Monitor Nacional
¿Qué rumbo tomarán las relaciones de Cuba con Estados Unidos hacia el final del gobierno de Barack Obama?
Latinoamérica | Redacción
24 de noviembre de 2016 - 8:38 am
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La noticia del restablecimiento de las relaciones entre EEUU y Cuba causó conmoción. Este acontecimiento dio fin a las hostilidades conservadas desde el final de la Guerra Fría

A partir del pasado 17 de diciembre de 2014, la noticia del restablecimiento de las relaciones entre EEUU y Cuba causó conmoción. Este acontecimiento dio fin a las hostilidades conservadas desde el final de la Guerra Fría y da paso a un periodo posrevolucionario para la isla en el tema de diplomacia. Sin embargo, los retos no se hacen esperar aún a casi dos años de que se anunció esta decisión bilateral. Para comprender esta nueva flexibilización impulsada por Raúl Castro es necesario considerar los desafíos y la respuesta que da tanto la población de la isla, el gobierno cubano así como el gobierno norteamericano.

Se habla de que Raúl Castro se prestó a una especie de flexibilización de las antiguas restricciones que impuso su hermano mayor Fidel Castro durante su mandato. Este nuevo esquema responde a un valor práctico por parte del actual gobierno cubano principalmente en materia económica. La isla cuenta con nuevas empresas privadas que, aunque son pequeñas, dan paso a que la población se reubique en nuevos trabajos, sobretodo en cuanto al turismo. Hasta la actualidad, los cambios no han sido demasiado significativos.

A pesar de que hay una percepción de apertura económica, el gobierno cubano pide a Washington un respeto a su esquema de democracia. Sumado a esto, a raíz de la visita del presidente Barack Obama a la isla en febrero de este año, se han conservado algunos pendientes que podrían obstaculizar la actual relación de EEUU con Cuba. Entre los asuntos que aún se mantienen en espera se pueden enlistar: la promesa del cierre de la cárcel situada en Guantánamo que Obama anunció desde su campaña electoral en 2008; la situación del embargo económico vigente desde 1962; los reclamos que se han presentado entre ambos países referentes a los bienes estadounidenses que se perdieron a partir de la expropiación de los mismos con el triunfo de la revolución cubana; el reclamo de Cuba acerca de las reparaciones por los daños del embargo a la Asamblea General de las Naciones Unidas; la situación de los migrantes cubanos en EEUU, quienes obtienen el beneficio de ser residentes después de un año de permanecer en territorio estadounidense por su protección del gobierno de Fidel Castro.

Los obstáculos que enfrentó Obama para la realización de reformas por parte del Congreso han resultado en medidas alternativas. Estas medidas ejecutivas tienen que ver con la apertura de locales de empresas estadounidenses en Cuba, la posibilidad de que los empresarios estadounidenses contraten cubanos para el desarrollo de aplicaciones para las telecomunicaciones, la autorización de viajes para ciertas personas y sus familias a la isla, la autorización de apertura de cuentas bancarias en Cuba, la disolución de limitaciones en el envío de remesas, además de la reapertura de la embajada estadounidense en Cuba desde julio de 2015.

A pesar del prometedor escenario que se funda a partir de las reformas económicas en el periodo de Obama, la respuesta de la población es más bien, de desencanto. Los cubanos que residen en la isla y que no reciben remesas en dólares sufren un costo de vida similar o incluso mayor al que tenían antes del restablecimiento de las relaciones con EEUU. El empleo estatal presenta un estancamiento en los salarios y los precios de algunos bienes se mantienen a la alza. Sumado a esto, la migración de cubanos hacia otros países latinoamericanos con destino a final a EEUU se ha incrementado debido a la incertidumbre que ocasiona la posibilidad de que se derogue la Ley de Ajuste. La migración ha llegado a países como lo son Panamá, Costa Rica, Colombia, Ecuador, entre otros.

