Monitor Nacional
Radiactividad y sus peligros
El Quasar sin galaxia | Cosmic Marin
11 de marzo de 2016 - 6:21 pm
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El periodo de semidesintegración del Uranio 235 es de aproximadamente 700 millones de años

¡Hola a todos! Ahora sí la columna que les prometí. ¿Recuerdan que les debía información sobre la semivida de los elementos radiactivos?

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Realmente es muy simple. Para comenzar, la semivida, hemi vida o periodo de semidesintegración, es el tiempo que necesita una sustancia radiactiva para desaparecer o en su defecto, en evolucionar –recuerden, la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma-.

La explicación científica es más compleja, sin embargo, para fines prácticos, imaginemos una sandía. Imaginemos que tardamos media hora en partirla a la mitad. Luego, tomamos una de las mitades, nos la comemos, para después tomar la otra mitad y tardarnos otra media hora en partirla a la mitad, nos comemos una de esas mitades –llevamos técnicamente una hora y nos hemos comido ¾ partes de la sandía-. Esa mitad que nos queda, la volvemos a partir a la mitad y nos tardamos otra media hora y así, hasta desaparecer la sandía.

¿Parece fácil? ¡Claro que lo es! El problema es cuando lo traslapamos a los elementos radiactivos.  Un ejemplo muy triste son las bombas del proyecto Manhattan: la que fue lanzada sobre Hiroshima, Japón, llamada “Little Boy” –niño pequeño- estaba hecha con Uranio 235, este es un radioisótopo (los isótopos son varios átomos del mismo elemento, que difieren en el número másico –se obtiene sumando la cantidad de protones y neutrones- por la cantidad de variada de neutrones que posee cada átomo), que puede fisionarse –que puede llegar a su punto máximo de calor- produciendo una reacción en cadena que lograría una explosión.

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Sabemos que lo lograron. Lamentablemente. Pero además de haber destruido este “Little Boy” a una ciudad, ¿qué más secuelas dejó? Verá usted, el periodo de semidesintegración del Uranio 235 es de aproximadamente 700 millones de años.  Esto es, la radiación que fue dejada en Hiroshima en 1945, no la veremos desaparecer nunca. Tan sólo la mitad de tal cantidad desaparecería en 700 millones de años. ¿Triste? Claro que sí, la cantidad de seres vivos afectados en ese ecosistema han sido marcados técnicamente para siempre.

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Uranio 235

Vámonos con algo igual de fatalista y triste. La bomba de Nagasaki, también Japón,  era de Plutonio 239, la “Fat Man” –hombre gordo-, tiene un perdiodo de semivida de 24,200 años. Un poco más leve que la otra. Así que si cuentan que la bomba fue lanzada en 1945, la mitad de su radiación desaparecería en el año 26,145, la siguiente mitad en el año 50,345 y así, sucesivamente.

Otra más, en Chernobyl, Rusia, en 1986, explotó una central nuclear con una cantidad radiactiva 500 veces más grande que en Hiroshima, y pese a que intentaron descontaminar e incluso, los trabajadores evitaron milagrosamente otra explosión que hubiese dejado a Europa inhabitable, los números no mienten y murieron 31 empleados, dos directamente en la explosión, los demás, en los meses venideros, más de 600,000 mil personas recibieron altas dosis de radiación en el momento del accidente e incluyo en este numerote a las que limpiaron el lugar. Más de 5 millones vivieron (y obviamente algunas todavía viven) en áreas contaminadas.

Estoy segura que la catástrofe de la que sí se acuerda es el accidente en Fukushima, de regreso a Japón, donde se declaró “emergencia nuclear” igual que en Chernobyl, sólo que la falla se debió a un terremoto y luego un maremoto. ¿Recuerda que hasta los señores de Estados Unidos se quejaron porque la “nube radiactiva” ya estaba llegando a su costa?

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Plutonio 239

Ya no le cuento más. Es obvio que con estas pocas cosas, puedo demostrarle que estamos destruyendo a nuestro único hogar de una manera indescriptiblemente bestial. Y no es que su servidora sea una fanática de lo verde, o sea una chica peace and love, sin embargo, soy una persona a la que le gustaría que los seres vivos –ojo, no sólo los humanos- podamos vivir lo más decentemente posible antes de convertirnos nuevamente en polvo de estrellas.

Y hablando de estrellas. Esta semana ocurrieron cosas agradables y bellas. Júpiter estuvo luciéndose con sus lunitas en su punto más cercano a la tierra –los medios decían que podía verse a simple vista, bueno, le diré la verdad, a menos que esté nublado, Júpiter SIEMPRE se ve a simple vista, no nada más en esta ocación-.  También, hubo un eclipse total de Sol, que lamentablemente sólo se pudo ver en unas partes de Asia, sin embargo, la NASA se encargó de transmitirnos en vivo el eclipse.

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Por último, ¿recuerda lo que le dije del cambio climático? Para los que viven en México, acaban de tener una pequeña muestra de nuestro grandísimo error. Fuertes nevadas en el norte del país y zonas altas en el centro, vientos de casi 80 km. por hora, solluviasolnubes –sí, está todo junto a propósito-. Y supuestamente estamos a punto de entrar en primavera. Déjeme decirle algo: Las estaciones del año se han acabado. Nunca más verá la diferencia entre una y otra. No quiero ser alarmista, pero nos estamos comiendo al mundo y nuestra generación será testigo de algo muy cruel: O nos adaptamos, o estaremos condenados a desaparecer como especie. No se preocupe, generalmente buscamos la forma de adaptarnos.

Por cierto, si quiere conocer el Uranio y vive en el DF, en el museo UNIVERSUM, tienen un poquito –súper protegido para que no le afecte-.

Sé que hoy me pasé de apocalíptica, no se preocupe tampoco, es una etapa. Si quiere que le hable/escriba de algo en especial, no dude en buscarme en el twitter. ¡Hasta la próxima!

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