Monitor Nacional
Reciclaje político
In-Pulso SocioPolítico | Maria E Plaza
23 de noviembre de 2015 - 11:03 am
Innovación-MN
El gran costo que ha representado la transición democrática en los países de América Latina obliga a los gobernantes y, por supuesto, a los ciudadanos que los eligen en las urnas, a buscar el menor riesgo en su toma de decisiones, no precisamente la elección más racional, sí, la que genere menos responsabilidades y conflictos.

Estimado lector, si considera usted que en la política mexicana “no hay nada nuevo”: quizás (seguro) tiene (totalmente) la razón. Me refiero a que las propuestas de innovación en las respuestas generadas por el gobierno ante los problemas sociales son acciones que hemos hecho en los últimos 30 años, de la misma forma, este proceso ha sido natural y significativo no sólo para México, también para Latinoamérica. La respuesta se encuentra en la forma en la que hemos conducido nuestra democracia en las últimas décadas.

El gran costo que ha representado la transición democrática en los países de América Latina obliga a los gobernantes y, por supuesto, a los ciudadanos que los elijen en las urnas, a buscar el menor riesgo en su toma de decisiones, no precisamente la elección más racional, sí, la que genere menos responsabilidades y conflictos. Este ciclo constante da como resultado “acciones similares” en cada proceso electoral y gubernamental, por supuesto, guardando la proporción característica de los contextos en cuestión.

Es así que repetimos las mismas decisiones políticas: los mismos programas, objetivos similares y políticas públicas muy parecidas. Todo ello con el objetivo de “cambiar” para que todo siga igual (el efecto “gatopardo” como expresión política); por supuesto que no es un adjetivo ni positivo, ni negativo, simplemente es así, en el intento de minimizar los costos y los riesgos de tomar decisiones que no se hayan probado con anterioridad.

Entonces, el reciclaje político, como comportamiento natural existe hoy en los países latinoamericanos y México no es la excepción; sin embargo, este adjetivo genera importantes consecuencias para el actuar ciudadano que se resume en desinterés y apatía. Como no se han construido mecanismos claros para generar un cambio natural, el ciudadano ha optado por tomar el reciclaje político como una mala señal del comportamiento gubernamental y de los partidos políticos. Por supuesto que es un reto mayor para el proceso democrático y su fortalecimiento y, al parecer, ha sido tomado muy a la ligera.

La existencia del reciclaje político se relaciona con un importante motor del capital institucional: el ser humano, profesional, en el ámbito de lo público. Este ser humano dotado de cognición y entendimiento de las acciones gubernamentales tenderá a proveer nuevas herramientas en la toma de decisión para enfrentar los problemas públicos. Sin embargo, poco se habla y, mucho menos se hace, para que, desde el ámbito político surja esta profesionalización.

La perspectiva que quisiera compartirle, estimado lector, en esta reflexión, se relaciona con la necesaria construcción de una alternativa gubernamental que incluya el apoyo de profesionales de la política pública en un ambiente transversal, un nuevo enfoque en la cultura organizacional gubernamental y, por supuesto, la introducción ciudadana (real) en la toma de decisiones. De seguir en el reciclaje político el próximo proceso electoral estará plagado de eso precisamente: el mismo preámbulo discursivo.

Entonces, para que este reciclaje se convierta en innovación, existen dos caminos:

Político: en el reconocimiento que el gobierno es la dirección natural para la toma de decisiones pero que no puede hacerlo solo. Las herramientas con las que fue construido en el siglo XX (sí, el siglo pasado) le dieron la oportunidad de reforzar su toma de decisión con las diferentes esferas que coexisten en lo público, fortaleza que no ha explorado totalmente.

Social: este camino puede ser el más arduo y el más frustrante por el inmenso trabajo que realiza y, en ocasiones (muy mayoritarias) con pocos resultados que logra en la incidencia gubernamental. El desgaste social, como lo hemos comentado en estas mismas líneas, trae mayores costos en un ejercicio inmediato y futuro para la propia sociedad.

No pretendo que esta reflexión genere apatía o un mal entendimiento de profesionalizar a todo el gobierno (en el mal sentido elitista), propongo que transformemos nuestra organización gubernamental en un escenario plural, híbrido e innovador. He mencionado la agrupación de “transformemos” porque eso sí, es una tarea y un compromiso de gobernantes y, claro está, también de nosotros como ciudadanos.

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