La postura de Raúl Castro se ha concentrado principalmente en reformas graduales que favorecen al “desarrollo socialista”. Desde el 2014, el mandatario ha confirmado que los esfuerzos por implementar reformas se darán de manera ininterrumpida y sin prisas. Desde ese mismo año, Raúl Castro anunció que el crecimiento económico no se había dado como se esperaba en su previsión anual – del 2.2% al 4.1% – y se quedó en 0.6%. Las ramas que presentaron crecimiento fueron la actividad agropecuaria, transporte, turismo, comunicaciones y, sin embargo, no sucedió lo mismo con la producción industrial y la minería. Otro asunto que concierne a la población es el hecho de que en Cuba se mantienen en circulación dos monedas: el peso cubano y el peso convertible (equivalente a 25 pesos cubanos). Se dice que esto ocasiona desigualdad social y el presidente ha confirmado que habrá unificación monetaria.

Desde el 2008, Raúl Castro impulsó una serie de cambios, principalmente una reducción en el rol de Estado en la economía. Asimismo, entregó autorizaciones para que cerca de medio millón de cubanos operen empresas pequeñas y la creación de cooperativas privadas. Este optimismo se ha opacado en la actualidad. Algunos economistas opinan que el ritmo de las reformas es insuficiente y que aún prevalece un impuesto desfavorecedor para la población, esto debido a que los salarios son pagados en peso cubano y varios artículos son comprados en peso convertible – al menos cinco veces más caro -.

Los 54 años de ruptura, sin lugar a dudas, traen consigo retos que ambos gobiernos deberán afrontar en un largo periodo de reconstrucción en cuanto a relaciones diplomáticas e integración. Por lo pronto, el gobierno estadounidense presentó un voto de abstención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas acerca del posible levantamiento del embargo, esto parece ser un paso positivo en el mantenimiento de las relaciones EEUU – Cuba.

Hoy en una época previa a las elecciones en EEUU, la política exterior con respecto a Cuba se transformará. Por un lado, Hillary Clinton, candidata del Partido Demócrata, expone flexibilidad a cooperar con un gobierno cubano que favorezca a la democracia, el diálogo e incluso afirma que el embargo ya no es provechoso. Por el otro lado, la postura tomada por el candidato republicano Donald Trump, refleja un discurso firme y en contra de las medidas impulsadas por el actual gobierno estadounidense. Sin embargo, el apoyo a la isla será en favor de una pelea contra el comunismo.

A partir del pasado 17 de diciembre de 2014, la noticia del restablecimiento de las relaciones entre EEUU y Cuba causó conmoción. Este acontecimiento dio fin a las hostilidades conservadas desde el final de la Guerra Fría y da paso a un periodo posrevolucionario para la isla en el tema de diplomacia. Sin embargo, los retos no se hacen esperar aún a casi dos años de que se anunció esta decisión bilateral. Para comprender esta nueva flexibilización impulsada por Raúl Castro es necesario considerar los desafíos y la respuesta que da tanto la población de la isla, el gobierno cubano así como el gobierno norteamericano.

Se habla de que Raúl Castro se prestó a una especie de flexibilización de las antiguas restricciones que impuso su hermano mayor Fidel Castro durante su mandato. Este nuevo esquema responde a un valor práctico por parte del actual gobierno cubano principalmente en materia económica. La isla cuenta con nuevas empresas privadas que, aunque son pequeñas, dan paso a que la población se reubique en nuevos trabajos, sobretodo en cuanto al turismo. Hasta la actualidad, los cambios no han sido demasiado significativos.

A pesar de que hay una percepción de apertura económica, el gobierno cubano pide a Washington un respeto a su esquema de democracia. Sumado a esto, a raíz de la visita del presidente Barack Obama a la isla en febrero de este año, se han conservado algunos pendientes que podrían obstaculizar la actual relación de EEUU con Cuba. Entre los asuntos que aún se mantienen en espera se pueden enlistar: la promesa del cierre de la cárcel situada en Guantánamo que Obama anunció desde su campaña electoral en 2008; la situación del embargo económico vigente desde 1962; los reclamos que se han presentado entre ambos países referentes a los bienes estadounidenses que se perdieron a partir de la expropiación de los mismos con el triunfo de la revolución cubana; el reclamo de Cuba acerca de las reparaciones por los daños del embargo a la Asamblea General de las Naciones Unidas; la situación de los migrantes cubanos en EEUU, quienes obtienen el beneficio de ser residentes después de un año de permanecer en territorio estadounidense por su protección del gobierno de Fidel Castro.

