Monitor Nacional
Organizaciones a favor de los migrantes en San Antonio, Texas
Divisadero | Eduardo Gonzalez
19 de agosto de 2015 - 3:19 pm
Migrantes-Monitor Nacional
Dentro del universo de organizaciones que apoyan a los latinos “con o sin papeles” encontramos las que sí ofrecen un servicio de albergue

En San Antonio, como en la mayoría de las ciudades estadounidenses donde habitan migrantes mexicanos, existen varias organizaciones que trabajan en favor de la paisanada con la finalidad de oxigenar su estancia allende las fronteras. Aunque predominan las Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s), no todas ellas se encuentran al margen de los gobiernos mexicano y norteamericano, incluso varias son auspiciadas por autoridades de ambos países; y mantienen un cierto grado de cercanía con los espacios gubernamentales.

Una de las principales organizaciones se llama Refugee and Inmigrant Center for Education and Legal Services (Raíces). El proyecto nació, según refiere Sara Morales, una de las “abogadas” de la agrupación originaria de la capital guatemalteca, en 1985 pero con otro nombre: “Proyecto de Ayuda a los Refugiados”. Todo comenzó con un grupo de voluntarios que vieron la necesidad de ayudar a miles de “desplazados bélicos” de Centroamérica quienes escapaban de las guerras civiles de los años ochenta del siglo pasado. Fue en 1997 cuando la organización, nacida en la calle Flores de San Antonio, adoptó el nombre de Raíces “para identificarnos más con el público al que atendíamos”. Hoy por hoy, su área de influencia texana, va desde Dallas/Fort Worth, hasta Corpus Christi, pasando por Austin y San Antonio.

En el contexto de las guerras intestinas centroamericanas y la huida de miles de habitantes de esa región, la estrategia inicial fue ayudarlos a ubicarse en Estados Unidos una vez librados del contexto de violencia. Raíces trabajó más con los exiliados al momento de su arribo a la Unión Americana y lo hizo menos desde sus comunidades de origen. El siguiente paso se dio a principios de los años noventa cuando se les brindaron servicios legales y los pusieron en contacto con abogados que los ayudaron a solicitar asilo político para evitar la deportación. Al tiempo se fueron incorporando programas de visas familiares, de obtención de la ciudadanía y el Temporary Protected Status (TPS), lo que les permitió contar con un permiso temporal para trabajar y evitar la deportación, y en el mejor de los casos volverse residentes.

A lo largo de su historia, Raíces se ha mantenido independiente del gobierno y continúa con su espíritu de ser una organización sin fines de lucro. El fondeo les llega de varios donantes, lo mismo de organizaciones religiosas, de veteranos de guerra, o de apoyo a los niños migrantes que en los dos últimos años han entrado a Estados Unidos. Desde luego, obtienen recursos a través del cobro por algunos servicios, siempre y cuando, quienes los soliciten no sean víctimas de algún crimen o “sea un caso muy complicado”, cuyo costo exceda las posibilidades económicas de la organización.

Uno de los programas que actualmente sigue en marcha es apoyar a los migrantes para obtener su residencia y aplicar posteriormente por la ciudadanía. Para ello, Raíces ha conseguido fondos del Immigration and Customs Enforcement Immigration and Customs Enforcement (ICE). Es importante mencionar que el grupo que menos le interesa andar esta ruta son los mexicanos, caso contrario resulta para los centroamericanos quienes en la primera oportunidad buscan convertirse en ciudadanos estadunidenses. Este programa de apoyo comenzó desde mediados de 2014 y ha tenido buen recibimiento entre la comunidad, tanto que el grupo que lo solicita se han vuelto muy diverso. Tiene un costo de 50 dólares que incluye la asesoría y la representación legal; en caso que este servicio sea contratado de manera privada los costos oscilan entre 800 y dos mil dólares.

Por otro lado, Raíces ofrece educación para adultos a través de convenios con otras organizaciones que proveen instructores que enseñan inglés, historia y educación cívica. No deja de llamar la atención que para Raíces es importante explicarles a los migrantes “qué es ser ciudadano, qué implica tener la ciudadanía”, “cuáles son las ventajas de conocer sus derechos y obligaciones”, cuando los latinos “sin papeles” han experimentado la “ciudadanía a la mitad” en sus comunidades y desde su arribo a Estados Unidos.

