Monitor Nacional
Panamá y Venezuela no son amigos
Termostato | Gabriela Navarro
23 de noviembre de 2016 - 1:05 pm
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Hay una importante comunidad de venezolanos que tuvieron que asentarse en el país del importante canal comercial por obvias razones: la búsqueda de una mejor vida

La semana pasada las redes sociales fueron testigo una vez más del miedo a lo diferente, “xenofobia disfrazada de nacionalismo” a los ojos de muchos. Un gran número de panameños compartían el mismo sentimiento calificado por ellos mismos de “anti Venezuela”. Su preocupación era la creciente migración venezolana hacia Panamá.

En Twitter y Facebook se empezaron a esparcir mensajes en contra de la migración de los venezolanos a su país e hicieron un llamado a asistir a una concentración que llevó por nombre “Panamá para los panameños” (una alusión mal hecha a la Doctrina Monroe, “América para los americanos”). El movimiento se llevó a cabo el domingo pasado. Lo que en redes sociales parecía que lograr la congregación de miles, solamente logró juntar, y a duras penas, 100 personas.

La historia se repite

Hay una importante comunidad de venezolanos que tuvieron que asentarse en el país del importante canal comercial por obvias razones: la búsqueda de una mejor vida. Panamá ya ha sido ruta de escape para otros latinoamericanos antes, un ejemplo son los colombianos que huyen de la violencia generada entre el estado y las FARC. El factor migración jamás ha sido novedad en Panamá. En este caso los venezolanos huyen del hambre, la baja calidad de vida, la falta de recursos y derechos que ha provocado Maduro en el país.

La Oficina Nacional de Migración de Panamá da fe que hasta el 31 de julio de 2016, Venezuela ocupaba el primer lugar en número de solicitudes de residencia con 3 mil 749 solicitudes, de las cuales 2 mil 663 fueron aprobadas y mil 086 fueron denegadas. Muchos de estos permisos de residencia se otorgaron para ofertas laborales referentes a contratistas, empresas de aviación, empresas cinematográficas, empresas multinacionales, empleado diplomático, empleado ejecutivo y corresponsal de prensa, entre otros tantos.

La institución también indicó que 289 mil 783 personas salieron de Caracas a Panamá en 2015. Desde enero 2015 hasta el 31 de julio de 2016 se han movilizado 185 mil personas al país centroamericano.

Hermanos latinoamericanos

Uno en su ingenuidad podría pensar que América Latina es una región muy cercana (las películas hollywoodenses nos retratan como un mismo pueblo, hay miles de canciones que nos versan como hermanos de sangre, cuando hay algo de qué sentirse orgulloso a los latinos nos sale el nacionalismo latinoamericano), entiendo la confusión, evidencias y argumentos hay muchos, el problema es que en América Latina el mundo está al revés.

Podríamos hacer una lista de todas las cosas que tenemos en común en América Latina: el idioma (mayoría español), la religión (mayoría cristiana), la gastronomía, el mismo pasado colonial, las dictaduras, la desigualdad, la pobreza, el narcotráfico, los crímenes, la corrupción… la lista es infinita. Sin embargo, el conjunto de estos rasos que compartimos son precisamente lo que nos mantiene tan alejados. Todos preferimos involucrarnos con Estados Unidos y Europa antes que con América Latina.

En el caso de Panamá no es diferente. Abrirle las puertas a un “hermano latinoamericano” no es prioridad. Los venezolanos además de caer de un país latinoamericano, cayeron en manos de un país que ha sido históricamente regido por la derecha, donde la población tiene una cultura bombardeada por ideales de derecha. La xenofobia y el chauvinismo son rasgos que se practican en cualquier mentalidad de derecha que tenga “pedigree”. Visto a kilómetros desde un telescopio la respuesta a esta situación migratoria y la mentalidad que abundó en redes sociales, puede explicarse como la idea de un comunismo escapando a un santuario capitalista. Un argumento posiblemente ignorante, pero real. A nadie debe sorprender este rechazo migratorio.

Rechazo al movimiento

A pesar de las opiniones en contra y los insultos, fue más la gente que mostró indignación ante la idea de compartir valores xenófobos. Una de estas personas fue Miguel Mejía, embajador de Panamá en Venezuela. El embajador compartió en Instagram una foto de un niño sosteniendo dos banderines, uno de Venezuela y otro de Panamá. En esta imagen Mejía reprochaba los actos de xenofobia y discriminación que lesionan la dignidad humana. También aseguró que este movimiento no representa al pueblo panameño. Finalmente hizo un llamado a que acabaran los resentimientos y las intenciones malsanas y se proclamó en solidaridad con “todos los extranjeros buenos residentes en Panamá”.

Numerosos medios en Panamá también rechazaron este movimiento. La misma asistencia, o más bien, la falta de asistencia a la congregación convocada nos habla del poco soporte que tiene este movimiento en Panamá. Aún así los miles de comentarios surgidos en Twitter y Facebook no se deben ignorar. Podríamos estar una vez más frente a lo que yo coloquialmente llamo “opiniones de clóset”. Son esas opiniones e ideas que realmente se tienen sobre algo, pero no se expresan en público debido al rechazo social que pudiera generar admitir que se apoyan esas ideas.

Las opiniones de clóset no son algo que debamos tomarnos a la ligera tampoco, hay que recordar que en una democracia las urnas de votación son escenario propicio de las ideas libres de todo juicio y cada quien puede expresar lo que quiera, ¿acaso se olvidan de la victoria de Donald Trump?

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