Los obstáculos que enfrentó Obama para la realización de reformas por parte del Congreso han resultado en medidas alternativas. Estas medidas ejecutivas tienen que ver con la apertura de locales de empresas estadounidenses en Cuba, la posibilidad de que los empresarios estadounidenses contraten cubanos para el desarrollo de aplicaciones para las telecomunicaciones, la autorización de viajes para ciertas personas y sus familias a la isla, la autorización de apertura de cuentas bancarias en Cuba, la disolución de limitaciones en el envío de remesas, además de la reapertura de la embajada estadounidense en Cuba desde julio de 2015.

A pesar del prometedor escenario que se funda a partir de las reformas económicas en el periodo de Obama, la respuesta de la población es más bien, de desencanto. Los cubanos que residen en la isla y que no reciben remesas en dólares sufren un costo de vida similar o incluso mayor al que tenían antes del restablecimiento de las relaciones con EEUU. El empleo estatal presenta un estancamiento en los salarios y los precios de algunos bienes se mantienen a la alza. Sumado a esto, la migración de cubanos hacia otros países latinoamericanos con destino a final a EEUU se ha incrementado debido a la incertidumbre que ocasiona la posibilidad de que se derogue la Ley de Ajuste. La migración ha llegado a países como lo son Panamá, Costa Rica, Colombia, Ecuador, entre otros.

La postura de Raúl Castro se ha concentrado principalmente en reformas graduales que favorecen al “desarrollo socialista”. Desde el 2014, el mandatario ha confirmado que los esfuerzos por implementar reformas se darán de manera ininterrumpida y sin prisas. Desde ese mismo año, Raúl Castro anunció que el crecimiento económico no se había dado como se esperaba en su previsión anual – del 2.2% al 4.1% – y se quedó en 0.6%. Las ramas que presentaron crecimiento fueron la actividad agropecuaria, transporte, turismo, comunicaciones y, sin embargo, no sucedió lo mismo con la producción industrial y la minería. Otro asunto que concierne a la población es el hecho de que en Cuba se mantienen en circulación dos monedas: el peso cubano y el peso convertible (equivalente a 25 pesos cubanos). Se dice que esto ocasiona desigualdad social y el presidente ha confirmado que habrá unificación monetaria.

Desde el 2008, Raúl Castro impulsó una serie de cambios, principalmente una reducción en el rol de Estado en la economía. Asimismo, entregó autorizaciones para que cerca de medio millón de cubanos operen empresas pequeñas y la creación de cooperativas privadas. Este optimismo se ha opacado en la actualidad. Algunos economistas opinan que el ritmo de las reformas es insuficiente y que aún prevalece un impuesto desfavorecedor para la población, esto debido a que los salarios son pagados en peso cubano y varios artículos son comprados en peso convertible – al menos cinco veces más caro -.

Los 54 años de ruptura, sin lugar a dudas, traen consigo retos que ambos gobiernos deberán afrontar en un largo periodo de reconstrucción en cuanto a relaciones diplomáticas e integración. Por lo pronto, el gobierno estadounidense presentó un voto de abstención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas acerca del posible levantamiento del embargo, esto parece ser un paso positivo en el mantenimiento de las relaciones EEUU – Cuba.

Hoy en una época previa a las elecciones en EEUU, la política exterior con respecto a Cuba se transformará. Por un lado, Hillary Clinton, candidata del Partido Demócrata, expone flexibilidad a cooperar con un gobierno cubano que favorezca a la democracia, el diálogo e incluso afirma que el embargo ya no es provechoso. Por el otro lado, la postura tomada por el candidato republicano Donald Trump, refleja un discurso firme y en contra de las medidas impulsadas por el actual gobierno estadounidense. Sin embargo, el apoyo a la isla será en favor de una pelea contra el comunismo.

Roxana M. Domínguez Aguilera

Estudiante del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, ITESM, Campus Gld.

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