Nunca entendieron

Nunca entendieron

El sexenio llega a su fin y así como inició la carrera por la presidencia, por allá de diciembre de 2011, con aquella celebre declaración del señor Enrique Peña Nieto, cuando aún era precandidato, en la que dice “no soy la señora de la casa”, como respuesta a un cuestionamiento sobre el kilo de tortilla en una entrevista para el diario El País, lo cual le valió un sinfín de críticas por el desconocimiento de la realidad de los mexicanos y lo misóginas de las palabras.

Así con otra declaración igual de lamentable termina la administración del mexiquense. En esta ocasión fue el secretario de economía, Ildefonso Guajardo, quien en su comparecencia en el Senado dijo el pasado 11 de octubre ante los cuestionamientos sobre la política económica del país y los gasolinazos mencionó que “los pobres no comen gasolina, comen tortilla, pollo, leche y huevo” demostrando que la clase política, sobre todo quienes se encuentran en cargos estratégicos de la actual administración, nunca entendieron la situación de los mexicanos, y poco les ha preocupado el efecto que el alza en los precios de la gasolina tiene sobre los costos de la canasta básica y servicios tan esenciales como el transporte público.

Porque bueno, no hay que ser un gran economista o un erudito para saber que si los combustibles suben, sube el costo del transporte y si este aumenta sus costos, por obviedad aumentará también el de los productos que se trasladan de su lugar de origen al punto de venta. Igual ocurre con el transporte público, en el estado de Colima, del que es originario su servidor, era común ver las unidades con leyendas que decían “gasolinazo = aumento de tarifa”, lo que terminó siendo un golpe al bolsillo de los colimenses.

Así que después de lo dicho por Guajardo entendemos aquella respuesta del señor presidente, contestó que no conoce el precio de la tortilla porque él no la come, claro está, él come gasolina, se puede dar ese lujo que los pobres del país, los más de 50 millones de mexicanos en esa situación, no pueden darse; ellos comen tortilla y, si bien les va, comen también pollo y leche. Aunque sobre los 9 millones en pobreza extrema tengo mis dudas.

Así, con declaraciones desafortunadas, se van quienes nunca escucharon y nunca entendieron. Nunca escucharon al pueblo mexicano, a sus periodistas, a sus estudiantes. Nunca dieron una explicación de cada escándalo que involucró a quienes están en el poder (el presidente mandó a su esposa a explicar la casa Blanca), prefirieron vivir en su burbuja, salir en revistas del corazón, viajar por el mundo hasta con el estilista en el avión presidencial, pero jamás tuvieron un poco de empatía con sus gobernados. Dejan un país molesto, igual o más pobre y bañado en sangre. Nunca entendieron y nunca escucharon.

Esperemos que los que vienen tengan un poco más de sensibilidad, como al menos parece tenerla el presidente electo, y que lo de la boda en la revista Hola haya sido solo un resbalón, porque si no es así nos espera algo parecido o peor. Digo peor por aquello del discurso de la austeridad, con la cual se han puesto la vara muy alta y de no cumplirlo estarían cayendo en eso mismo que juraban combatir. Ojalá que ellos lo entiendan.