Monitor Nacional
Por un nuevo pacto social, en el Día del Abogado
Opinión | Mariana Benítez Tiburcio
12 de julio de 2015 - 9:46 am
Abogados-Monitor Nacional
No hay duda, el principal problema que enfrentamos los mexicanos radica en la ley y su observancia

¿Cuántas adolescentes están dando a luz ahora mismo, tal vez en condiciones de lo que se podría tipificar como “violencia obstétrica”, en casos como los que muy lamentablemente han ocurrido en Oaxaca que despertaron el escándalo de la opinión pública nacional? ¿Cuántas están dando a luz con las previsibles consecuencias de abandono escolar y “maternidad y paternidad frustrada”, en lo que algunos psicólogos sociales han detectado como una de las raíces últimas de desintegración social y por consecuencia, de la violencia? Aquí hay derechos que no se ejercen, leyes que no se cumplen.

¿Cuántas oportunidades pierden millones de mexicanos y por supuesto, el país por falta de una educación de calidad? También aquí estamos ante derechos que no se ejercen, leyes que no se cumplen.

¿Cuántos empresarios se han visto obligados a pensar dos veces en invertir, en cerrar sus negocios, quizá en retirar capitales, en un ambiente de corrupción, incumplimiento de contratos y en general, falta de certeza y orden, cuando no, dolorosamente, de amenazas o extorsión? Una vez más: derechos que no se ejercen, leyes que no se cumplen.

La observancia de la ley, la tan invocada pero aún no presente “cultura de la legalidad”, no sólo es la llave que abrirá las puertas del futuro a México, sino las de su continuidad como Estado.

El Estado es la ley. Si la ley no se cumple, el Estado, nuestro Estado se desfonda. ¿Qué sigue? ¿Qué seguiría? Sí, la ley, sin duda, es la llave del futuro de México.

Sin la convivencia civilizada, sin el orden, la certeza, la equidad que nacen del acuerdo razonado entre ciudadanos y muy importante, de las instituciones encargadas de aplicarlas, la ansiada tranquilidad, el crecimiento económico, la confianza recíproca entre las personas, la calidad de vida en el trabajo, la salud y la educación, el crédito de los gobernantes, el respeto y cuidado de los más vulnerables, resultan imposibles.

No hay duda, el principal problema que enfrentamos los mexicanos radica en la ley y su observancia. Desde cualquier ángulo y distancia en que se mire a México, la ley y la cultura de la legalidad aparecen como el tema central. Y el principal reclamo: justicia, desarrollo, paz, igualdad de oportunidades, orden, y confianza en la autoridad.

Esto coloca a nuestra profesión, la de abogado, “a la mitad del foro” de la “Suave Patria”, como diría el poeta López Velarde. Es decir, con una responsabilidad histórica y una visibilidad irrecusables. La sociedad, la historia, el mundo, el presente, el futuro, nuestras familias, nos señalan, nos interpelan. Los abogados caminamos, sepámoslo o no; querámoslo o no, hacia el frente del escenario.

Ante el riesgo de que el desencanto nuestro se traduzca, eventualmente, en la invocación a un régimen autoritario, fuera del marco jurídico que conocemos, urge dignificar a la profesión, estar conscientes, a la altura de la encrucijada histórica e instalar la idea y la experiencia de la ley y la justicia en el centro de nuestro espacio público.

La recomendación de los expertos es meridiana: se necesita edificar a partir de una política basada en los derechos; en los derechos a una vida digna, a la alimentación, la salud, la educación; en la equidad de género y en todos los demás derechos. Ésta por cierto, es la visión que ha venido cristalizando a través de una estrategia articulada el Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto.

Se observa entonces, con toda claridad, que la ley y su aplicación son motores del desarrollo.

Al decir “ley” y justicia no sólo me refiero aquí, desde luego, a la impartición de justicia, sino a la justicia en el sentido más amplio, con todos sus potenciales y facetas; a la justicia distributiva, civil, laboral, administrativa y de proximidad. La justicia cotidiana como la ha llamado el Presidente Peña.

Y al decir “ley”, en la mente de los mexicanos, surge de inmediato en nuestras mentes la manifestación de su ausencia: corrupción, impunidad, delincuencia organizada e inseguridad.

Se trata, de nuevo, de un tema de aplicación de la ley: de nuestra materia, como abogados. Sí, estamos “a la mitad del foro”.

 Mi experiencia como Subprocuradora General de la República y como abogada litigante años atrás me lleva a concluir, con total certeza, que la impunidad y la corrupción tolerada por muchos años debilitaron a las instituciones, hoy cruciales para garantizar la aplicación de la ley y con ello, crecieron como monstruos de mil cabezas los problemas que hoy fragmentan nuestras vidas y desde luego, nuestra esfera pública.

La impunidad y la corrupción, apenas es necesario decirlo, son nuestra responsabilidad como abogados.

Debemos acelerar y profundizar la transformación del Sistema de Justicia, de su marco jurídico y sobre todo, de sus instituciones: sociabilizar las reformas que se han emprendido; simplificar y volver más accesibles los procedimientos y los juicios; acercar por todos los medios la justicia a los ciudadanos; inventar y fortalecer formas alternas de resolución de conflictos; capacitar con excelencia a los servidores públicos del Sistema de Justicia, en todos sus niveles y con una concepción exigente, sin restricciones, de los Derechos Humanos y de la equidad de género; hacer de la transparencia y la rendición de cuentas una práctica común y cotidiana; dar mayor acceso a la sociedad civil en las tareas de vigilancia y colaboración.

Se trata sólo de algunos trazos iniciales de la imprescindible transformación del Sistema de Justicia. Hay que llegar a donde haya que llegar para que la ley sea el centro del Nuevo Pacto Social y una evidencia y realidad, para los ciudadanos.

Los abogados, por supuesto, tenemos una responsabilidad y un reto enormes. Se trata de cambiar el motor del avión con el avión en vuelo; de transformar al sistema desde el sistema mismo. Estamos hablando de una auto-transformación profesional e institucional.

Instalemos a la ley en el centro del escenario para decir, finalmente, con el poeta: “la Patria es impecable y diamantina.”

Mariana Benítez Tiburcio
Diputada Federal Electa

Con información de El Imparcial

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