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Paciencia, tiempo y revalorar vida, vitales contra ideas suicidas
BienESTAR | Redacción
20 de septiembre de 2015 - 12:33 pm
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Una joven comparte cómo ha sido su oscuridad emocional

Ciudad de México.- El salir del túnel hacia un desenlace fatal como el suicidio, requiere de paciencia y tiempo para recuperar la autoestima, además de revalorar lo positivo de la vida, consideró una joven regiomontana, quien paulatinamente, y con carácter, ha revertido esta problemática.

 Su nombre puede ser cualquiera… Norma, Lilia, María, el que se le quiera poner, pero su situación la puede afrontar cualquier persona, sin importar edad o sexo, ni condición social, económica o familiar.

A sus 18 años y a 12 meses de haber hecho crisis, con intentos diversos para terminar con su existencia, esta estudiante de Física, accedió abrir el diario de su vida a Notimex, en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio.

La universitaria narró cómo cayó en esa oscuridad emocional, pero de la cual ha ido saliendo “a pasitos de caracol”, sin que sus padres se hayan enterado a la fecha de todos sus avatares.

Integrante de una familia con padres separados, mencionó que “por parte de mi papá tengo muchos hermanos, por parte de mamá tengo una hermana mayor”.

“Lo que me ha ayudado a superar esto es el darme tiempo, estoy muy segura que la mayor parte mi estado, fue porque me di un tiempo para curar, me di paciencia, intenté empezar por respetarme”, incluso por encima de quererse a sí mismo, comentó.

“Cuando uno está en depresión, es obvio que odia todo ámbito de sí mismo, pero cuando uno busca recuperarse de tal situación, pues hay que empezar por algo y es muy difícil decirse a sí mismo que se quiere y que se ama, de un día para otro”, explicó.

En estas condiciones, apuntó, “vamos a empezar por algo sencillo, empezar por darme tiempo, por respetarme, darle de comer a mi cuerpo, no tienes hambre, no puedes dormir o despertar, entonces, hacerte de buenos hábitos, para darle un respeto a tu cuerpo, principalmente”.

“Desde muy chiquita sabía que mi existencia era muy vaga, muy pequeña, yo notaba una gran diferencia, sobre todo porque yo notaba que mi voz no llegaba a los oídos, ni siquiera de mi familia”, detalló al rememorar esos tiempos aciagos en su vida.

“Yo viví siempre en un estado donde yo creía que era invisible, yo creía que mi voz no tenía sonido, por tanto, me sentía muy ignorada, cualquier opinión que yo emitía era incorrecta o no adecuada”, refirió.

Incluso “todo el éxito que yo quería compartir con mi familia, era menospreciado”, al extremo de competir y distanciarse de su hermana mayor, quien le lleva cuatro años y quien ahora, es su mejor aliada y la única en su entorno familiar que conoce lo que ha vivido, antes y durante este trance, comentó.

“Era como un cero a la izquierda, sobre todo cuando mi hermana mayor era tan brillante, tan atendida, yo sentía que hacía que mi mamá se sintiera decepcionada de mí”, apuntó.

“Mi hermana y yo al principio nos llevábamos algo pesado, éramos de edades muy distintas, pero hoy en día nuestra relación es muy íntima y somos ella y yo contra el mundo entero”, expresó con alegría por la situación actual.

“Yo era de llorar todas las noches, pensando en mi lugar, creer que yo no tenía un sitio, hasta que en la Secundaria, a los 13 años, yo me sentía una basura, pero no había indicio, nada que mostrara, yo no mostraba al mundo que me sentía mal, sólo yo lo sabía, hasta que a los 17 años, el año pasado, yo me atreví a intoxicarme”, refirió.

En ese primer intento fallido ingirió maquillaje, al “haber escuchado que muchas personas lo hacían” de esa forma y “creía que eso funcionaría y me intoxiqué con eso”.

“No llegué a un punto que necesitara medicamentos o estar en un hospital, pero por suerte busqué ayuda, llamé a mi psicóloga, ella me tranquilizaba en su momento”, aunque como al inicio no había tanta confianza, “sólo me calmaba en unos momentos”, relató.

“Esa misma noche tuve una recaída y entonces acudí a mi mejor amigo, él me tranquilizó, también se asustó, me empezó a contar también su historia feísima, que él también había padecido de depresión, sus intentos de suicidio y pudo tranquilizarme y él estuvo conmigo durante muchos meses, para que yo me sintiera mejor”, prosiguió.

“Él se desesperaba, porque yo no tenía ninguna mejoría, ya yo reflejaba que estaba muy triste, claro que no sólo estaba triste, estaba deshecha y cada día me sentía peor… hubo un momento en que yo perdí a todos mis amigos o más bien yo había pensado que ya los había perdido”, añadió.

“Alguna vez intenté beber alcohol etílico, me quemé los labios, eso lo hice varias veces, tres o cuatro, intenté beber cloro, creo que no era lo suficientemente valiente, como para verlo, alguna vez intenté apuñalarme, pero no era lo suficientemente valiente, siempre me faltó valor o entré en razón”, recordó.

“Hoy en día estoy muy agradecida de que no lo hice…, ya casi pasa un año del primer intento, mis padres siguen sin saberlo, la única que sabe es mi hermana, ellos viven en la ignorancia de esta situación y de muchas situaciones mías”, expuso.

“Ellos no saben que veo a un psicólogo, hago algunas cosas ocultas, que no son malas, pero son de mente muy cerrada, no lo comprenderían”, consideró.

“Los intentos de suicidio terminaron en febrero de este año, entre cuatro y seis meses estuve con esas ideas”, señaló la joven universitaria.

Las terapias psicológicas, para la entrevistada han sido “una ayuda discreta, porque hablas y hablas, sientes que el psicólogo no te escucha, pero en realidad está haciendo su trabajo, aunque llega un momento en que alcanzas a comprender el sentido de las terapias”.

Las sesiones psicológicas “se tornan muy lentas, porque crees que no hay un avance, pero en realidad es darle tiempo, de abrirte y hay mucha posibilidad de salir adelante”, aseguró.

A quienes enfrentan una situación emocional adversa, “yo les diría que recuerden sus sueños, eso es una de las cosas que me mantienen en pie, yo tengo el sueño de ser astrofísica, y el pensar el por qué empecé y a dónde quiero llegar”, manifestó.

Otro refugio ha sido la poesía, la pintura, “para poder expresarme, porque yo no podía hablar”, porque “cortarse con una navaja era algo que yo no debía hacer, entonces una manera era pintando en mi cuerpo o en mi pared, ha sido una terapia el dibujar, el leer”, destacó.

Anteriormente “se me dificultaba estudiar, no le entendía, porque estaba triste y era un círculo horrible y terminé reprobando el semestre, pero ya en las vacaciones me pude tranquilizar y pude retomar el semestre, porque ya estoy mucho mejor y más tranquila”, dijo con satisfacción.

La estudiante universitaria complementa sus estudios con actividades lúdicas, como la práctica de artes marciales.

“Creo que las mejores terapias son buscar cosas nuevas, porque cuando estaba en proceso de recuperarme, que no me sentía completamente bien, comencé a salir de casa y buscaba lugares nuevos, conocí cafeterías, parques, me iba a leer a escuchar música, simplemente conocer”, subrayó.

“Cuando estoy triste, empiezo a pasear, como un hábito, me encuentro con animales, me gustan mucho. Si hoy no estuviera aquí, no disfrutaría lo que es la Física. Practico artes marciales y teatro, que son mis actividades favoritas, el encontrar ocupaciones es la mejor terapia”, concluyó.

Información de Notimex

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