Monitor Nacional
Que gran era para ver televisión
Reflexiones de un Hijo del Pop | David Moreno
17 de julio de 2015 - 7:52 am
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A principios de los noventa el éxito de los canales de televisión de paga también fue un factor fundamental para el desarrollo de la ficción televisiva.

Se dieron a conocer las nominaciones al Prime Time Emmy, y más allá de las eternas y sabrosas discusiones sobre quien o quienes deben ser los ganadores en la que será la entrega número 67, al revisar la lista hay que darse cuenta que estamos ante una nueva época dorada para la televisión. Una época que lleva ya varios años y que nos ha regalado horas y horas de un entretenimiento de primer nivel, a través de extraordinarios proyectos, de apasionantes dramas y de fantásticas comedias. La lista del Emmy confirma que no hay mejor momento para ser televidente que el que vivimos en la actualidad.

Algunos estudiosos del tema sitúan el inicio de esta época con la llegada a la pantalla en 1981 de Hill Street Blues, un fantástico drama policíaco que narraba la vida de los miembros de un precinto policíaco en una ciudad anónima que irradiaba un aire a Chicago. Creada por Steven Boccho y Michael Kozzoll, el programa destacaba por presentar un tono realista y crudo, enmarcado por una atmósfera grisácea que envolvía a personajes que distaban mucho del rol heroico que tradicionalmente tenía el agente de la ley en la pantalla chica. Era un grupo de anti héroes que luchaban contra un sistema que limitaba sus recursos para poder mantener la paz y el orden. En más de un sentido, Hill Street Blues demostró que el público estaba listo para una ficción televisiva con argumentos más complejos y más cercanos a la realidad cotidiana. El show terminó en 1987, después de 7 grandiosas temporadas dejando un terreno fértil para el crecimiento de las buenas historias en televisión.

A principios de los noventa el éxito de los canales de televisión de paga también fue un factor fundamental para el desarrollo de la ficción televisiva. HBO y Showtime comenzaron a realizar sus primeras producciones originales y con ello comenzó una fuerte competencia con las cadenas de televisión abierta. De aquellos años se destacan series que son fundamentales para cimentar al medio y alejarlo por completo del mote – ganado a veces a pulso – de la “caja idiota”. Es la época de grandes clásicos como E.R., Twinpeaks, Ally McBeal, Mad About You, Seinfeld, Murphy Brown o Friends. Series con un alto nivel tanto temático y de producción, programas en donde comienzan a tocarse temas que reflejan a una sociedad más diversa y abierta. Aparecen en la televisión las primeras madres solteras, las parejas del mismo sexo, latinos como parte importante de la sociedad norteamericana y un buen número de situaciones que forman un fiel reflejo de cambios de carácter social al interior de los Estados Unidos y que terminarían afectando también a una buena parte de occidente.

El siglo XXI dio paso a series de gran calado que exploraron nuevas formas de estructuras narrativas. Son los años dominados por 24 y Lost. Dramas que rompieron con todo lo antes presentado y que marcaron a toda una generación. El caso de Lost es muy interesante porque la serie sobre los sobrevivientes de un accidente aéreo representó un nuevo paradigma en la ficción televisiva. Su mitología y el misterio que envolvía a todos los personajes y sus historias marcaron un hito que aún no ha podido ser roto por ninguna serie similar, y vaya que muchas lo han intentado. Es muy probable que en algunos años la historia del drama en la televisión se divida en un antes y un después de Lost.

Y así llegamos a este 2015.

Las nominaciones al Emmy muestran las transformaciones que ha tenido la ficción en los últimos años. La irrupción de las nuevas plataformas de programación a demanda como Netflix constituyen un nuevo e interesante cambio tanto en la producción como en la manera en la que se consumen los programas televisivos. Pero lo más importante es que hoy la calidad tanto en términos de producción como en la temática de los programas, tiene un nivel que cada vez va en aumento. Basta mirar a títulos como Game of Thrones, House of Cards, The Unbreakeable Kimmy Schmidt, Downtown Abbey, Orange is The New Black, The NewsRoom, Veep o Grace & Frankie, para darnos cuenta de que estamos en un tiempo de gran fortuna para ser televidente. Nunca antes habíamos tenido tantas y tan buenas opciones. Por supuesto uno siempre puede encontrarse con decepciones (Sí, te hablo a ti Sense8) pero parecen ser las mínimas.

Federico Fellini decía que “la Televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural”. Es increíble como esa derrota se ha revertido y hoy tenemos a una televisión inteligente, triunfante, y que – en el caso de la ficción – atraviesa por lo que parece ser una interminable época de dorada de la cual nuestros ojos y oídos son los afortunados testigos.

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