Como en muchas ONG´s el voluntariado es indispensable para el andar de la organización. Los voluntarios participan principalmente durante el verano, aunque el resto del año también se cuenta con personal que ofrece sus servicios de forma gratuita. Al inicio comenzaron atendiendo muchos centroamericanos, luego se acercaron los mexicanos “que siempre han sido la mayoría, aunque se mantenían al margen de Raíces”. Ahora atienden refugiados de todo el mundo, de hecho desde hace una década la ciudad de San Antonio vio trastocada su fisonomía con el arribo de habitantes de diferentes latitudes.

Sara, después de 25 años de vivir en Texas y obtener la ciudadanía estadunidense, distingue a los latinos del norte de San Antonio de los vecinos del sur de la ciudad: “A pesar de los cambios y limitaciones impuestos por las leyes, seguimos recibiendo gente legal o ilegal. Muchos vienen con visas de turistas, de trabajo o como inversionistas. Quienes llegan con mayores recursos se mudan al norte de la ciudad, compran una propiedad, abren algún negocio o se sostienen del que tienen en México. En tanto obtienen la residencia y su visa no se ha vencido van y vuelven a México”; cuando la visa se vence dejan de ir al sur del río Bravo, todo a cambio de “acceder a una vida más tranquila y con mejores servicios, como la educación”.

Otra de las organizaciones es el Centro Comunitario Frank Garret (CCFG) quien trabaja estrechamente con Raíces. El CCFG tiene la encomienda de impartir las clases de ciudadanía a los latinos para la aplicación del examen de naturalización. Los cursos se ofrecen en español e inglés en clases de tres horas de duración. “La idea del curso es que los migrantes salgan bien evaluados en su examen donde solicitan la residencia estadounidense”, comenta uno de los instructores momentos antes de comenzar su labor. En el cartel promocional de las clases se leen: “La ciudadanía es alcanzable”. Además del CCFG y Raíces, con el proyecto colabora la “Academia América”, cuyo lema es: “Por la integración social-civil de los inmigrantes”.

Casa Paisano no es precisamente una ONG; en voz de su fundadora y directora, Rosy Lavín, es una “empresa” fundada en febrero del 2014. “Somos una alianza entre instituciones privadas y públicas sin fines de lucro en Estados Unidos y México, con la finalidad de proveer servicios y productos consolidados para los migrantes que el consulado mexicano no tiene o los ofrece con alguna deficiencia”, a saber: trámites para sacar el pasaporte, la matrícula consular, traducciones de documentos, renovación de licencias de manejo mexicanas, talleres sobre ciudadanía, y asesoría jurídica para tramitar el DACA. Sus recursos provienen del cobro de estos servicios, aunque los talleres son gratuitos, sin embargo, la posterior asesoría jurídica con los bufetes legales si tiene un costo. Para fortalecer sus acciones dentro de la comunidad hispana de San Antonio, Casa Paisano tiene convenios con Caridades Católicas, Saber Es Poder, y con algunos bufetes de abogados “La idea es que en un solo lugar la gente pueda encontrar muchas soluciones”. Si bien son una organización independiente, mantienen lazos estrechos con el consulado y con la alcaldía de San Antonio; asimismo son miembros de la Hispanic Chamber of Comerce de la ciudad.

Si bien, Casa Paisano atiende las necesidades de toda la comunidad hispana de San Antonio, “tenemos claro que los requerimientos de cada grupo social son diferentes. En el sur y en el oeste hay gente que no tiene la posibilidad de ir a México para realizar algún trámite, y los del norte, que van y vienen, buscan emprender negocios aquí, nuestra labor es traerles los servicios que necesitan los dos sectores. “Trabajamos como un centro aglutinador, un lugar donde encuentren muchas soluciones. En San Antonio no hay otra organización como esta”, remata la regiomontana Rosy Lavín, quien desde 2008 radica en Estados Unidos.

Dentro del universo de organizaciones que apoyan a los latinos “con o sin papeles” encontramos las que sí ofrecen un servicio de albergue. En este pequeño grupo encontramos el refugio Saint Peter Saint Joseph (St. Psi), ubicado en el corazón de la ciudad. Este refugio recibe niños migrantes no acompañados que llegan a Estados Unidos, y tiene un contrato con el gobierno federal para llevar a cabo esta actividad.

