Por favor, no engordemos a nuestros niños

 

Como vimos en la columna anterior, y a petición de una de mis pacientes muy querida, escribí el día de hoy sobre la importancia de que nuestros niños adquieran buenos hábitos alimenticios desde que nacen.

 

Todas las mamás saben que la introducción de los alimentos a los bebés, lleva un orden… empezamos con los alimentos salados y dejamos los dulces hasta el final; ustedes creen que si a los niños les ofreciéramos primero los sabrosísimos alimentos dulces, después querrían comer los salados? Pues la respuesta es NO, y la explicación tiene que ver con la descarga de endorfinas que este tipo de alimentos les genera a nivel cerebral. 

 

El gusto pertenece a uno de nuestros sentidos y se refiere a esa sensación producida cuando un alimento entra en nuestra boca y reacciona químicamente con las terminaciones nerviosas de las papilas gustativas, que en conjunto con las terminaciones nerviosas del sentido del olfato, integrarán información que a su vez llegará hasta nuestro cerebro para determinar los sabores.

 

Por este motivo, resulta una aberración que nuestros niños reciban alimentos de sabores tan intensos como pasteles, refrescos o néctares de jugos inclusive desde el biberón, ya que desde tempranas edades estaremos condicionando a sus paladares a buscar ese tipo de intensidad en los sabores.

 

Según datos de la UNICEF, 1 de cada 20 niñas y niños menores de 5 años, y 1 de cada 3 entre los 6 y 19 años, padecen sobrepeso u obesidad; esto coloca a nuestro país entre los primeros lugares en obesidad infantil a nivel mundial. 

 

Significa que algo tenemos que cambiar. Podríamos comenzar por  no recompensar a los niños con alimentos o golosinas, buscar espacios para que hagan ejercicio y/o actividad física de manera divertida, limitar sus horas frente a la televisión y/o artículos electrónicos.

 

También podemos asegurar sus horas de sueño, ya que el no dormir suficiente hará que busquen alimentos densamente energéticos al día siguiente, integrarlos a actividades que les permitan desarrollar habilidades psicológicas que les ayuden a generar herramientas que los hagan fuertes para afrontar los cambios y retos en sus vidas. Como adultos, ¡nos toca ponerles el ejemplo!

Dra.Ruth Cruz Soto

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