Monitor Nacional
Reflexión del Día Mundial sin Automóvil
La voz escrita | Roberto Martinez Anzures
22 de septiembre de 2016 - 6:20 pm
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Nos encontramos inmersos en una sociedad donde vale más lo personal que lo colectivo

¿Cuántos de nosotros no hemos preferido al bienestar personal antes que el colectivo? Podemos caer en cuenta día a día que nos encontramos rodeados, en mayoría por seres egoístas que dejan de lado las problemáticas que nos afectan a todos como sociedad e inclusive como humanidad.  Con sólo voltear la vista podemos darnos cuenta que probablemente a nuestro lado se encuentra una de aquellas personas que con un cinismo absoluto, cierran los ojos y voltean la mirada a una realidad alarmante.

La poca conciencia que se tiene de problemas medioambientales no es la excepción a esta regla. En un país donde se encuentran registrados 38 millones de vehículos automotores no es de asombrarse que por encima de este se encuentre una gran capa de suciedad que resulta perjudicial para todos quienes debajo nos encontramos; pero este no es un asunto de ciudad, de población o de país; es una problemática mundial que nos atañe a todos como seres humanos. Bien cierto es que la tierra no nos pertenece, que por más que podamos ser propietarios de una casa, de un terreno o de un automóvil, nuestro planeta no es un bien que podamos presumir de poseer, no ¡no es así! No es una herencia que podemos jactarnos de haber recibido de nuestros padres, es mejor dicho, un préstamo que hemos de devolver a nuestros hijos.

Hoy 22 de Septiembre del 2016, se celebra el Día Mundial sin Automóvil. Este no es un tema nuevo; en el Reino Unido desde al año de 1997 se llevó acabo la primer campaña nacional orientada a desincentivar el uso de los automóviles y poder optar por utilizar otro medio de desplazamiento. Sin embargo, es hasta casi 20 años después que en México se une a celebraciones propuestas por los europeos, y entra en conciencia de que si bien un día no hace la gran diferencia en constante y acumulada contaminación por la combustión de combustibles fósiles, si es posible que dedicándole un día al año, más de una conciencia recapacite en el daño que como seres humanos consumistas, egoístas y depredadores causamos a nuestro planeta.

Es absurdo aquél que se niega a percatarse de lo evidente, es necio el que con argumentos trillados y sin sentido justifica su falta de colaboración con la humanidad misma, pero resulta también absurdo el negar las evidentes deficiencias que presenta todo sistema de transporte público en nuestro país.

Pero observemos la otra cara de la moneda. El uso del transporte público, resulta más que una actividad diaria, un reto para valientes y arriesgados que además de requerir paciencia y observación para evitar sufrir algún tipo de agravio, requiere de destreza y habilidad para poder alcanzar el camión que en carril central hace paradas no permitidas. Requiere de la capacidad de transformación para convertirse en un ser invertebrado y poder, entre empujones apretones y pisotones, colarse a uno de los vagones del metro. Como mujer se necesita ser una fiel creyente en un ser superior al cual se debe encomendar para que en cualquiera de las opciones que se le ofrece, evite el ser molestada, agredida o tocada por algún degenerado que ignorando por completo la dignidad de una mujer prefiere la satisfacción propia a una necesidad motivada por traumas e insatisfacciones propias (esto, aun tomando en cuenta el espacio reservado para el sexo femenino).

¿Cómo utilizar la bicicleta (que en lo personal es uno de los medios de transporte que veo con mejores ojos) si la distancia a recorrer es superior a los 10 kilómetros de los cuales en el camino habrá que sortear a conductores de taxi con falta de cultura vial, a señoras con camionetas que pareciera que son protagonistas del juego “Intentando matar al ciclista”, a camiones que se encargan de que el ciclista pueda ver pasar su vida en diez segundos,  motociclistas que ignorando el espacio reservado para bicicletas en su paso hacen caer a más de uno que va en camino? ¿Cómo utilizar la bicicleta, dejando de lado las inclemencias atmosféricas, si cada kilómetro y medio se corre el riesgo de caer en un inmenso hoyo, toparse con un coche mal estacionado o con un vendedor ambulante que impide el paso y continuar el camino?

Como a esta problemática, la respuesta le es común a muchas otras: la falta de cultura cívica, el egoísmo y la imprudencia.

Nos encontramos inmersos en una sociedad donde vale más lo personal que lo colectivo. Nos encontramos inmersos en una sociedad donde gana más el que más tiene, y no el que más da. Vivimos en una sociedad donde quienes nos gobiernan están más preocupados por la próxima elección que por la próxima generación. Estamos todos sumergidos en ese juego de video donde ganamos puntos por dañar a otros sin darnos cuenta que al hacerlos nos dañamos nosotros mismos.

Nunca es tarde para comenzar, nunca es tarde para recapacitar, y sin afán de que parezca un escrito alarmista y extremista, aun cuando nos encontramos en situación de alarma y en necesidad de tomar medidas extremas, dejémonos de estupideces y abramos los ojos, somos nosotros mismos los que nos ponemos el pie para salir adelante. Respetemos al peatón si somos conductores, como peatones respetemos a los conductores. Sería todo tan fácil para todos si seguimos reglas básicas de conducta y no nos estacionamos en lugares reservados para personas con ciertas características, si no tratamos de avanzar dos metros más y con eso entorpecemos el paso a muchos más conductores. Sería todo más fácil si no usamos los vagones de basurero, si no tratamos de ganarle el paso a otro. Sería todo más fácil si como conductores de un camión no jugamos carreritas poniendo en riesgo la vida de quienes van a bordo y de quienes transitan a los lados. Dejemos de lado ese egoísmo absurdo de ganarla a otro, de ganar el paso, de impedir el paso, de querer afectar a otro.

Hoy en el Día Mundial Sin Automóvil, reflexionemos porque tiene que haber un día especial para esto, cuales son las causas por las cuales no queremos dejar de usarlo y los beneficios, personales, económicos y de tiempo que podríamos obtener  en caso de hacerlo. Hagamos nuestra parte como sociedad y exijamos que las autoridades también cumplan con la suya. Dejemos de lado al egoísmo y abrámosle las puertas al respeto y con motivo de la celebración del día de hoy, no olvidemos que no nos pertenece la tierra, nosotros le pertenecemos a ella. 

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