Monitor Nacional
Protestas que piden ayuda humanitaria
El legado de México | Cassandra Murillo
31 de marzo de 2016 - 1:17 pm
refugiados
¿Cuánta desesperación debe mostrar una persona para lograr que se tomen acciones para ayudar a mitigar su dolor?

El gran flujo migratorio que se da, principalmente por parte de Siria, Irak y Afganistán, a Europa, muestra la esperanza, el dolor y la desesperación de miles de personas que día a día huyen de las terribles condiciones que enfrentan en su país.

La pregunta planteada al inicio define el fenómeno que ocurre actualmente con ésta oleada migratoria, ya que, el pasado martes 22 de marzo, en el campamento de Idomeni, en Grecia, un refugiado se encendió fuego como forma de protesta ante los acuerdos, que en su afán de detener el flujo migratorio, se están planteando entre Turquía y la Unión Europea. Dichas políticas establecen que los migrantes “ilegales” que se encuentren en Grecia serán devueltos a Turquía, y, que por cada migrante enviado a éste país, la Unión Europea alojará a uno. A primera vista no parece una iniciativa tan agresiva, sin embargo, el inicio de esta política sería regresar a Turquía a los más de 41,000 refugiados que ya lograron cruzar a Grecia.  Además de tener en estatus de “ilegales” a todos aquellos que no hayan solicitado un permiso como refugiados; dicho permiso aplicaría sólo para los sirios, dejando de lado a los afganos e iraquíes. A cambio de esto, la Unión Europea entregará 3000 millones de euros a Turquía, con la posibilidad de duplicar dicha cantidad. Sin embargo este país, quien es de los que alberga refugiados, sigue sin contar con las condiciones necesarias para afrontar la gran cantidad de migrantes, y esta nueva política pareciera agravar más el problema.

Si bien es cierto, que éste es un tema de mucha complejidad, es también cierto que esta crisis humanitaria, catalogada como la más grande desde la Segunda Guerra Mundial, requiere el apoyo y compromiso de la comunidad internacional para diseñar una estrategia justa y humanitaria a favor de los migrantes. Sin embargo,  la paradoja está en que el origen y desarrollo de los conflictos que enfrentan los principales países exportadores de migrantes a la Unión Europea, fueron en gran parte gracias a la intervención de la comunidad internacional que ahora se niega a tomar parte en la solución de las consecuencias de dichas intervenciones y que es un factor clave para ayudar a “aliviar” esta crisis humanitaria. Pero, pareciera que la estabilidad política sigue reinando sobre el dolor de las personas, quienes en su desesperación por salir de las difíciles condiciones que enfrentan en su país arriesgan su vida para tocar el suelo europeo. Peor, parece que estas acciones, como la del refugiado de Idomeni, son las únicas con una esperanza de “despertar” el interés de los demás países, ya que fue una respuesta frente al poco caso que se les da a las protestas que ya se generan dentro de los campamentos.

Por otro lado, pensar que se logrará detener la migración con estas políticas es cerrar los ojos a la realidad. Lo cierto es que las consecuencias frente a estos acuerdos no será la erradicación del flujo migratorio, por el contrario, lo único que ocasionará, y que ya está ocurriendo, será que se reproduzca un fenómeno similar al que pasa con la migración de Latinoamérica a Estados Unidos, donde grupos clandestinos ofrecerán a los refugiados la posibilidad de migrar, incentivando así la trata de personas, drogas, extorsiones, secuestros y estafas. Donde diversos grupos se aprovecharán de la vulnerabilidad de los refugiados para ofrecerles esta oportunidad a un precio demasiado alto, que incluso puede ser la vida, como ocurre con las personas que mueren en su intento por llegar a Grecia a través de los múltiples barcos, que lamentablemente no logran su destino.

La comunidad internacional, de donde muchos países son parte se las Convenciones de Ginebra, deben de comprender que esta problemática trata con personas que merecen un trato justo, digno y de ayuda, y que las políticas deben de ir más allá sólo de la detención del flujo migratorio, sino de una verdadera estrategia que conjunte y genere una ayuda humanitaria sustentable capaz de mitigar en lo posible las difíciles condiciones que enfrentan los migrantes sin descuidar el país propio. Brindando la ayuda que en muchos foros internacionales se han comprometido a brindar, pero que en la realidad no se da completamente.

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