Monitor Nacional
¿Qué sucedió? ¿Qué sigue?
Opinión | Eduardo Gonzalez
9 de noviembre de 2016 - 1:04 pm
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El voto oculto demostró su fuerza y su capacidad camaleónica para esconder las preferencias electorales de millones de estadounidenses

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos han arrojado un resultado inesperado para muchos, menos por el ganador y más por las encuestas, los debates y las proyecciones realizadas semanas antes de la cita electoral. Según la parafernalia preelectoral casi todo podía suceder, menos lo que aconteció.

Entonces ¿Por qué pasó lo que pasó? ¿En qué detalles de los pronósticos estuvo escondido el diablo? En las estimaciones que proyectaban como ganadora a Hillary Clinton se encontraban tres sectores de votantes muy poderosos, siempre y cuando salieran a sufragar: mujeres, latinos y afroamericanos. Dados los resultados, estos grupos se confiaron, no se movilizaron lo suficiente, menospreciaron el poder de los electores de Donald Trump, y al final de la jornada no ayudaron lo suficiente para que la candidata demócrata se alzara con la victoria. Los estados claves por el alto nivel de indecisión y abstencionismo no los ganó Clinton. En esos territorios fue el gran quiebre.

Por otro lado, el voto oculto demostró su fuerza y su capacidad camaleónica para esconder las preferencias electorales de millones de estadounidenses. Esa misma estrategia se utilizó en las votaciones por el Brexit en Reino Unido y en el referendo sobre los acuerdos de paz en Colombia. Pareciera que estamos ante un nuevo escenario mundial en donde los electores mienten, disimulan o guardan silencio sobre sus verdaderas intenciones al momento de elegir. Sin duda, el voto oculto fue muy superior a los sufragios con “rostro” manifestados en las encuestas y las proyecciones. El voto oculto nos recuerda que la intolerancia, la xenofobia, el racismo, el conservadurismo religioso, político y económico continúa campeando en amplios sectores de la sociedad estadunidense. Pareciera que regresaron de un sueño luego de haber colocado al primer afroamericano en la Casa Blanca.

Los republicanos no sólo retornan a la Casa Blanca, lo hacen obteniendo también el control de ambas cámaras del Congreso, lo que en teoría permitirá que el presidente 45 de Estados Unidos pueda realizar sin muchos contratiempos las modificaciones que considere pertinentes. Quizá pueda encontrar cierta oposición entre sus correligionarios por la fractura que se presentó en su partido a lo largo de la campaña electoral. Sea como sea, despachar en la Oficina Oval será un activo político suficientemente poderoso para limar las asperezas y los desencuentros que Trump tuvo con la cúpula republicana.

¿Qué sigue? En los últimos ocho años la presidencia de Barack Obama construyó para Estados Unidos y para el mundo un escenario que hace algunos años se miraba como imposible. Desde luego, no fue lo que se esperaba a partir de sus promesas de campaña, pero tampoco podemos minimizar algunas cosas alcanzadas. Me parece que lo que veremos a partir del 19 de enero próximo será una política de retroceso al interior de la Unión Americana y allende sus fronteras. Resulta difícil esperar que los pendientes dejados por la administración Obama puedan ser concluidos satisfactoriamente por Donald Trump, me refiero a la total normalización de las relaciones diplomáticas con Cuba y el cierre de Guantánamo; la reforma migratoria y la ratificación de las Acciones Diferidas DACA y DAPA; la reducción del apoyo incondicional a Israel en el escenario del Medio Oriente y el enfriamiento en el enfrentamiento con China y Rusia.

A querer o no, con Donald Trump en la Casa Blanca el futuro será más incierto e inseguro.

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