PDVSA, el pago de J.P. Morgan y Xi Jinping en Venezuela

De nuevo, la economía desgastada de Venezuela es hoy un punto de partida, tal vez aun mucha gente se pregunta ¿qué tan grande fue y por qué hoy es una burbuja inflacionaria? Hace algunos años atrás, el presidente venezolano Nicolás Maduro, en uso de sus facultades como presidente solicitó a una de las empresas de banqueros estadounidense más grandes del mundo, J.P. Morgan, un préstamo por más de 150.000 millones de dólares. Estos fueron invertidos en el gasto público y en la reestructuración de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA). Según el PIB solo se pueden pagar los intereses de la cuota, mismos que cada año van en aumento.

Las perspectivas para Venezuela siguen empeorando según J.P. Morgan, al parecer Venezuela lleva más de dos años pagando solamente los intereses poniendo en apuros el equilibrio tanto de PDVSA como de los recursos del país. Sus empleados se quejan por que no hay dinero para pagar, el sueldo y el  salario no es bien remunerado. Muchos trabajadores han tenido que dejar sus puestos  porque no hay garantías que cuiden su propio bienestar, el crudo sigue bajando su precio junto con la falta de materias primas para su extracción y más difícil aún, si el modelo está en una inflación sin precedentes.

A medida que Venezuela y PDVSA cancelan su deuda, el indicador de riesgo del país aumenta. Esta es una de las grandes paradojas que rodean el tema de la deuda venezolana, enmarcándola como víctima de recursos de una guerra financiera. El riesgo es un indicador que permite evaluar la salud financiera de un país acorde a los compromisos de deuda que ha contraído, es decir, su capacidad o incapacidad de pago. En el caso venezolano es el banco estadounidense J.P. Morgan el que elabora este índice –denominado Emerging Markets Bond Index (EMBI)–, enfocado principalmente en los mercados emergentes. También existen otros indicadores como el Credit Default Swap, elaborado por el banco alemán Deutsche Bank, que también evalúan la capacidad de pago de un determinado país y el riesgo que tiene para la inversión. De acuerdo a las puntuaciones del índice (de menor a mayor), la credibilidad financiera, capacidad de pago y salud financiera van variando. La base de cálculo para determinar estos factores es la relación de la deuda externa con el Producto Interno Bruto (PIB), es decir, la capacidad que tiene la economía de erogar los recursos necesarios para hacer frente a los compromisos contraídos por el país, además del pago de la deuda, sin embargo, una mínima lectura comparada permite visualizar que en lo que respecta a Venezuela, este indicador se maneja con fines políticos.

La deuda externa del gigante suramericano está cercana al 80% de su PIB, un factor que causa incertidumbre en la seguridad de sus pagos en el mediano plazo. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), en Venezuela el índice EMBI cambia drásticamente, Venezuela tiene una deuda externa que sólo representa el 21,7% de su PIB. Otras estimaciones colocan esta relación un poco por encima, pero siempre en una escala que no supera el 50%, cifra mucho menor a las de Brasil y México. Según informó el presidente Nicolás Maduro, desde 2014 hasta 2017 se han cancelado compromisos de deuda externa por un monto aproximado de 70 mil millones de dólares, demostrando la capacidad de pago del país y su salud financiera para seguir erogando los recursos necesarios sin poner en peligro la inversión social y económica.

Para Venezuela el indicador de riesgo país se ubica en los 2.989 puntos, omitiendo que, según la propia base de cálculo de J.P. Morgan, debido a su manejable nivel de deuda con respecto a su PIB, Venezuela debería tener un riesgo país, sino similar, por lo menos inferior al de México y Brasil. Según el EMBI, Venezuela es el país más riesgoso del mundo para la inversión, por lo que supuestamente estaría comprometida la capacidad de pago de un Estado que ha cumplido con sus compromisos internacionales. Desde 2014 el riesgo país de Venezuela ha aumentado desde los 1.458 a los 2.989 puntos, toda vez que el Estado venezolano pagaba puntualmente sus obligaciones. Es decir, a cada pago de deuda venezolana sobreviene automáticamente un aumento del riesgo.

El factor determinante que hace realidad esta paradoja es eminentemente político. Las sanciones y los bloqueos financieros ejecutados por EEUU mediante su Departamento del Tesoro, a lo que se suma la obstaculización financiera que ejerce desde 2016 la Asamblea Nacional en manos opositoras, ha contribuido enormemente a dibujar a Venezuela como un país inestable, con alta incertidumbre e inseguro a la hora de pagar. El índice de riesgo del país ha sido utilizado como un recurso de guerra financiera para ahuyentar la inversión de Venezuela. Se busca complicar una eventual reestructuración de su deuda, mientras que en lo cotidiano se restringe el ingreso de divisas y  se limita la capacidad de recuperación económica del país. Argumentando que PDVSA no había cancelado los pagos, a finales de 2016 el banco J.P. Morgan emitió una alerta de default contra Venezuela para destruir su credibilidad financiera. En realidad, fue el banco Citibank el responsable de no abonar el dinero a los tenedores, ocasión aprovechada por J.P. Morgan para generar un clima de incertidumbre sobre la deuda venezolana. Este mismo banco es quien decide qué país es riesgoso y cuál no, dado los intereses que tiene en los recursos energéticos del país y por la política soberana del Estado de utilizar el ingreso petrolero para la inversión social, el riesgo otorgado confirma el asedio en contra de Venezuela por parte del capitalismo global. Ese asedio es político, se expresa en lo financiero y para contrarrestar este déficit el gobierno de Venezuela recibirá del Banco de Desarrollo de China 250 millones de dólares destinados a restablecer la  producción petrolera, informó la agencia Reuters. La cifra forma parte de un crédito especial de 5.000 millones de dólares acordado por ambos organismos. Hace tres años los dos países aprobaron la entrega de un financiamiento por la misma cantidad. El último reporte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) informó que el país caribeño extrajo en mayo 1,39 millones de barriles diarios (mbd) de crudo. Lo que representa una disminución de 2,7% con respecto a marzo. El gigante asiático, Xi Jinping, el mayor aliado financiero del régimen chavista, detuvo hace tres años la entrega de fondos al gobierno de Nicolás Maduro para sufragar programas de desarrollo que debían ser pagados con petróleo, acuerdo firmado con el fallecido presidente Hugo Chávez. China concedió entonces un período de gracia a Venezuela para facilitar el pago de la deuda pendiente por unos 19.000 millones de dólares, pero ese periodo ya venció y Venezuela no ha podido renovarlo este año y a estas alturas se sigue evaluando: ¿Hasta cuándo Venezuela puede sostener este modelo y cómo su pueblo puede seguir pagando un déficit financiero por causa de su presidente?, ¿En qué momento puede quedar el país venezolano en la banca rota?, ¿Quién de sus prestamistas esta dispuesto a pelear por PDVSA? Qué será del pago de las deudas venezolanas divididas entre estos países, si la inflación sigue llenando la burbuja, que en algún momento estallará generando una caída inminente en la economía.