Monitor Nacional
No te vayas Manny
Opinión | Adrián Maravilla
11 de abril de 2016 - 10:30 am
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No puedo decir si voy a regresar, no estoy ahí todavía, no sé cómo se siente: Manny Pacquiao

 De las 108 libras a las 154 hay un mundo de distancia. En el boxeo lo único que se pide, en cuanto a justicia, es que ambos boxeadores pesen lo mismo, o al menos que ninguno rebase el límite del peso pactado. De ahí en fuera, cualquiera puede tomar ventaja deportiva como crea conveniente.

Allá en el 2001, uno de tantos, llego a los Estados Unidos en busca del sueño americano, un joven llamado Emmanuel Dapidran se presentó en Norte América con ya un campeonato en la cintura, pero allí, eso no vale mucho, necesitas más. El hombrecito tenía un estilo del que la gente gusta, esos que van hacia el frente y saca golpes por todos lados. Gusto tanto que nunca se fue.

El camino del éxito no tiene línea de meta; trabajas, trabajas y el horizonte parece siempre alejarse un paso más con cada logro conseguido. Jamás se termina, cuando alguien está triunfando, el final llega cuando uno lo decide.

La historia del boxeo tiene un nombre más escrito con letras de oro. Ese chico que llego en peso mosca a los Estados Unidos se convirtió en una leyenda, una que vivirá para siempre. Hay pocos deportistas que elevan el nivel de su deporte, esos que llegan y encuentran un sistema, lo rompen y obligan a mejorar cada rincón del mismo. Johan Cruyff en el futbol es un ejemplo; Schumacher o Senna en la Formula 1, Usain Bolt en las pistas… Y Manny Pacquiao en el Boxeo.

Quien el sábado por la noche vio en vivo o por televisión la pelea de Pacquiao vs Bradley, vio historia. En 20 años, los puristas del pasado contaran con anhelo las hazañas que hasta el 9 de abril, el Pacman habría conseguido. Y es que lo que el filipino consiguió no es poca cosa.

Hay quien dice que Manny no está a la altura de Muhammad Ali, Roberto Duran, Sugar Ray, etc. Dicen que es bueno, pero hasta ahí. Quien se quiere ver muy generoso, dice que es el mejor asiático. Qué tacaños son los detractores del presente. Tristemente tendremos que esperar 20 años para que se cuente como gestos heroicos, lo conseuoido hoy por Pacquiao o Floyd Mayweather. En otros deportes, lo conseguido por Sebastian Vettel o Messi.

Hablando de Mayweather, él es una de las dos piedritas en el zapato de Pacquiao. En la mega pelea del siglo, el llamado Money, hizo que el veloz Pacquiao luciera mal. Hazaña casi imposible, un reto que solo un mexicano habría conseguido; Juan Manuel Márquez, quien tuvo cuatro guerras con el Pacman, también lo hizo ver mal, aunque con él solo haya sido por momentos. El filipino jugo con dinamita hasta que le estallo en la cara. Un knockout y el mejor del mundo fueron los únicos tropezones importantes en la brillante carrera de Manny Pacquiao.

Quien niega su grandeza, no recuerda que Pacquiao destruyo la cara bonita del Golden Boy Oscar de la Hoya, acabo con el legendario Erick Morales, acabo con Marco Barrera, el histórico Miguel Ángel Cotto, Shane Mosley, Ricky Hatton, Antonio Margarito, y una larga lista de etcéteras. Se olvidan de que es campeón en ocho diferentes categorías, como si ser campeón en dos no fuera suficientemente difícil, de por sí. Olvidan, por el solo hecho de vivir en el presente, que es un triunfador.

Manny es esa historia de éxito con la que cualquiera podría verse identificado, o al menos, sentir empatía. Paso de dormir en la calle, a generar más de mil millones en torno a su persona. La grandeza es para todos, pero las leyendas tienen un lugar apartado. Ellos cambian al mundo, están allí para recordarnos que caminar al horizonte, vale la pena. Quizás nunca lleguemos, pero cada paso nos hace avanzar y crecer de forma personal, y eso es lo que importa.

“Tengo un compromiso con mi familia y no quiero fallar, ya tome mi decisión”.

Si bien, la familia es lo más importante para muchos, Manny Pacquiao es ahora más que Emmanuel Dapidran, y es a Pacquiao, al Pacman a quien los que gustamos del boxeo le pedimos: No te vayas Manny.

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