En la última década las circunstancias migratorias cambiaron. La irrupción de menores migrantes cambió cualitativa y cuantitativamente su labor que anteriormente se enfocaba a la atención de niños en situación de calle en San Antonio. Así, a partir de 2013 las camas del refugio comenzaron a ser ocupadas por niños migrantes. Hoy 82 de 140 camas las utilizan menores en esta condición. El refugio no solamente los “hospeda”, sino una vez entregados por la Patrulla Fronteriza, Beth Green la directora de desarrollo y su equipo, se dan a la tarea de localizar a los familiares de los menores, después de llevarlos a los servicios de salud y terapia psicológica.

De 2013 a 2014 St. PJ ha recibido a más de 600 niños en esta condición, la mayoría de países como Guatemala, El Salvador y Honduras. Los menores permanecen en el refugio un máximo de cuatro meses. Se cuenta con un programa de cuidado temporal internacional, arraigado en ciudades fronterizas, para localizar familias bilingües que los puedan recibir mientras se reencuentran con sus familiares en Estados Unidos. Las familias participantes reciben recursos para mantener a los niños durante el tiempo que se encuentren bajo su cuidado; el dinero proviene de fondos federales a partir de los contratos formados con el gobierno. Lo lamentable es que a pesar de que para el año fiscal 2014 el Congreso destinó 868 millones de dólares para la atención de los niños migrantes no acompañados que llegan al país, esos recursos son insuficientes. A esto hay que añadirle que las medidas para desincentivar la migración infantil no han reducido considerablemente el arribo de menores a la Unión Americana.

La Ventanilla de la Salud no es precisamente una organización, más bien es un programa de referencia para servicios médicos de bajo costo, o gratis en San Antonio y los condados de alrededor, refiere su coordinadora, Martha López Reyes. Dependen de la Secretaría de Salud de México y tienen su oficina en la YWCA (Young Women’s Christian Asociation), al oeste de la ciudad.

Hoy por hoy, la Ventanilla es para todos. Aunque en sus inicios se pensó para los mexicanos. Pero actualmente sus servicios se ofrecen indistintamente para latinos en general o estadunidenses. La mayoría de los mexicanos que se acercan les faltan papeles. Pero en términos de los servicios de salud, los papeles es lo que menos “nos importa”. Lo más preocupante es que muchos no cuentan con seguro médico de ningún tipo. “No todos tienen una aseguranza, y para acceder al Obamacare” si necesitan sus papeles, dice la coordinadora.

La misión de la Ventanilla de la Salud es la prevención de enfermedades. Si los padecimientos lo ameritan los usuarios son canalizados a servicios de salud especializados. En esos casos se busca el patrocinio que ayude con los gastos. Cuando la Ventanilla los canaliza, los hispanos reciben descuentos en los servicios médicos. Por ejemplo, algunos exámenes de laboratorio llegan a costar mil 700 dólares, pero si van referidos por la ventanilla el costo apenas llega a 135 billetes verdes.

En lo referente a la medicina, también se nota las diferencias entre el sur y el norte. La parte norte de la ciudad no tiene muchas clínicas ni programas de salud comunitarios, entonces los habitantes de escasos recursos de esa zona no conocen los servicios de la Ventanilla hasta que visitan el consulado. Lo que sí hay en el norte es el Distrito Médico considerado uno de los conglomerados médicos más importantes del estado. Desde luego, los migrantes del sur y oeste no tienen acceso a esos servicios tan costosos.

La zona de influencia de La Ventanilla de la Salud llega hasta Corpus Christi. Pero dependen en gran medida de las “giras” que realiza el Consulado para llevar sus servicios fuera de San Antonio. En un día “normal”, Martha y su pequeño grupo de voluntarios, pueden atender hasta trescientas personas. El universo de trabajadores y voluntarios se conforma de dos médicos mexicanos, cuatro enfermeras y hasta doce voluntarios. El voluntariado es algo complicado. Ni siquiera se les pide comprobante de identificación ni se les hace una investigación, “pues ya de por sí es muy difícil que se acerquen a colaborar”. Este año, por ejemplo, la Iglesia del Séptimo Día les donó recursos suficientes para beneficiar a 6 mil 142 personas y realizar 140 intervenciones quirúrgicas.

Así las cosas, sin importar su naturaleza, los recursos con que cuentan y los lazos fuertes o débiles con los gobiernos, no hay duda que estas y otras organizaciones aligeran la pesada carga que soportan los migrantes mexicanos “legales e ilegales” en San Antonio, Texas.

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