Monitor Nacional
Recesión democrática Latinoamérica
In-Pulso SocioPolítico | Maria E Plaza
31 de agosto de 2015 - 11:22 am
Democracia-Monitor Nacional
La democracia vive un tiempo de crisis, esa recesión que se contemplaba que llegaría de un momento a otro, es hoy, una realidad en América Latina.

La democracia vive un tiempo de crisis, esa recesión que se contemplaba que llegaría de un momento a otro, es hoy, una realidad en América Latina. Esta aseveración no es nueva, y en el último lustro se ha fortalecido dentro de la “comentocracia”. Acuñando el concepto de “recesión democrática” con base en el trabajo de Larry Diamond, en suma con Samuel P. Huntington en su construcción de una “tercera ola”, podemos contemplar un futuro que nos ha alcanzado. Así lo demuestra el contexto internacional y así se vive en Latinoamérica.

Lo que hace 30 años parecía la panacea a la salida de los regímenes autoritarios bajo una constante de defensa de los derechos humanos, hoy, parece ser un medicamento caduco que no ha funcionado como se esperaba.

Si bien, el concepto de recesión es un concepto económico, en estos momentos de profundos retos internacionales podemos equilibrarlo con la acción democrática, si me permite, podemos hacerlo de la siguiente manera:

Recesión económica Recesión democrática
El aumento del desempleo. El aumento de la inconformidad social.
Caída del consumo. Caída del consumo pero de tipo electoral, político y de participación.
Falta de capacidad de pago (en crédito). Falta de capacidad de respuesta (política) de los representantes.
Caída del PIB. Para la legitimidad democrática, la aprobación podría ser equiparable con el PIB en el ámbito económico  y una caída al respecto es un peso mayor en el proceso democrático.
Preámbulo de depresión económica. Preámbulo de depresión democrática.

Es importante destacar que la recesión no significa necesariamente un fracaso, sí un efecto de retirada, reflexión, de regreso a donde todo comenzó. Como varios han comentado, tampoco aclara tan cabalmente un proceso de retorno a los antiguos regímenes (claramente por los instrumentos actuales de un orden internacional diferente), pero se percibe una “contra ola democrática” muy diferente a lo que hace algunos años se creería que sería.

Asimismo, sería un error magnánimo separar el desalentador resultado democrático con las causas económicas que azotan en diferentes magnitudes a cada país y región. Lo cierto es que América Latina no la está pasando muy bien en ninguno de los dos efectos, y ahí, por supuesto, incluimos a México.

En este proceso de recesión, en una acción similar, los países Latinoamericanos han buscado defender en la medida de lo posible las instituciones que han podido mantener por lo menos en más de una década la acción democrática. Pero conjugada con el problema económico la realidad parece darle pocas oportunidades a salir prontamente de esta recesión democrática sin afectar a diferentes sectores sociales, principalmente, el sector joven.

Somos las y los jóvenes (me incluyo) el sector social más apabullado por el contexto actual en todos los sentidos; la grata responsabilidad de la toma de decisiones no está en nuestras manos (todavía) pero los resultados sí y, cualquier política encaminada a la inversión juvenil debe tomar en cuenta la multiplicidad de este problema. Por tal motivo, no es de sorprender, en un aspecto biológico y cultural, que las y los jóvenes somos el camino y el canal de diferentes manifestaciones sociales en una preocupación constante de la recesión democrática a nivel mundial.

Lo cierto es que, en estas crisis democráticas tenemos dos opciones que no son mutuamente excluyentes:

Lo político: tomar de la esfera política la necesidad de legitimar las acciones propias de la democracia parecería una contradicción, pero, si reflexionamos profundamente, sería la primera en desear que el bono democrático no terminara bajo un aspecto de crisis. Sí, se necesita voluntad y una clase política convencida que la recesión democrática es también, un área de oportunidad a favor de los ciudadanos.

Lo social: la esfera social es quizás uno de los actores más relevantes en estos momentos de crisis democráticas. Su participación, constante, organizada y profesional son la respuesta de cómo se enfrentará un país a este proceso mundial que invita a tomar consciencia ciudadana de su responsabilidad y deber participativo. Es decir, para estos momentos es fundamental una clase política convencida y también, una esfera social totalmente consciente y participativa.

Lo imprescindible para salir a flote de cualquier recesión es darse cuenta de la misma y hacer uso de todas las herramientas políticas y sociales para poderla enfrentar. Para lograr salir de este cíclico valle de la mejor forma posible, bajo el menor costo y en el menor tiempo es obligadamente necesaria la voluntad.

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