Monitor Nacional
“PRIAN” y circo para México
Cinescopio | Miroslava Silva
18 de abril de 2017 - 11:16 am
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Un circo. Tanto el PRI como el PAN, se han encargado de “saludar con sombrero ajeno” un mérito que no tendría precedente si se actuara al parejo de la ley

 

Aproximadamente a las 20:00 horas del día 15 de abril de 2017, las redes sociales y los sitios web de noticias explotaron con la primicia sobre la detención del ex gobernador del estado de Veracruz, Javier Duarte. Como se había supuesto desde principios de la investigación para dar con su paradero, después de que se convirtiera en un prófugo de la ley mexicana tras ser acusado de los crímenes de lavado de dinero y de evasión fiscal, así como de enriquecimiento ilícito, finalmente, el político y antiguo afiliado al PRI fue encontrado en la ciudad de Panajachel, en Guatemala.

Javier Duarte, fue presentado en el 2012, antes de que se llevaran a cabo las elecciones presidenciales en México, como una de las nuevas caras del renovado PRI, y del que Enrique Peña Nieto se encargó de llevar como batuta. Al día de hoy, tanto Duarte como muchos otros que una vez representaron la regeneración del partido tricolor, son acusados de los mismos delitos. Yarrington, Moreira, Montiel, Ochoa Reza -que por cierto es actual presidente del partido – y los nombres podrán seguir y seguir para conformar una interminable lista de corrupción e impunidad.

Si del año 2010 al 2012, cuando Enrique Peña Nieto anunció su candidatura a la presidencia de la República, Javier Duarte había pasado casi inadvertido en los primeros dos años de su mandato, con su posición como nueva cara del PRI, se le empezó a seguir los pasos, tanto al mencionado como a los demás afiliados al partido que tomarían cargos dentro de los años venideros en el esquema político. Fue entonces cuando se empezaron a destapar todos los crímenes y la crisis bajo la que vivía Veracruz en su sexenio y que además, venía arrastrando desde el sexenio de Fidel Herrera, quien lo cobijó durante su campaña electoral.

Crimen organizado, asesinato de periodistas, desvío de recursos bajo firmas de empresas fantasma que llegaron incluso a desviar alrededor de 600 millones de pesos, infraestructura inconclusa y el aumento en la deuda pública de la entidad,  son solo algunos de los estragos que ambos personajes provocaron dentro de los años de su mandato y que, en muchas ocasiones, a duras penas lograban salir al aire por parte de medios de comunicación oficiales.

Refiriéndonos nuevamente a la captura del evadido, Javier Duarte, una coalición entre la Procuraduría General de la República y la Interpol dio finalmente con el paradero del prófugo, aunque su detención se llevó a cabo en solitario, a pesar de que su esposa y cómplice, Karime Macías, había escapado con él desde octubre del año pasado. Según datos de la PGR, de sus familiares y de los que se tiene constancia que habían ayudado a escapar a Duarte, ninguno de ellos tiene órdenes de aprehensión ni enfrentan acusaciones o cargos por delitos de cualquier tipo.

Para estas circunstancias, resultaría un tanto ilógico que sus allegados no tuvieran idea del paradero o su ruta de escape. Por tanto, se puede afirmar que en México, aparentemente, el delito de complicidad no prescribe sino que se cobija dentro del artículo 400 del Código Penal Federal, donde el delito de encubrimiento no aplica para cónyuges y parientes colaterales, ascendientes y descendientes consanguíneos o para personas que tengan una relación amorosa, de respeto o estrecha amistad con el perseguido.

De igual manera, haciendo un paneo del paisaje político del México actual, se podría asumir que la detención y captura de Javier Duarte no llega por casualidad. Con las elecciones en el Estado de México para la gubernatura y a las que aspira Alfredo del Mazo, así como las no tan lejanas elecciones presidenciales del 2018, el PRI no podría estar en su peor momento y en su índice más bajo de aprobación. Esto nos lleva a pensar que la mágica aparición de Duarte, en conjunto con la aprehensión de otro prófugo de la ley, Tomás Yarrington, en Italia, no serían otros que los milagros políticos a los que recurren los partidos, para la obtención de votos y para quitarse la mugre de los hombros que dejaron los politiquillos corruptos que abandonaron a medio camino de las contiendas políticas.

Javier Duarte, como muchos otros lo han dicho ya, no constituye la cara de la regeneración del partido, sino la inacabable cara de la corrupción que impera bajo las faldas del Partido Revolucionario. En México, los trucos políticos han terminado por enseñarnos que nada de lo que pasa, pasa por casualidad. Tanto los escándalos de las escoltas de Yarrington pagadas por el gobierno, el caso Odebrecht y las futuras elecciones pasarán solamente a morderle el polvo a las primicias de la detención de los prófugos corruptos que tanto daño le han hecho a México.

Un circo. Tanto el PRI como el PAN, se han encargado de “saludar con sombrero ajeno” un mérito que no tendría precedente si se actuara al parejo de la ley y el encubrimiento por parte de los partidos y de los altos mandos no tuviera lugar dentro de la política mexicana. Si bien no se puede excluir al resto de los partidos de estas prácticas en México, entretanto, la captura de Javier Duarte significa el endurecimiento de la disputa política entre los dos principales partidos de México.

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