada, al estado de Veracruz. Por otra parte, tampoco será llevado Duarte a la cárcel de manera inmediata, ya que se debe dar un largo proceso para que sea extraditado de Guatemala.

Asimismo, no debemos olvidar que el caso Duarte no es un caso único y aislado al contexto nacional mexicano, sino que Duarte (tal vez el más emblemático) al igual que otros exgobernadores, comparten el estatus ya sea de presos, procesados o prófugos de la ley.

Entre los encarcelados se encuentran: los priistas Mario Villanueva Madrid, de Quintana Roo; Andrés Granier, de Tabasco; Jesús Reyna, de Michoacán, y Flavino Ríos, de Veracruz, y el panista Guillermo Padrés, de Sonora.

Sujetos a proceso bajo amparo: Luis Armando Reynoso, panista de Aguascalientes, y Rodrigo Medina, priista de Nuevo León. Los investigados son: Roberto Borge, de Quintana Roo; Fidel Herrera, de Veracruz; Gabino Cué, de Oaxaca.

Prófugos: los priistas César Duarte, de Chihuahua; Eugenio Hernández, de Tamaulipas; y Jorge Torres, de Coahuila.

Por último, Tomás Yarrington, de Tamaulipas, capturado el domingo 9 de abril en Italia, y Javier Duarte capturado el sábado 15 en Guatemala.

Este es México, este es el país donde vivimos. Un país que tiene 31 estados y 16 ex gobernadores con procesos judiciales. Un país donde la corrupción y la impunidad son la regla general para las autoridades. Un país donde los gobernadores pueden robarse cantidades enormes de dinero público y no pasa nada. Un país donde día a día se matan a periodistas, a mujeres, a jóvenes, a inocentes, mientras los gobernadores se preocupan por crear empresas fantasma y comprarse propiedades lujosas con el dinero del pueblo. Un país donde tan solo entre el año 2000 y el 2014, según Héctor Aguilar Camín, los estados y municipios recibieron transferencias por unos 355 mil millones de dólares de recursos federales, esto es casi tres veces el monto del Plan Marshall que financió la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

¿Por qué si en 14 años se repartió en México casi tres veces lo que reconstruyó a Europa después de la Segunda Guerra Mundial seguimos igual o peor? ¿Dónde está ese dinero? Tal vez está en departamentos lujosos en Miami, o en propiedades en Europa, o en aviones privados, pero donde no está es con quienes lo merecen: el pueblo.

Para terminar con esta corrupción e impunidad de los gobernadores mexicanos no basta con la captura de uno que otro gobernador. Si queremos verdaderamente terminar con esto, debemos desmantelar el sistema que ha permitido durante tantos años que la corrupción sea sinónimo de la política mexicana. Cuando el gobierno mexicano decida investigar y llevar a la justicia a cada una de las personas que formaron la red de delincuentes que ayudaron a Duarte, entonces me parecerá un acto digno de ser celebrado. Por último, me gustaría hacer un llamado a la sociedad civil a seguir exigiendo e insistiendo a las autoridades mexicanas que se llegue a la justicia que los veracruzanos y todos los mexicanos merecemos.

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