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Reconstrucción inteligente de la Ciudad de México

La Ciudad de México se vio sorprendida por dos sismos que ocurrieron durante el mes de septiembre. Tras el impacto inicial, tanto la sociedad civil como las autoridades de los diferentes órdenes de gobierno: municipales, estatales y federales se dieron a la tarea de salvar a los principales afectados, apoyar a los damnificados y posteriormente comenzar con la reconstrucción de las ciudades afectadas. Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno de la Ciudad de México; publicó un decreto para la reconstrucción de la ciudad partiendo de una simple clasificación en los inmuebles afectados: Verdes (con daños superficiales), Amarillo (con daños significativos en condiciones de habitabilidad) y Rojo (con daños estructurales sin condiciones de habitabilidad). Se creó la Comisión para la Reconstrucción, Recuperación y Transformación de la Ciudad de México integrada por un representante de todas las dependencias capitalinas, cuya función será la supervisión de las acciones pertinentes.

Pero más allá de las acciones correctivas tomadas ante la magnitud de ambos siniestros, ¿qué tanto daño se hubiera podido evitar, si acciones similares se hubieran considerado con anterioridad? La historia particular de la Ciudad de México nos remonta a un gran aprendizaje adquirido a la fuerza con el paso de los años; los reglamentos de construcción han sido modificados en diversas ocasiones como consecuencia de catástrofes similares y de las cuales se ha asimilado conocimiento. Por ejemplo, el Reglamento de Construcción de 1941 incluyó disposiciones para el diseño sísmico así como una división entre terrenos urbanos firmes y blandos; en 1957, en colaboración con ingenieros civiles, se elaboraron nuevas normas y reglamentos sobre las políticas de construcción que serían válidos hasta el año de 1985; en este año y tras el sismo del 19 de septiembre, nuevamente se hicieron modificaciones importantes teniendo como principal denominador el ordenar y supervisar el desarrollo de edificaciones, tanto de vivienda, oficinas y comercial.

La lección de los sismos de septiembre de 2017 recién comienza a aprenderse y es de destacar esfuerzos como las nuevas zonificaciones presentadas por las autoridades federales (Atlas Nacional de Riesgos), en la cual se indican hundimientos y agrietamientos generados por los sismos, incluyendo zonas que históricamente no se veían afectadas siendo reclasificadas actualmente. Pero más allá de estos esfuerzos, ¿qué medidas se deben de tomar para tener una reconstrucción inteligente en la Ciudad de México? Es un hecho que diversos países ubicados en zonas sísmicas enfrentan terremotos con intensidades similares a las que hemos vivido, pero incluso con mayor frecuencia, como el caso de Japón, en donde no se tiene una destrucción como la generada en la Ciudad de México. Indudablemente, sus técnicas constructivas, materiales, regulaciones y supervisión marcan la pauta para tener una cultura sísmica digna de replicarse.

Hasta el momento, la principal iniciativa de lo que pudiera considerarse el mejor vehículo para una reconstrucción inteligente de la Ciudad de México es la creación del Comité Científico para la Reconstrucción de la CDMX, que está integrado tanto por el gobierno capitalino como por instituciones académicas de educación superior cuya función será el “realizar estudios y recomendaciones de políticas públicas para reconstruir la capital y reforzar su capacidad para enfrentar fenómenos naturales como el sismo del pasado 19 de septiembre”. Cabe destacar la opinión del rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Graue Wiechers, quien manifestó que la reconstrucción no debe significar regresar la ciudad a la situación en que se encontraba antes del sismo sino rehacerla como una ciudad segura, habitable y sustentable.

El Comité contará con un presupuesto inicial de 50 millones de pesos y algunas de las acciones ya propuestas por Graue Wiechers incluyen la modificación (nuevamente) de los reglamentos de construcción, el limitar las zonas de crecimiento, la liberación de espacios y la modificación de hábitos de consumo de agua y de transporte. Indudablemente, estas acciones una vez implementadas y supervisadas deberían rendir frutos ante sismos futuros. Pero también es un hecho que se enfrentarán con décadas de una deficiente planeación urbana, una constante corrupción en la aplicación de normas y reglamentos de construcción y una enorme voracidad inmobiliaria pobremente supervisada por las autoridades competentes. Sin embargo, la Ciudad de México cuenta con todos los elementos para optar en esta ocasión por una reconstrucción inteligente que garantice su seguridad y evite nuevos colapsos en un futuro cercano; solo tenemos que estar convencidos y atravernos como sociedad a cambiar corrupción por bienestar común.

Guillermo Lagos, MBA
Socio Senior – Práctica de Innovación y Transformación Corporativa
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